El arzobispo que más ayudó a Brihuega fué don Rodrigo Ximénez de Rada, gran político e historiador que tanto ayudó al engrandecimiento de Castilla durante los reinados de Alfonso VIII y Fernando III. A él se debe la erección de los más importantes monumentos religiosos de Brihuega.


 


Castillo de Brihuega

A la fortaleza medieval de la villa alcarreña de Brihuega llaman el castillo de la Peña Bermeja, porque tiene su basamenta sobre un roquedal de tono rojizo, muy erosionado y socavado de pequeñas grutas.

© Antonio Herrera
Cronista Oficial de Guadalajara

 

HISTORIA

De su historia hay que recordar la presencia de un castro ibérico en su entorno. Está también probado que los árabes tuvieron en este enclave un castillete o torreón defensivo, que en la época del reino taifa de Toledo se amplió y llenó de comodidades, de tal modo que sirvió para que en él pasaran algunas temporadas el rey Almamún, su hija la princesa Elima, y el rey de Castilla Alfonso VI cuando todavía no era sino aspirante al trono. En esa ocasión, y según refiere la Crónica de España escrita por Alfonso X el Sabio, el futuro monarca castellano recibió en donación del musulmán la villa de bryuega. El historiador y arzobispo Ximénez de Rada la denomina en su De Rebus Hispaniae como «Castrum Brioca». Tras la toma de Toledo, el año 1085, el rey castellano otorgó Brihuega al arzobispo de la nueva sede, don Bernardo, y le concedió para siempre el señorío de la villa y castillo. El arzobispo que más ayudó a Brihuega fué don Rodrigo Ximénez de Rada, gran político e historiador que tanto ayudó al engrandecimiento de Castilla durante los reinados de Alfonso VIII y Fernando III. A él se debe la erección de los más importantes monumentos religiosos de Brihuega, como las iglesias de San Felipe y Santa María, pudiendo añadir a la lista de sus iniciativas la de culminar el ya reconstruido castillo briocense con una capilla de corte gótico en la que tantas veces él mismo habría de celebrar los oficios religiosos.

Fue ocupado largas temporadas este alcázar por los arzobispos toledanos, que aquí pasaban periodos de descanso y celebraban concilios. Tanto la fortaleza como la muralla completa de la villa de Brihuega hubieron de sufrir algunos avatares guerreros de cierta importancia. Fue uno de éllos el cerco al que en 1445 sometió a la villa el ejército del Rey de Navarra, que pretendía anexionarse esta población. Fue bravamente defendida por sus habitantes. Todavía en 1710, se dio aquí la gran batalla con la que terminó la Guerra de sucesión y el acceso de los Borbones al trono de España.

 

EL CASTILLO

 


 



La villa toda de Brihuega estuvo amurallada por completo. Su actual recinto es enorme, de una longitud de casi dos kilómetros, y puede seguirse con facilidad en su totalidad.


El castillo asienta sobre una eminencia rocosa, en el extremo sur de la población. Sobre el primitivo fortín de los árabes, se añadieron estancias en el siglo XII, de estilo románico, y posteriormente en el XIII le construyeron la capilla de tono gótico de transición. Nos encontramos que, entrando por la puerta que existe junto a la iglesia de Santa María, el núcleo central del castillo consta de un espacio central, el más elevado, en el que hoy aparecen unas construcciones que debieron pertenecer a salones del palacio. Delante, un amplio espacio abierto, restos de otras construcciones, sirve de cementerio. Adosado a este primitivo núcleo constructivo, existe un conjunto de edificaciones al norte, consistentes en una larga nave cubierta de bóveda de cañón, y que hoy se denomina y utiliza como capilla de la Vera Cruz, a la que se entra por sencilla puerta desde el prado de Santa María. Desde el nivel superior se accede a la que fue capilla del castillo, y que es hoy la pieza artística más singular que en él se conserva. Es un espacio de dimensiones cuadradas, planta poligonal, con cinco lados, y que constituye un elegante espacio de arquitectura gótica inicial, obra de los primeros años del siglo XIII, tiene sus cubiertas formadas por arquerías apuntadas, ojivales, y en el ábside se abren tres ventanales esbeltos y apuntados, mostrando ménsulas de decoración vegetal, y claves en las bóvedas.

Dentro del patio de armas se alberga la iglesia de Santa María de la Peña, soberbia obra gótica de transición, edificada en el siglo XIII y con posterioridad mejorada, así como las ruinas del que fuera Convento franciscano de la reforma alcantarina.

La villa toda de Brihuega estuvo amurallada por completo. Su actual recinto es enorme, de una longitud de casi dos kilómetros, y puede seguirse con facilidad en su totalidad, aunque donde mejor se observan hoy en día las murallas briocenses es en su costado noroeste, en el que, incluso restauradas y con algunas almenas restituídas, evocan con fuerza su aspecto más primitivo.

Un par de interesantes puertas de entrada a la villa merecen también admirarse. Así, el arco de Cozagón, situado en el extremo sur de la villa, servía de entrada a la misma desde los caminos que venían desde Toledo. Magnífico elemento de la arquitectura civil gótica, consiste en un par de solidísimos machones de planta cuadrada, que se unen en lo alto por un apuntado arco. La otra puerta, situada en el extremo norte de la villa, es la formada por el arco de la Cadena, más sencilla, pero también escoltada de cubo semicircular, y rematada por murete almenado.



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