Pedro Gonzalez de Mendoza, muy posiblemente deseaba plasmar las ideas que sobre castillospalacios tenía recibidas de Italia.


 


Castillo de Pioz

La historia de Pioz es muy escasa en acontecimientos. Perteneció esta pequeña aldea, desde los años finales del siglo XI en que posiblemente se fundó tras las iniciativas castellanas de repoblación, al Común de Villa y Tierra de Guadalajara.

© Antonio Herrera
Cronista Oficial de Guadalajara

 

HISTORIA

Siendo de señorío real, hasta que mediado el siglo XV, el rey Juan II de Castilla entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, cuando ésta casó con su primo, el infante de Aragón don Enrique. Pero este mismo Rey, pocos años después, se lo quitó alegando que su cuñado le movía guerra, y lo entregó en donación generosa a su afecto cortesano don Iñigo Lopez de Mendoza, primer marqués de Santillana.

A la muerte de éste en 1458, pasó a su hijo predilecto, el que fuera gran Cardenal de España, don Pedro Gonzalez de Mendoza, quien enseguida inició la construcción de un castillo, en el que muy posiblemente deseaba plasmar las ideas que sobre castillospalacios tenía recibidas de Italia. En 1469 el entonces obispo de Sigüenza propuso al noble castellano Alvar Gomez de Ciudad Real un trato, consistente en el cambio de su villa de Pioz con el iniciado castillo, los lugares de El Pozo, los Yélamos y algunos otros enclaves de la Alcarria, por la fortaleza y villa amurallada de Maqueda. Aceptado en trato Pioz pasó a las manos de la familia de los Gomez de Ciudad Real, que continuaron la construccion del castillo, completándole tal como hoy lo vemos en los años finales del siglo XV. Ruinoso después, hoy ha sido adquirido por el pueblo para proceder a su restauración y uso público.

 

EL CASTILLO

 


 



Pioz es un castillo de llanura, dominante de amplios horizontes y visto a su vez desde lejanas posiciones en la plana meseta de la Alcarria.


El de Pioz es un castillo de llanura, dominante de amplios horizontes y visto a su vez desde lejanas posiciones en la plana meseta de la Alcarria. Se encuentra rodeado de un hondo foso que los siglos han ido rellenando. Por la parte meridional, tenía la entrada habitual y principesca: dos machones cilíndricos fuera del foso servían para que apoyara el puente de madera, levadizo, que se dejaba caer desde el correspondiente hueco abierto en la barbacana de la fortaleza. Por la parte septentrional, una estrecha puertecilla a modo de poterna permitía la entrada, o salida, del castillo directamente sobre la profundidad del foso. Es el mejor acceso hoy para entrar a la fortaleza.

El muro externo de la fortaleza es enormemente grueso, construído en escarpa poco pronunciada, que ha sufrido con mayor crudeza el expolio de sus piedras. Culmina en muralla poco elevada, con almenas y adarve al que se accedía por escalerillas desde el camino de ronda. Se completa con torreones esquineros cilíndricos en los que podían albergarse piezas de artillería. El recinto interior es de planta cuadrada, con altos muros lisos en los que, a la altura de los pisos interiores, se abren algunos ventanales amplios. El resto del paramento solo tiene estrechas saeteras. En las esquinas del castillo se alzan torreones de planta cilíndrica, rematados en leve moldura. En la esquina noroeste se alza la torre del homenaje, de irregular planta, cuadrada por un lado y circular por otro. Para entrar en esta torre, debía hacerse a través de otro puente levadizo, de los de tipo de brazo con contrapeso y eje central, complicado sistema que hacía muy segura la torre, a la que luego debía aún ascenderse a través de escalera de caracol interior.

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