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Zorita
es un lugar al que Camilo José Cela se acerca, en coche y con
comodidad, animado por sus amigos y Cicerones, el alcalde (don Mónico)
y el médico (don Paco) de Pastrana: pasa allí la tarde, mira el
castillo, charla con la gente, lo anota todo, y nos lo da así servido,
con su escritura limpia, resplandeciente, hermosa y única:
"Zorita
de los Canes está situada en una curva del Tajo, al lado de los inútiles
pilares de un puente que nunca se construyó, rodeada de campos de cáñamo
y echada a la sombra de las ruinas del castillo de la orden de
Calatrava. Del castillo quedan en pie algún muro, dos o tres arcos y un
par de bóvedas. Está estratégicamente situado sobre un cerrillo
rocoso, difícil de subir. En su ladera, por la parte de atrás, dos
pastorcitos guardan un rebaño de cabras; uno de los pastorcillos,
sentado sobre una piedra, graba una cayada de fresno a punta de navaja,
mientras el otro, sentado sobre la verde yerba, se ensaya en sacar
silbos de una flauta de caña.
El castillo debió ser una verdadera fortaleza. Ahora, los arcos y las bóvedas
aparecen desaplomados y amenazan venirse al suelo de un día para otro.
La gente de Zorita es amable y lista. Según le dice don Paco al
viajero, Zorita es un pueblo donde la vacunación no es problema; se le
anuncia que se les va a vacunar, se les habla de las excelencias de
hacerlo y de los peligros de dejarlo, se les marca una fecha, y el
pueblo, cuando llega el momento, se presenta en masa. Con un médico y
un practicante, el pueblo queda vacunado entre una mañana y una tarde.
¡Así da gusto!
Los habitantes de Zorita de los Canes son de raza rubia, como los
alemanes o los ingleses. Tienen el pelo rubio y los ojos azules, y son
altos y bien proporcionados. Las muchachas se peinan con raya al medio y
el pelo recogido en dos trenzas; van muy limpias y relucientes y, sobre
la piel blanca, les resalta el sonrosado color de las mejillas.
Zorita es
un pueblo que vive en familia y en paz y en gracia de Dios.
Enfrente
de Zorita, al otro lado del río, se ven los restos de la ciudad
visigoda de Recópolis, y en sentido contrario, sobre la carretera que
va a Albalate, se adivina Almonacid de Zorita, el pueblo donde, hace ya
más de un cuarto de siglo, estuvo de boticario el poeta León Felipe". |