Uno de los más interesantes fortines de la provincia de Guadalajara es el de GALVE DE SORBE, en lo alto de un perfecto cerro al norte de la villa, hoy muy restaurado y en cierto modo adulterado de su primitivo aspecto.


 

 



La fortaleza de PALAZUELOS es un caso excepcional de ciudad amurallada por completo


 


Las Serranías

© Antonio Herrera
Cronista Oficial de Guadalajara

 

A lo largo y ancho de la serranía de Guadalajara se encuentran muchos otros castillos. Muy cerca del pueblo de ALCOLEA DE LAS PEÑAS, cerca de Atienza, se encuentra el llamado castillo que no es sino un conjunto de cuevas o refugios tallados en las rocas, de muy antiguo origen, y que en tiempos históricos sirvieron de cárcel. En la cima de la roca presentan algunos restos de muro y fortificaciones. En ALCORLO, aguas abajo del actual embalse, se encuentran los restos del castillo del Corlo, del que solo queda la cuadrada planta y un alto murallón a poniente. Perteneció en el siglo XV a Juan de Tovar, y luego al arzobispo toledano Carrillo.

En COGOLLUDO queda también el castillo ruinoso. Fue entregado en 1176 por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, que inmediatamente cercó la villa de imponente muralla y mejoró el castillo. Hoy solo vemos en su altura un recinto central de altos y fuertes muros, con cubos cilíndricos en las esquinas. En su derredor había un patio de armas circuido de muralla más baja y foso exterior.

Otro de los más interesantes fortines de la provincia de Guadalajara es el de GALVE DE SORBE, en lo alto de un perfecto cerro al norte de la villa, hoy muy restaurado y en cierto modo adulterado de su primitivo aspecto. Obra de la segunda mitad del siglo XV, y aunque hubo antes otro castillo, del que fue propietario cien años antes el infante don Juan Manuel, la actual estructura se debe a los Estúñigas, señores de Galve desde entonces. Tiene un amplio recinto externo, de elevada muralla almenada, en la que se presentan sendas torres cuadrangulares en las esquinas, mas un cubo semicircular adosado al comedio de la cortina sur. Sobre la esquina noroeste se alza la magnífica torre del homenaje, que es de planta cuadrada, con muros de bien trabajado sillar, rompiendo sus esquinas, en lo alto, cuatro garitones puestos sobre repisas molduradas, luciendo en cada una el escudo de los Estúñigas constructores. Dicha torre se remata con un saledizo sujeto por modillones de triple moldura.

Cerca de Sigüenza, en GUIJOSA, vemos otro castillo medieval bien conservado y sugestivo: se levanta en la plaza mayor del pueblo, y consta de una gran torre central, en cuyos muros se abren pequeñas ventanas y balcones con matacanes, estando almenada en su remate. La torre se rodea de un cuadrado recinto con cubos macizos, semicirculares, en las esquinas, rematados en garitones apoyados sobre cornisa de modillones. Todo el conjunto está coronado de almenas. En el muro sur aparece la puerta de entrada, formada por arco apuntado sobre el que lucen los escudos de armas de sus constructores, los Lopez de Orozco, en el siglo XIV.

La fortaleza de PALAZUELOS es un caso excepcional de ciudad amurallada por completo: en las cercanías de la ciudad de Sigüenza, los Mendoza fueron dueños de esta población, pequeña pero que adquirió una especial importancia por la fortificación impresionante que, mediado el siglo XV, llevaron a cabo el marqués de Santillana y su hijo Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado de Cazorla. El pueblo todo se rodea de muralla, que se conserva hoy en su total integridad. En esta muralla se abren cuatro puertas consistentes en gruesos torreones de planta cuadrada con cubos en las esquinas, a los que se prenetra por uno de sus muros, bajo arco ojival, y se sale hacia el pueblo por otro diferente y lateral. El castillo se inserta en la muralla, en su extremo septentrional. Se rodea de una barbacana baja, a la que se penetra desde la villa por una puerta que tuvo puente levadizo, y está escoltada de dos desmochados torreones. El recinto interior tiene un paseo de ronda, y en su centro se alza el cuerpo principal, que consta de un edificio elevado, de planta cuadrada, cerrado y rodeado de dos cubos en las esquinas, y una enorme torre del homenaje adosada al muro de poniente.

También en las proximidades de Sigüenza, vigilante sobre las rocas que escoltan al río Dulce, se alza el castillo de PELEGRINA, que fue propiedad y refugio en muchas ocasiones de los Obispos seguntinos. Construcción de planta alargada, con fuertes torreones o cubos esquineros, cilíndricos. La situación actual de esta fortaleza es de ruina total, aunque su estampa sobre el paisaje del alto Dulce es fantástica.

Otro de los buenos castillos de Guadalajara es el de la RIBA DE SANTIUSTE, próximo a Sigüenza, mencionado en todos los documentos originales que hacen referencia a la reconquista del reino toledano por Alfonso VI. Vigilante sobre un agudo crestón peñascoso del valle del río Salado, acceso natural entre ambas mesetas castellanas, ya los árabes habían hecho de este castro un punto defensivo muy señalado. Tras la repoblación, la Riba mejoró sus defensas. Perteneció en señorío a los obispos seguntinos, y finalmente fue perdiendo importancia estratégica y llegando a la ruina, de la que ha salido recientemente gracias a una cuidada restauración privada.



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