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El viajero Camilo José Cela (1916-2002)
visita también El Olivar, que hoy parece un cromo,
pero que en 1946 tenía también su aire herido.

El Olivar

El Olivar anda hoy que parece un Catálogo de Turismo. Más que casas, tiene albergues, y más que un pueblo parece una urbanización. Pero todo en bien. No sé si me explico. Ha cambiado, radical, pero a mejor. Ya no es pueblo de la Alcarria. Es un lugar que está en la Alcarria, todas sus casas restauradas, todos sus habitantes cultos, simpáticos, ufanos por vivir en un lugar que fue "santificado" por Cela en su viaje alcarreño:

El Olivar perteneció desde el siglo XI a la Comunidad de Villa y Tierra de Atienza, que entonces llegaba hasta la orilla derecha del Tajo, rigiéndose por su Fuero y estando sometida a su jurisdicción. Formó luego en la tierra de Jadraque, en el sesmo de Durón, pasando con toda ella, en el siglo XV, al señorío de don Gómez Carrillo y sus herederos, y luego a los Mendoza, perteneciendo hasta el siglo XIX al duque del Infantado. Tuvo vida próspera este pueblo durante los siglos XV y XVI, en los que sus habitantes vivían principalmente del comercio de arriería y de huevos. Posteriormente ha ido decreciendo su vitalidad socio-económica, sólo reactivada últimamente en función del turismo que atrae el embalse o lago de Entrepeñas, en cuyas orillas posee término.

Cosas que se ven en El Olivar

Pues además de las ventanas rústicas, con sus visillos de cuidada labor almagreña, destaca su iglesia parroquial está dedicada a la Asunción de la Virgen y es obra magnífica de la arquitectura del Renacimiento. Está orientada, con ábside a levante, entrada y atrio a mediodía, y torre sobre el muro de poniente. Se precede de un amplio atrio descubierto en su costado sur, el que da a la plaza mayor, rodeado de barbacana de sillar. El templo está construido con recia piedra gris de la zona, es de planta rectangular, alargada de poniente a levante, mostrando la torre cuadrada sobre el primero de estos lados, y el ábside poligo­nal sobre el segundo. La portada se forma por un arco de medio punto con columnas adosadas laterales sobre pedestales, friso y hornacina vacía dentro de un frontón triangular. Los muros se refuerzan al exterior con contrafuertes.

El interior es de cuatro tramos (el primero de ellos ocu­pado por el coro alto) y rematando en presbiterio y ábside, todo ello cubierto por apuntadas bóvedas cuajadas de compli­cada tracería de nervaturas gotizantes. La esbeltez y elegancia de este templo tiene muy pocos competidores en toda la comarca de la Alcarria.


Texto de Antonio Herrera Casado, Cronista Provincial de Guadalajara, 2002.

Viaje a la Alcarria


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Actualizada a viernes, 06 de enero de 2006

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