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El viajero Camilo José Cela (1916-2002)
acaba su viaje visitando Zorita de los Canes,
admirando su castillo, charlando con sus amigos
don Paco, y don Mónico...

Zorita de los Canes

Zorita es un lugar al que Camilo José Cela se acerca, en coche y con comodidad, animado por sus amigos y Cicerones, el alcalde (don Mónico) y el médico (don Paco) de Pastrana: pasa allí la tarde, mira el castillo, charla con la gente, lo anota todo, y nos lo da así servido, con su escritura limpia, resplandeciente, hermosa y única:

"Zorita de los Canes está situada en una curva del Tajo, al lado de los inútiles pilares de un puente que nunca se construyó, rodeada de campos de cáñamo y echada a la sombra de las ruinas del castillo de la orden de Calatrava. Del castillo quedan en pie algún muro, dos o tres arcos y un par de bóvedas. Está estratégicamente situado sobre un cerrillo rocoso, difícil de subir. En su ladera, por la parte de atrás, dos pastorcitos guardan un rebaño de cabras; uno de los pastorcillos, sentado sobre una piedra, graba una cayada de fresno a punta de navaja, mientras el otro, sentado sobre la verde yerba, se ensaya en sacar silbos de una flauta de caña.
El castillo debió ser una verdadera fortaleza. Ahora, los arcos y las bóvedas aparecen desaplomados y amenazan venirse al suelo de un día para otro.
La gente de Zorita es amable y lista. Según le dice don Paco al viajero, Zorita es un pueblo donde la vacunación no es problema; se le anuncia que se les va a vacunar, se les habla de las excelencias de hacerlo y de los peligros de dejarlo, se les marca una fecha, y el pueblo, cuando llega el momento, se presenta en masa. Con un médico y un practicante, el pueblo queda vacunado entre una mañana y una tarde. ¡Así da gusto!
Los habitantes de Zorita de los Canes son de raza rubia, como los alemanes o los ingleses. Tienen el pelo rubio y los ojos azules, y son altos y bien proporcionados. Las muchachas se peinan con raya al medio y el pelo recogido en dos trenzas; van muy limpias y relucientes y, sobre la piel blanca, les resalta el sonrosado color de las mejillas.
Zorita es un pueblo que vive en familia y en paz y en gracia de Dios.
Enfrente de Zorita, al otro lado del río, se ven los restos de la ciudad visigoda de Recópolis, y en sentido contrario, sobre la carretera que va a Albalate, se adivina Almonacid de Zorita, el pueblo donde, hace ya más de un cuarto de siglo, estuvo de boticario el poeta León Felipe".

Viaje a la Alcarria


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Actualizada a viernes, 06 de enero de 2006

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