Del castillo roquero de ALMOGUERA, que cubría con su sombra la villa toda, no quedan sino mínimos restos en el roquedal que está junto a la iglesia, hoy desafortunadamente restaurados en forma de jardín local. Perteneció a la Orden de Calatrava, y fue derribado en el siglo XV por el caballero Ramirez de Guzman, apodado Carne de Cabra, que se autonombró maestre de la Orden, y anduvo una temporada alborotando las Alcarrias.
En ARBETETA aparece un pequeño castillo que es, sin embargo, de los más atractivos de la región, pues asoma sobre una roca volada, custodiando un estrecho vallejo que va hacia el Tajo. Su muralla, bien conservada, se adapta totalmente a la roca en que asienta, y por la parte accesible tenía un foso que había de salvarse con puente levadizo, todo lo cual le convierte en fortaleza inexpugnable.
El castillo de CIFUENTES es uno de los más cargados de historia, y más espectaculares de la provincia alcarreña. La villa estaba circundada de murallas, en las que se abrían varias puertas, enlazando con la del recinto exterior del castillo. Este se encuentra en lo más alto del cerro, y fue construído por el infante don Juan Manuel, en 1324. De fuerte piedra caliza, su planta es rectangular, presentando entre sus muros, y en sus esquinas, varias torres adosadas que le dan un aspecto de potencia soberana. Su entrada la tiene en un reentrante de la cortina de poniente, bajo un arco apuntado junto al que lucen tallados los escudos de armas del infante Juan Manuel. Actualmente está siendo restaurado por el Ayuntamiento, propietario del muismo, para fines culturales.
La ciudad de GUADALAJARA tuvo castillo, o alcázar como siempre le denominan las crónicas, que originariamente fue arabe, y luego sede de los tenentes de la ciudad. A él se adosaba la muralla. Transformado en cuartel el siglo pasado, durante la Guerra Civil del siglo XX sufrió destrozos que le han dejado en la más completa ruina, de la cual ahora se recupera por restauración.
Fue HITA uno de los bastiones más firmes del reino castellano desde los días de la reconquista. Señorío de los Orozco y luego de los Mendoza, el antiguo castillo de los árabes, puesto en lo más alto de su puntiagudo cerro fue mejorado en la baja Edad Media, cuando en el siglo XV, y por el acuerdo suscrito entre el Concejo y el marqués de Santillana, se levantaron las murallas que rodeaban por completo a la villa. Hoy solamente quedan algunos muros derrumbados en lo más alto de la cumbre, y fragmentos de murallas, con una puerta de acceso a la plaza principal, de airoso aspecto medieval, formada por arco apuntado en que lucen las armas de los Mendoza, y guarnecida por sendos garitones.
Otra fortaleza alcarreña, también construída por los Mendoza, hay en VALFERMOSO DE TAJUÑA, que en lo alto del pueblo, situado como un nido de buitres en altísimo espolón calizo sobre el valle del Tajuña, se ofrece medio arruinado a las miradas del viajero de hoy. Su planta y estructura era en todo similar al de Torija: cuadrado, con alta muralla cubierta de almenas y torreones en las esquinas, mas la torre del homenaje, de cuatro plantas, en uno de sus ángulos. En su centro se abría el patio de armas, del que arrancaba el gran algibe, muy curioso en su estructura. Es este el elemento más interesante que hoy puede admirarse de todo el conjunto, pues el resto de la fortaleza ha venido a la ruina más absoluta.