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Lucha fratricida entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique de Trastamara ante el castillo de Montiel 

Montiel. El castillo.

En la aislada comarca denominada Campo de Montiel, que desde el sureste de la provincia de Ciudad Real se extiende a la de Albacete, a una altura media de 900 metros sobre el nivel del mar, entre la sierra de Alhambra al norte y la cordillera Mariánica al sur, se suceden los vallejos y las colinas, cubiertas de bosquecillos de encinas, de olivares y viñedos, de eriales y ruedos de cereal, entre los que, de vez en cuando, surge señera la silueta de un castillo y de los labios de los viejos se escuchan las consejas legendarias de una densa historia de caballeros, de órdenes militares, de acosos y traiciones, de pelea continua.

La presencia árabe en esta comarca, se remonta al año 711, en que ocurrió la destrucción de la Meseta Oretana. Por aquí anduvo el árabe Omar ben Hafsun, capitaneando una revuelta de moros y cristianos contra el emir de Córdoba. Fueron derrotados en las Torres de Xoray en 865. Otra revuelta ocurrió en 888, protagonizada por Ashaq Ben Ibrahin Al Uqayali, que duró largos años. En el 1066 pasó por esta tierra el rey de Sevilla Aben Abed, con una expedición guerrera. Los asentamientos musulmanes del Campo de Montiel fueron, como se ve, abundantes, y quedaban alejados de las líneas de tensión militar en la Reconquista. Tras la toma de Calatrava en 1147 por Alfonso VII, las Ordenes militares inician una presión hacia esta zona. Durante el siglo XII, la presencia cristiana en este área es muy débil, limitándose a correrías de unos y otros. En cualquier caso, el punto descollante del Campo de Montiel en la época islámica fue este de Montiel, donde existió una importante alcazaba.

Aunque a finales del XII fue conquistada por Alfonso VIII, luego se perdió ante el empuje almohade, y fue nuevamente adquirida, en campaña militar, por el monarca castellano Fernando III, en 1219. Este mismo rey entregó el territorio, en 1227, a la Orden Militar de Santiago, que aquí estableció una de sus encomiendas más fuertes y duraderas.

Los reyes de Castilla ayudaron a Montiel y su alfoz decididamente. Prueba de ello es el privilegio de celebración de feria anual, de un mes de duración, que en 1252 concedió Alfonso X. Pero el desarrollo del Común de Villa y Tierra de Montiel, en forma de señorío de la orden santiaguista, se debe al apoyo decidido proporcionado por sus maestres. Así vemos que numerosos privilegios y exenciones de impuestos facilitaron su repoblación en la Baja Edad Media. Fue fundamentalmente el maestre don Gonzalo Pérez Correa, entre 1242 y 1274, quien puso las bases de este desarrollo y prosperidad, concediendo, entre otros, el privilegio de no pechar durante un año a aquellos vecinos que casaran en primeras nupcias dentro de su territorio; o diversas facilidades en el uso de la justicia.

En 1275, el maestre don Gonzalo Ruiz concedió Fuero propio a Montiel y su Común incluyendo un amplio territorio en su demarcación, aumentando el número de sus aldeas. Otros maestres santiaguistas, en los años finales del siglo XIII y principios del XIV, mejoran con diversos privilegios y exenciones fiscales las condiciones de vida de las gentes del Campo de Montiel. Por supuesto que se fortifican muchas antiguas atalayas y torres, dedicando los mayores esfuerzos a este castillo de Montiel, vigía solemne sobre el camino que conduce desde la Mancha hasta Jaén. Y aunque en principio este lugar fue la cabeza militar y política de la encomienda, luego pasó este puesto a las cercanas localidades de Alhambra, también con fuerte castillo que ya hemos estudiado en esta obra, y finalmente a Villanueva de los Infantes, poniendo su autoridad sobre un conjunto de más de 23 pueblos y aldeas, a los que, en el transcurso de los siglos, la Orden fue concediendo el privilegio del villlazgo. De los muchos castillos que tuvo la Orden santiaguista en esta comarca, solo quedan el recuerdo y los nombres de algunos de ellos: Ruidera, Alcubillas, Almedina, Fuenllana, el mismo de Alhambra, los de Villamanrique y Montizón, etc.

Siempre en manos de la Orden de Santiago, en el siglo XV, y siendo su maestre el todopoderoso Condestable Alvaro de Luna, fue nombrado comendador de Montiel su fiel servidor y secretario Gonzalo Chacón, quién allí se dedicó a custodiar las joyas que el valido trajo desde Escalona, y en aquella altura se dio a escribir algunas páginas biográficas del gran señor y político castellano. Todavía en 1478, cuando los Reyes Católicos, al procurarse para la Corona los maestrazgos de las Ordenes, imponían por doquier su autoridad absolutista, la fortaleza de Montiel fue visitada por dos caballeros que recomendaron hacer reparaciones en el viejo edificio.

Sucedió en él, mediado el siglo XIV, un hecho memorable que hizo cambiar el rumbo de la historia de Castilla, y que supone para Montiel la fama que todavía proclama y alienta la silueta evocadora de su escarpada fortaleza. Trátase de la muerte violenta del rey Pedro I, dicho el Cruel, a manos de su hermanas­tro Enrique, el primero de los Trastamaras. Una noche tenebrosa, la del 23 de marzo de 1369, se precipitaron los acontecimientos a los que una larga guerra civil habían abocado. Y en una tienda de campaña, al pie de la sombra áspera del castillo de Montiel, la lucha cuerpo a cuerpo de los hermanastros supuso el cambio brusco y definitivo de una situación progresivamente más tensa.

Cuentan los hechos en sendos relatos dos testigos presenciales de la escena: el francés Froissart y el castellano Pedro López de Ayala. De este último, de su Crónica del reinado de Pedro I de Castilla, tomamos las frases escuetas que refieren el hecho. Son éstas: El Rey Don Enrique, desque hubo desbaratado la pelea de Montiel, y vió al Rey Don Pedro acogido al castillo que allí era, puso muy gran acucia en hacer cercar con una pared de piedra seca al lugar de Montiel, y otrosí puso muy grandes guardas de día y de noche enderredor por recelo que el Rey don Pedro no se fuese de allí...Algún tiempo después de establecido el cerco, las argucias de Beltrán Duguesclin procuraron que el Rey Pedro bajara del castillo, engañado y creído que el francés le había de facilitar la huída, alcanzando la tienda o posada del mercenario galo...Y luego que allí llegó el Rey Don Pedro, y le detuvieron en la posada de Mosén Beltrán, como dicho habemos, súpolo el Rey don Enrique, que estaba ya apercibido y armado de todas sus armas, y el bacinete en la cabeza, esperando este hecho. Y vino allí armado, y entró en la posada de Mosén Beltrán, y así como llegó el Rey Don Enrique, trabó del Rey Don Pero. Y él no le conocía, pues había gran tiempo que no le había visto. Y dicen que le dijo un caballero de los de Mosén Beltrán: "Catad que este es vuestro enemigo". Y el Rey Don Enrique aún dudaba si era él. Y dicen que dijo el Rey Don Pedro dos veces: "Yo soy, yo soy". Y entonces el Rey Don Enrique conocióle, e hirióle con una daga por la cara. Y dicen que ambos a dos, el Rey Don Pedro y el Rey Don Enrique, cayeron en tierra, y el Rey Don Enrique le hirió estando en tierra de otras heridas. Y allí murió el Rey Don Pedro a veinte y tres días de Marzo deste dicho año...

El suceso, inhabitual en la historia de cualquier país, de que un rey alcanzara el trono por matar personalmente a su hermanastro que lo ocupaba legalmente, generó desde entonces un gran cúmulo de leyendas. La escena de Montiel ha sido magnificada con detalles como el muy conocido en que aparece el mercenario francés Beltrán Duguesclin, afecto de don Enrique, interviniendo en el momento álgido de la pelea, y en un momento en que ya don Pedro, con el puñal en alto, se disponía a descargar la cuchilla­ da de gracia sobre Enrique, el capitán galo los empujó y cambió de postura, diciendo Ni quito ni pongo rey, sino ayudo a mi señor, con lo cual la victoria fue para don Enrique. Froissart señala que no fue Duguesclin el protagonista de este suceso, sino el vizconde de Rocaberti, catalán presente en la reyerta.

En cualquier caso, ahí no acaban las leyendas generadas a la sombra de la fortaleza de Montiel con motivo de esta trágica lucha. Señalaron siempre los biógrafos y cronistas de Pedro I el Cruel lo supersticioso de su carácter. El historiador Zurita dice de don Pedro cuando llegó a Montiel, que vió escrito en letras góticas en una piedra que estaba en la torre del homenaje del dicho castillo, que decía: Esta es la torre de la Estrella. Y como lo leyó vióse perdido porque muchas veces le habían dicho grandes astrólogos que en la torre de la Estrella había de morir. Bajo la almenada silueta del castillo santiaguista, acabó sus días el rey Pedro, y esa muerte sangrienta, culminación de una lucha fratricida y una larga guerra civil, marcó la historia y el recuerdo de esta fortaleza que hoy en ruinosa evocación se nos muestra. 

Descripción

La historia vibrante de la fortaleza de Montiel es la que hoy mantiene el interés de visitantes e historiadores por ella. Pues aunque en siglos pasados fue un bastión defensivo imponente, hoy apenas quedan restos mínimos de su pasada grande­za, y ante una desolación y ruina exageradas, se hace difícil enunciar cual fuera la estructura de esta construcción militar medieval.

Asienta el castillo de Montiel en lo alto de una meseta muy escarpada por todos sus costados. Culminando lo que es un típico cerro testigo, resto pétreo en una zona de amplia erosión, una pequeña atalaya plana, con planta aproximadamente elíptica mantuvo la fortaleza, de la que quedan restos de sus muros y de los torreones o cubos que reforzaban sus esquinas, y aun la parte mediana de sus cortinas. Aparejo desigual, con firmes sillares en algunas esquinas, formaba la materia de estos muros. Desalmenados y casi desaparecidos en algunos tramos, en otros elevan su prestancia a la altura primitiva, que en cualquier caso no era demasiado elevada.

De su planta solo queda la forma y apenas rastros de la distribución de sus dependencias. Para el visitante de hoy, Montiel encierra la hermosa perspectiva, lejana, de su gallardía sobre la llanura y el pueblo, así como las páginas densas de la historia que en su torno se desarrolló. Es, sin embargo, una obligada cita en el repaso que este libro pretende hacer de los más destacados elementos del repertorio de los castillos de la región castellano‑manchega. Y a la par que, en un paseo breve, se sube hasta su altura y se evoca su pretérito, podemos conocer esa comarca tan llena de atractivos y apartada de los habituales caminos que es el campo de Motiel, a la que la silueta derrotada de este castillo preside y anima.

Sugerencias para la visita

Es relativamente fácil y cómodo ascender desde el pueblo por el cerro en que se alza la fortaleza, y una vez allí recorrer la meseta y curiosear entre los derrumbes. Cualquier iniciativa a la digresión literaria está permitida, y aparte de analizar someramente la sencilla planta del castillo, pocas cosas más que esa evocación pueden hacerse allí arriba.

     

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Castillos y Fortalezas de Castilla-la Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2007. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha", 1.
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