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Texto íntegro del artículo de Juan Carlos Esteban en "Hontanar" 36

Título: El bachiller Felipe Tercero y León, cura de Alustante

Escrito por Juan Carlos Esteban
Publicado en  la Revista
"Hontanar" de la Asociación Cultural de Alustante (Guadalajara), nº 36. Diciembre 2004.

Astronomía y Teología en el siglo XVI

En la España del siglo XVI la astronomía se cultivó en relación con la cosmografía y la astrología (rémora de la edad media) y tuvo sus distintas aplicaciones dirigidas a la cartografía, navegación, meteorología, agricultura, pero también a la medicina y los problemas calendáricos. La cultivaron personas de distintas profesiones: cosmógrafos, pilotos, profesores de universidad, humanistas, médicos, matemáticos y clérigos. No podíamos sospechar que un cura de Alustante tuviera pasión por los astros que cuelgan de la bóveda celestial y llevara sus aficiones a construir instrumentos relacionados con los cuerpos celestes, dedicando parte de su tiempo a la determinación precisa de las coordenadas de la tierra, las distancias entre dos puntos o a estudiar las causas por las que van unidos los movimientos del Sol y la Luna, o la aparición del lucero según las estaciones planetarias. ¿Quién fue Felipe Tercero? Probablemente quien se haya acercado alguna vez al mural cerámico del atrio de la iglesia sabe que fue un cura de Alustante, uno de los curas de mayor y más notable influencia, si tenemos en cuenta su dilatada trayectoria, pues llegó siendo bachiller en 1580 y aquí le llegó la hora de la muerte en 1622, y sobre todo por su polifacética y múltiple actividad.

Philipe Tercero y León, bachiller en teología, fue el cura que encarga toda la obra arquitectónica y se encarga de la iconografía del retablo mayor, el que consigue de Roma las bulas de las primeras cofradías en concreto del Santo Cristo de las Lluvias, aquel que dio un realce inusitado a los actos litúrgicos dentro y fuera de la iglesia, el artífice de la prosecución de las obras del caracol en años difíciles y de penuria merced a un censo perpetuo (que terminaría de pagarse a mediados del siglo XVIII) y el que levantó, tras terribles años de epidemias, la ermita de San Roque en un descampado... Aquel sacerdote versado en latín (probablemente algo de griego) y teología, -como veremos- tenía una gran pasión por la astronomía, y con ser el ordinario del lugar desde luego no fue una persona corriente en su siglo.

En un tiempo en que religión y política eran a veces una, y a menudo difícil de distinguir, aquel cura fiel seguidor de los anatemas de Trento, conciliador de la filosofía de Aristóteles y de Santo Tomás, tremendamente práctico y de gran agudeza en cuestiones terrenales, entre las que cabe incluir su hacienda, que sobrevivió a Felipe II y a su hijo Felipe lII nos dejó escrito a través de su testamento casi unas memorias al final de sus días¹. Luego hemos encontrado unos papeles de la Inquisición que nos permite ofrecer una imagen hasta ahora inédita, que no hace sino confirmar la existencia de personas de distintas mentalidades (ortodoxos y heterodoxos) a lo largo del tiempo, estando en el primer bando nuestro biografiado para que nadie se asombre ni idealice de antemano con dos máscaras la trayectoria de una vida retirada, quieta, y a la vez inquieta.

Situémonos pues en el escenario: un pueblo, diócesis de Sigüenza, puerto seco (aduana interior) de Castilla en plena raya de Aragón. La acción discurre tras el concilio de Trento, en una nación que entonces era un Imperio. Discurre entre 1571 (Lepanto) y el fin del reinado de Felipe III (1621), bien avanzada la conquista del Nuevo Mundo, con los primeros avances de la ciencia astronómica (una auténtica revolución, que iba de boca en boca, aunque todavía no se ha divulgado y no se permitía divulgar la obra del cura polaco Copérnico), en medio de muchos años de terribles guerras civiles y de religión en media Europa, reformas y contrarreformas religiosas, para detrás de toda esta cortina, como diría uno de los grandes autores de la literatura nacional, dar con que existe la dramática soledad del instante que decide el incierto destino.

"IN NOMINE SANSCTISSIME TRINITATIS, PATRIS ET FILII ET SPIRITUS SANCTI... Virgo et Mater Regina coelorum, Omnes sancti Angeli el Archangeli Del... estando en mi entero ser, y sano juicio, qual Dios fue servido de me lo comunicar, sabiendo que todo compuesto, como es este mi cuerpo, se ha de resolver en aquellas partes de que lo esta el espiritu para el cielo, para do fue criado... Y mi cuerpo buelva a la tierra de donde lo formastes, hasta que esto corruptible, le vistays de incorruptibilidad; y esto mortal de inmortalidad, y hasta tanto que vos Señor le vistays de aquellos gloriosos dotes, y dones de que lo aveys de dotar, quando firmemente creo veros, y gozaros con estos propios ojos, y huesos... "², y en el interin otorga como acto de última voluntad su testamento con diez cláusulas, que comienza cada una con las distintas palabras con que aparece escrito en la antigüedad el nombre de Dios en caldeo, hebreo, griego y sirio: lehovah, Adonai, El, Eloin, Eloa, la, Elion, Sadai, Sabaoth3, para concluir con una última cláusula, que como principio y fin lo presenta como un observador del Universo, de lo contingente y lo trascendente.

Algo sabemos de su última enfermedad y de su extrema devoción, pues "aviendo yo estado enfermo de un mal de piedra, desde miercoles en la tarde, hasta el sabado en la noche, con tan terrible dolor en un riñon, y otras dos partes, de tal suerte que en todo este tiempo, ni pude dormir, ni comer, ni beber, sino dar vozes, y sabado en la noche cuando ya parecio que avia de acabar, estando sin facultad de los terribles, y continuos vomitos, que este mal trae, y del gran dolor, pareciendo que moría, comenge a invocar santos, y acordeme que avia sido siempre del Crucifixo, y en acordarndome se me alegro todo el cuerpo, y en alta voz dixe esta palabra: O Santo Crucifixo de Allustante, y en pronunciando la palabra me parecio, que con la mano me estruxaron fuerte el riñon... de repente quede libre del mal, y descuidado de la inopinada maravilla, entendi que me moria, y llame gente; mas conociose esta maravilla, y primero, y original milagro, porque a la par de aquello se me planto la efixie, y similitud deste santo Crucifixo en la imaginativa, tan fuerte, y mas claro que en, si esta, de modo que nunca le pude desechar en mucho tiempo, de tal modo, que entrando en la iglesia, no pida dexar de mirarle a vezes, del antoxo, dixiendo misa...".

No menospreciaba tampoco los remedios naturales, "por quanto yo aviendo por mis muchas enfermedades estudiado las naturalezas de las aguas, y aviendo para esto pesado, y hecho experiencias en todas las aguas de los pueblos comarcanos, y sus hiermos desta tierra, descubri, y halle una agua que estava perdida en medio de un camino, a la punta del pinar, más delante de Zerugeda, ser la mejor de toda esta tierra, como por experiencia an mostrado, y muestran sus buenos efectos en sanos y enfermos", de cuyo detalle deducimos que esta agua no es otra que la fuente del Cura, pues en su testamento dejó dispuesto "quiero que si por tiempos el Concejo quisiere hazer alli fuente y alguna buena arca, por ser bien de pobres, mis Patrones ayuden tambien a ello".

IEHOVAH. Felipe Tercero de León había nacido en Cubillejo de la Sierra hacia 1550, de familia de hidalgos, vivió sus primeros años en una casa solariega, que conserva un magnífico blasón y una desgastada lápida fechada en 1517, en la que se hace memoria de los Ponce de León, que salieron de este pueblo inmediato a Molina4.

La primera disposición de su testamento recoge expresamente su deseo de que "mi cuerpo se lleve a enterrar a la capilla que yo he edificado en Cubillejo de la Sierra, en loor de la santísima Trinidad, y se lleve juntamente con el la cruz en que yo tengo la reliquia de el Lignum Vía, puesta sobre mi cuerpo... y se ponga sobre mi sepultura una lapida de quatro pies en ancho, y ocho en largo, con aquel titulo de Job, escripto en ella hasta que Dios lo cumpla, manifestando mi fe: SPERO DONEC VENIAT IN MUTATIO MEA"5.

Con todos sus bienes crea una Obra pía, para la cual nombró como patrón lego a su hermano y como patrón clérigo a un sobrino, encargando al primero los trabajos y cuidado que de todo a de llevar, la torrecilla de los Leones, la qual para siempre persevare, en la forma de torre en que esta, y sea cabeça de todos estos bienes, y este siempre conservada y en su ser, por amor de los nobles Ponçes de Leon mis pasados, que la fundaron", así como disposiciones curiosas referentes a las tierras de su pueblo natal y adoptivo ("de suerte que las heredades estén siempre arrendadas, y bien; y la de la capellanía de Alustante se arriende siempre a trigo puro, si puede, porque es buena, y... se reparen los edificios, y para rehedificar capilla, o retablo paren todas las obras pías"), mientras a su sobrino, el capellán, ordena que haga en su capilla misas en fechas señaladas "(la primera del Domingo -de la Santísima Trinidad- sea rogando a Dios ensalçe su santa Fe Catolica, extruyga las herejías, y de paz a los Príncipes Cristianos").

ADONAl. Muy poco es lo que sabemos de sus primeros años de formación. Pudo ser uno de los trece colegiales que estudiaban por aquellos años en el Colegio de San Antonio de Portaceli, de Sigüenza (una especie de colegio mayor universitario fundado en 1483 por un sufragáneo del cardenal Mendoza), muy conectado con el colegio de San Ildefonso y universidad de Alcalá, fundada por el cardenal Cisneros6.

Lo cierto es que Felipe Tercero de León superó los grados de gramática, artes, lógica y teología, hasta hacerse bachiller. En su testamento confiesa "que yo he deseado toda mi vida tener bienes, para con ellos hazer bien a pobres, y me los a dado Dios, quiero... sobre todo se den dotes, y estudio a Latinos, y aun estudiante que oyga facultad de Artes, y Teología, o Cánones, y Leyes, en Alcalá". Siendo lector de filosofía (tomista) y de sagrada escritura, su segunda cláusula testamentaria va dirigida precisamente a que se vendan todos sus bienes y se junten con las rentas de sus heredades y censos que yo dexo en Allustante y Cubillejo, "y de esa cantidad se sacara... cinquenta ducados para un estudiante que estudie facultad... y todo lo que restare a de ser para casas doncellas, sustento de edificios, y socorro a los renteros de todas las heredades, y para estudiantes latinos, y empréstitos a Colegiales y grados" 7.

EL. Felipe Tercero será el primer cura que accede a la parroquia de Alustante por oposición, esto es, por méritos contrastados con otros candidatos. El concilio de Trento consagró la sacramentalidad del orden sacerdotal y plenamente consciente de esa potestad espiritual que le entregaba el obispo, encomendándole un lugar y la cura de almas de sus gentes, con ellas convivirá por espacio de cincuenta y dos años.

De espaldas a los fieles (como se celebraban antiguamente las misas), invocando el ritual romano podemos hacer memoria de la primera misa que celebró. Corrían los primeros días de 1580, un año en que se había declarado meses antes la epidemia. Poco antes habría predicado desde el púlpito alentando a aquellos labradores que tenían su fe vacilante para que solicitasen el auxilio de la gracia (no era a él, sino a El, a quien tenían que creer). En efecto, los registros parroquiales indican que sólo en cinco meses, entre el día 21 de marzo y el 22 de agosto de 1570, se habían producido veintidós defunciones. El temor consiguiente a episodios parecidos unía en su aflicción a toda la población. El gran número de enterramientos, que se practicaban en su totalidad dentro de la iglesia (en cualquiera de los tres cuerpos y en la capilla de Santa Catalina) ocupaban todo su interior; pues uno de ellos fue el de su antecesor el párroco don Gil de la Hoz, siendo enterrados los últimos cadáveres junto a las gradas de la puerta.

Sin embargo, el lugar se estaba haciendo grande, Alustante estaba viviendo a lo largo de¡ siglo XVI un notable crecimiento, como denotan las obras de ampliación y embellecimiento de su iglesia (entonces de una sola nave sin capillas laterales). Desde el primitivo cerro (que con sus casas pegadas, tal vez formaran en la edad media un recinto amurallado) se iba produciendo la expansión hacia el llano y la plaza mayor. Los registros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones cuantifican esta aseveración: el número de matrimonios anuales era superior a la media docena, notable el índice de natalidad, así como el de mortandad en estos primeros años, con una cifra media de ocho defunciones al año, salvo años de cólera o de peste declarada en que entre el temblor y el terror todo el pueblo se encomendaba a San Sebastián primitivamente y luego a San Roque, devoción ésta muy extendida en toda la cristiandad, con especial relevancia en la sede seguntina.

SADAI. El sol y la luna aparecen en tres obras de la imaginería religiosa de la parroquia de Alustante: al fondo de¡ retablo de¡ Santo Cristo de las Lluvias (obra primitiva de principios de¡ siglo XVI), en el anverso de la Cruz parroquia¡ (obra de orfebrería de Martín de Covarrubias, platero de Sigüenza, datada en 1565)8 y la tabla de¡ primer cuerpo del retablo mayor, que representa entre otros símbolos la Ascensión de la Virgen a los cielos como Reina Sacratrísima, en la que vuelve a aparecer, esta vez por expreso deseo de Tercero de León, una nueva representación del Sol y la Luna, el principio y el fin.

Muchas veces me he entretenido con esa homilía visual que es el retablo mayor de la iglesia de Alustante, imaginando por un momento asistir a un sermón de una festividad señalada, como la de San Miguel Arcángel (que preside el retablo, bajo la figura de¡ Padre eterno). No guardamos evidentemente ningún guión ni otro tipo de registro, para poder escuchar una plática de Tercero de León, que seguramente mezclaría profundos conocimientos de la escritura, con la perfección de los astros (pese a existir "astros errabundos" como entonces se llamaba a los cometas).

Don Felipe debía esperar siempre la aparición de un nuevo astro en el cielo, debía pensar que los cielos eran incorruptibles, que todo el universo, desde la Tierra, que para él ocupaba el centro, hasta sus confines, estaba lleno de aire que impregna las cosa de¡ mundo y que nos permite vivir. Muchas veces -repito- viendo este retablo o en algún momento de espera se me ha ido el santo al cielo, deteniéndome a contar el casi centenar de ángeles, serafines y coros celestiales desparramados por todo el retablo de la iglesia de Alustante9. ¿El hombre necesita seres intermedios para llegar a Dios?

Pese al aparente aislamiento Felipe Tercero de León debió disponer en su librería, junto al Misal el Breviario y el Catecismo romano (de Pío V), el célebre Tratado de la Sphera, de Juan de Sacrobosco o alguno de los libros de sus muchos imitadores que tratan de la altura del Sol, y como se sabe la altura del polo o entre dos polos, asuntos éstos que le empezaron a interesar tal vez en sus años mozos de estudios universitarios, tal vez a partir de 1572 en que se produce un auténtico debate astronómico10.

El cronista alcarreño Juan Catalina García nos ofrece la noticia bibliográfica de algunos libros publicados en Alcalá por aquella época11.

Años en los que tiene lugar la reforma del calendario auspiciada por el Papa Gregorio XIII, que pronto hace suya el reino de España y para explicarlo un alcalaíno publicó el Repertorio perpetuo de los tiempos, muy copioso, conforme a la Reformación y computación de N.B.P. Gregorio XIII (Alcalá, 1584)12. Al poco Felipe II sentó la capital, hasta entonces itinerante, en la pequeña villa de Madrid, equidistante dentro de la piel de toro y cabeza de un Imperio en el que no se ponía el sol13

Felipe Tercero de León seguramente rechazó siempre la astrología. Coincidiendo con Jacinto Palomares en el Destierro de pronósticos y Discursos sobre los días caniculares y eclipses del sol y luna (1613), podía alegar razones tan juiciosas como la de que "puede el labrador, según las observaciones naturales que tiene, dar mañana ó esotro día ha de llover ó nevar, ó hará vientos; pues conoce que ciertas señales que vio, se lo significan con grande certidumbre. Y puede juzgar también que el año será fértil de eso ó de eso otro, según las observaciones que tiene de otros años... Pero decir que puede el judiciario pronosticar guerras, hambres, sediciones, muertes violentas, poco ganado y fruta, encarcelados y justiciados, muchos correos, diciendo que lo hallan en las estrellas y planetas, es cosa indecente y de grande risa. Y el decir que por ser el primer día del año ó martes ó miércoles ó jueves, etc. ha de ser fértil ó enfermizo ó sano tal año, también es burla".

ALPHE ET OMEGA. Y así llegamos a lo que dispone en su cláusula final, "porque como dize el philosofo: Quos omnis homo nautariletr scire desiderat. Y san Pablo: Invissibilia Dei, perea, quae facta sunt vissibilia conspicintur- quiero que los globos, que yo de mi mano tengo hechos, el de Geographia, para medir por el suelo esta redondez del mundo, agua y tierra, y la distancia de una Provincia, y ciudades a otras, y saberlo por sciencia, sin pisarlo, y la Esfera material, que tambien yo he hecho, para conocer el movimiento de los cielos, y Planetas, y la oposición de ellos los eclipses, y signos donde va el Sol cada un mes, quiero que se pongan en lo alto de mi capilla, y para siempre esten sin baxar, para que los estudiantes que estudiaren mis bienes, y fueren virtuosos, puestos los ojos alli, procuren pasar su punto adelante, y alabar a Dios nuestro Señor, conociendo sus efectos, pues los Philosofos, por los movimientos desta espera natural, provaron eficazmente aver una primera causa que moviese, y no fuese movida, y que aquel avia de ser un Dios, en tanto grado, que llego uno a decir: Causa causarum, fave rnihi".

En su retirado gabinete y casa rectoral Felipe Tercero de León tuvo ocasión de fabricar con sus manos, entre sus misas diarias y sermones, esas peculiares esferas que estuvieron pendiendo muchos años en la capilla por él fundada en su pueblo natal.

¿Qué dispuso en relación con su casa y sus tierras? Ya hemos avanzado algo, pero sigamos dejándole hablar: "Que las pieças que yo siembro, que seran veynte fanegas, poco mas, o menos, después de mis días se barbechen, y siembren tres años, y segadas a destajo, y corridas en concejo, y acarreadas, y trilladas, lo propio con asistencia del que lo administre, del trigo que se coxa dellas, que se an de sembrar dello, se vaya dando al Concejo de Allustante, y de Cubillejo de la Sierra, cada ciento y cinquenta fanegas, para camara de pobres, que se preste cada año a la gente mas necesitada para que siembren temprano, y nombro por Patrones desta obra pia a cada uno de los dichos Concejos, y a los Regidores que de presente son, y seran en su nombre, y que nombren cada año un colector para esta obra pia".

Establecido este pósito pío para auxilio de los pobres, a fin de que no fuese obra efímera, sino que aumentase, reguló que las personas que lo lleven (el trigo) esten obligadas a volverlo a la camara con medio celemín de mejora, la mitad para el colector por el trabajo, y la mejora para sustento o mejora desta obra pia".

"Que aya en Allustante un colector de la renta y defensor de los bienes... y le dexo al colector por el trabajo el pajar que compre de los ricos, con su hera, en la loma, que lo tengo sustentado, y el herreñal que tengo en medio del pueblo, que asurca por el medio día con los Muñoces, lo demas calles publicas, y la pieça detrás de las paredes, que asurcan por los lados con los Ximenes, cabe siete celemines, y se cerque de piedra seca, para que tenga mas utilidad, y otra pieça de los Quiñones detras de san Sebastián...". Otrosi -y esto es importante, pues el testamento se completa con dos codicilos "lo que dexe escrito en mi libro de caxa, firmado de mi nombre, en razon de dar estudio a unos niños, o gobierno de mis bienes, o en cualquiera otra forma, se cumpla como si estuviera escrito en mi testamento".

Respecto a la casa en que yo vivo, si el Cura mi sucesor la quisiere, por estarle acomodada, se le de tasada por lo que vale", no de gratis, sino "se le fie un año, y de alli adelante pague censo, de lo que no aya pagado".

Y en cuanto a misas, no fue hombre que dejase muchas más allá de las que tenía dispuestas, con responsos y cabo de novena su capellán, pero sí quiso expresamente que su funeral en la parroquia de Alustante fuese lo más solemne "con doce Clerigos, y en ellos Curas, y Rectores, los que puedan ser aviados, y el Guardian de San Francisco (de Molina) por predicador, en reverencia de los doze, que con su divino Maestro cenaron ".

Epílogo.

El CIRUJANO DE ALLUSTANTE SOSPECHOSO DE LUTERANISMO.

El 27 de mayo de 1596 los Inquisidores del Santo Oficio recibían en su castillo de Cuenca una larga carta-delación, fechada y firmada en Allustante tres días antes por Phelippe Tercero y León, contra el cirujano del lugar, Francisco Fernández, natural de Longares (reino de Aragón), que venía ejerciendo desde algunos años. "De este hombre -decía tengo mucho escrúpulo no esté tocado de la secta herejía luterana, porque yo a veces le he corregido algunas palabras que olían a ello, aunque no me delatara hasta ahora que se ha declarado más, como se verá porque aborrece extrañamente el estado eclesiástico, así de frailes como clérigos, murmurando de ellos y también por haber estado denunciado de una palabra, según dicen de aquellas con que Martín Lutero contradice el libre albedrío del hombre.

La carta es extensa y está redactada recogiendo de forma analítica y separada las distintas proposiciones sospechosas. En primer lugar, decía que había oído predicar en tierra de Albarracín a un buen letrado que "puede saber un hombre en esta vida (todo) cuando está en gracia", lo que sonaba a herejía, pues no puede saberlo todo el hombre, sino por conjeturas. También había oído decir a un predicador fraile que: 1as obras que hagas en pecado mortal son muertas y que no se merece por ellas", lo que amén de parecerle haber hablado mal, y para satisfacerle otro le día le dijo: "¿Veis aquí la fuente de la teología? Y le mostré a Santo Tomás, tres artículos que pone de ello y se los expliqué".

Las acusaciones más fuertes venían empero de distintos vecinos, en particular el sacristán Domingo López Laguna y el portador (cobrador del puerto seco) Juan López del Cerro, con los que estaba enfrentado. "En presencia mía -dice Felipe Tercero-, de Domingo López, clérigo sacristán, y Pedro de Lara, diputado del Común de la Tierra, en la casa del concejo, después de la salve, a hora de noche dijo: "Si yo me condeno, Dios no me favorecerá", y yo le dije: Callad, que Dios siempre está aparejado para favorecer, callad que es herejía, y dijo: "Si yo me quiero ir al infierno, Dios no me puede favorecer" y calló de miedo.

"En presencia de Pedro de Lara, Nicolás López, Lázaro Navio y Pascual Herranz, sastre residente en Alustante y que es de Tordellego, dijo que en la confesión no se ha de decir al sacerdote "tibi pater, ni pater", que basta decir "confiésome a Dios"; y en la oración del Avemaría dijo que aquella última palabra que dice: "ahora y en la hora de la muerte", ni es del avemaría, que la compuso el obispo no sé quién y que no se habían de decir, ni él las diría. Porfirió, y después fue a la casa del portador, que se llama Juan López del Cerro, el cual le demostró en un breviario la confesión como estaba obligado a decir aquellas palabras, porque lo manda la Iglesia, porque el sacerdote estaba en el lugar de Dios y había de dar la absolución, y le mostró la regla y volvió a decir que era de balde, que "ya él se confesaba a Dios y que no tenía que hablar con el sacerdote".

"De su genealogía -concluye su escrito- he oído no ser bien nacido, busca en su daño confesores a su propósito.

Dijo en presencia de Juan López del Cerro, y a lo que creo de un hermano del cura de Alcoroches que si un sacerdote que no absolviese a un penitente, ponerle un puñal y darle puñaladas si no le absolviese, respondiéndole cierta persona de haber casos que no pudiera absolver el confesor, por ser reservados al obispo o al papa... Y que a Diego Fernández, clérigo de este lugar, viejo, honrado, le daría un bofetón, y palabras que no se pueden decir en presencia de Juan Yánez, dezmero de este puerto, y dice por refrán según he oído: "al fraile y a la clérigo y a la mala mujer, una cuchillada por la cara

"Si no se prende con mucha brevedad –decía- se ha de ir al reino de Aragón, que estamos en la raya, porque está atemorizado no lo denuncien al obispo y según dicen ha buscado explicación para las palabras si el obispo le llama... (y) debía venir un Secretario, porque los de Molina no son secretos ni limpios".

Los inquisidores de Cuenca no ordenaron que el cirujano Francisco Fernández fuese preso en las cárceles del Santo Oficio, pero sí que se instruyese inmediatamente el proceso por el bachiller Andrés Pérez de la Vega, arcipreste de Molina y Comisario del Santo Oficio, asistido por el cura de San Martín, Pedro de Cisneros, y el beneficiado de San Bartolomé, Francisco Ramírez, que se desplazaron a Alustante los días 18 a 20 de junio de 1596 para recibir la testificación de los numerosos testigos mencionados en la carta.

Las principales acusaciones giraban en torno a la confesión, y Jerónimo de Hermosilla, vecino de Molina, ratificó que estando en la casa del concejo de Alustante, estando en Alustante fray Diego de Orozco, compañero del obispo de Sigüenza, dijeron algunos y este testigo que querían confesar con él y entonces Francisco Fernández dijo que decían que no absolvía y que el que no absolvía merecía le pusiesen un puñal a los pechos. Valió el testimonio de otro testigo, Lázaro Navio, éste vecino de Alustante, declaró que Francisco Fernández se confesaba a Dios todopoderoso y le parece que dijo que no al sacerdote, para tener por ratificado que éste no se confesaba diciendo "tibi pater, ni pater", porque el se confesaba a Dios todopoderoso y no al sacerdote, por lo que el Lcdo. Juan Ochoa, fiscal del Santo Oficio de la Inquisición de Cuenca, mandó que apresaran al cirujano, lo que se hizo en marzo de 1597.

En las diligencias de su apresamiento, consta que el 5 de marzo de 1597 el Comisario ha hecho prisionero e informa por escrito a Cuenca, que el cirujano tiene en el reino de Aragón un hermano y un sobrino facinerosos, y por esta razón, y no haber a Cuenca ningún otro lugar más que Tragacete, determinó traerlo a la villa de Molina, de donde sale en una acémila con un par de grillos y le lleva un Familiar del Santo Oficio y van con él dos hombres de esta villa con armas hasta Villanueva de Alcorón (pueblo de la diócesis de Cuenca). En seguida se le nombró abogado de oficio y en su escrito de defensa, el Letrado defensor Juan Noguer, señala que Francisco Fernández desde la cárcel alega y tacha a los testigos "que son mis enemigos y se han juntado y confesado contra mí, y por ser como soy buen cristiano y temeroso de Dios y de mi conciencia, acostumbrado a hacer y decir lo contrario de lo que se me imputa por los testigos, pido me absuelvan ".

La defensa propuso que testificasen dos testigos apellidados Catalán y Sánchez y otros vecinos de Alustante, que debían ser preguntados: 1º Si tienen noticia del linaje y familia de los López de Alustante; 2º Si Felipe Tercero le tiene odio y le procura todo mal y han tenido entre ambos muchas riñas hasta llegar a las manos, estando jugando una vez a los naipes y otra a la pelota; 3º Si saben que Nicolás López es hijo de Juan López del Cerro y Francisco López del Cerro, su primo, y por su enemistad que los dichos tienen con Francisco Fernández se la tienen a palos; 4º Si saben si Domingo López Laguna, clérigo, y otros parientes le tienen odio al cirujano porque teniendo una tierra tasada a censo, siendo pasado el término en que se había de quitar el dicho, Francisco Fernández dio noticia al Corregidor de Molina y los tuvo presos mucho tiempo y le amenazara.

Por lo que se ve, con éstos y otros datos aportados, el linaje de los Lara era en el siglo XVI el más importante del lugar, aunque los López tenían gran presencia, estando emparentado Domingo López Laguna con Francisco López, de Sigüenza; Diego López, vecino de Motos; Antón López, vecino de Orea; y Gil López, vecino de Alustante. Sabido es que en los procesos inquisitoriales primaba más que la verdad de los hechos, la verdad de los dogmas, siendo la sentencia condenatoria14, acabando el cirujano penitenciado y desterrado, tras unos meses de cárcel.

 

NOTAS

1 Los testamentos son un tesoro para cualquier historiador social y estudioso d e las mentalidades, un documento único para conocer la voluntad última de un sujeto, sus raíces, sus bienes, sus creencias más íntimas, sus relaciones y vínculos, aquello que más atesoraron y de lo que no quieren desligarse, aquello que dejan atado para que otros supérstites ejecuten.

2 Un ejemplar del testamento abierto en la villa de Checa, ante su escribano el 4 de mayo de 1622, se custodia en el Archivo parroquial de Alustante. Otro ejemplar se guarda en el Archivo Diocesano de Sigüenza, Sección Beneficial, año 1632 (sic), dentro de un Infinito legajo demás de mil folios", que "contiene testamento y codicilos (en que reglamenta lo referente a su entierro y a las dos capellanías y obras pías creadas), inventario de bienes, almoneda y una interminable serie de documentos notariales referidos a tierras, juros, censos, etc. pertenecientes al mayorazgo fundado". Agradecemos al sacerdote e historiador Juan Antonio Marco Martínez, estas noticias, así como su trabajo transcribiendo el testamento, que nos hizo llegar Javier Heredia, miembro de la Asociación Cultural de Cubillejo de la Sierra.

3 En el propio testamento explica su significado, así como las diferentes claves, alusiones y citas bíblicas que aparecían en la capilla que fundara en la iglesia parroquial de Cubillejo de la Sierra, que ha sido en el último siglo incomprensiblemente remodelada. El caserío, entre grandes huertas, mantiene su toque de encanto y merece un paseo por sus calles y la visita a la sierra y a la ermita de la Virgen de la Vega.

4 Cabe recordar que precisamente un Juan Ponce de León fue el descubridor de la península de la Florida en 1510, aunque la familia noble de este apellido se encontraba asentada desde hacia dos siglos en Jerez. Cfr. Javier Heredia Heredia, Juan Antonio Marco Martínez y Carlos Sanz Establés. Cubillejo de la Sierra. Historia, Arte y Sociedad. Editorial aache, colección Tierra de Guadalajara nº 38, p. 51

5 En otra cláusula del testamento da cumplido detalle de "que la santa reliquia del Lignum Vía es ligitima, y verdadera, por razon que Doña Maria de Austria Emperatriz de los Romanos, hermana de Don Phelippe Segundo, Rey de las Españas, etc. con autoridad Apostólica que para ello tenia, saco en las partes de Alemania, de un monasterio de frayles Agustinos, un pedaço del Lignum Vía que al¡¡ tenían, con testimonios verdaderos, y en gran merced lo dio para traer a España mi tio Martín Iñiguez Cortes, su guarda joyas, y tapicero mayor, y continuo del Rey de España, con obligación que lo pondría en España, con no menos veneración quella estava; y aviendome dado a mi la mitad dello, con la propia obligación, y lo que resto dio a Pedro de Cisneros su albacea, como de todo lo dicho consta la verdad, por los testimonios que dello estan en la villa de Molina, en la Parroquia de San Martín, donde el fue cura, uno en pergamino con letras doradas, y el sello imperial de la dicha Señora Emperatriz, y otro en latin de los propios frayles de donde se saco". No queriendo separarse de esta reliquia, al parecer incrustada en un crucifijo, la tuvo guardada en Alustante en una cajita y la dejó al final de sus días para veneración de la Cofradía del Santo Crucifijo, que fundara en su localidad natal.

6 Para ser colegial era preceptivo ser "clérigos con, al menos, la primera clerical tonsura, sin pertenecer a ninguna otra profesión religiosa fuera de la orden de San Pedro". Las primitivas constituciones reservaban únicamente tres plazas a naturales de la diócesis de Sigüenza, exigiendo además que los escolares "sean pobres, puesto que este colegio no se fundó para los ricos sino para los pobres", lo que no concurría en el caso de Tercero de León. Constitutiones insignis Collegii Sancti Antonii extra urbem Seguntiam erecti a D. Joane Luppi de Medina (Constituciones primitivas del colegio de San Antonio de Portaceli de Sigüenza) en AHN. Universidades, Libro 1235 F Se encuentran transcritas en Pedro Manuel Alonso, Manuel Casado e Ignacio Ruiz. La Universidad de Alcalá y Sigüenza. Proyección institucional americana. Servicic de Publicaciones de la U.A.H., 1997.

7 "Que se de cada año a un estudiante latino, y a dos si los ay... para que estudien latinidad con Teatinos, si puede ser en Calatayud quatro años... Que se de a un estudiante que oyga facultad de artes, o Teología en Alcalá, y no en otra parte, u Canones, y Leyes, a cinquenta ducados cada un año, ocho años, y al Canonista seys años y este solo puede cursar en Salamanca, porque alli se lee bien esta ciencia... Y por quanto es razon favorecer a los mas abiles, y virtuosos, y alentarlos a ello, quien que si algun estudiante de los de mi llamamiento pretende Colegio, tiniendolo ya cierto, si es el mayor de Alcala, i uno de los quatro mayores de Salamanca, San Bartolomé, Oviedo, Cuenca el Arçobispo, y el de Valladolid, tiniendolo ya cierto, se le preste para la información a cinquenta ducados... Es de los segundos San Antonio de Sigüença, y esta obra pia por su promtitud a de ser preferida a todas... y tambien se preste para los grados a los que se gradúen de mi llamamiento, para grado de Bachiller quinze ducados, para Licenciado veynte y cinco ducados, para Maestro treynta ducados, para Doctos cinquenta ducados, y si va en letras eminente se le socorra para las oposiciones a arbitrio y voluntad de mis Patrones" (Elion).

8 Una descripción acabada de esta cruz parroquial en cuyo anverso figura al centro la imagen de Cristo crucificado, en Antonio Herrera Casado. Orfebrería antigua de Guadalajara (algunas notas para su estudio), en Wad-al-Hayara nº 4 (1977), p. 29.

9 ¿Existen los ángeles? Desde luego en el siglo XVI no lo dudaban: todos los hombres desde niños estamos expuestos a grandes peligros y poseemos nuestro propio ángel. Estos aparecen además con cierta familiaridad en el Viejo y en el Nuevo Testamento. También aparecen entre las primeras invocaciones del testamento de Felipe Tercero. He querido profundizar un poco y he encontrado razones muy humanas y comprensibles acerca de su existencia: 1a primera razón es que las cosas que se quieren mucho no se osan poner solas, sino con compañía...". San Juan de Ribera. Sermones, Tomo Vi. Edicep. Valencia, 2001, p. 25.

10 Cfr. Víctor Navarro Brotons. La actividad astronómica en la España del siglo XVI: perspectivas historiográficas, en Arbor CXLII, 558-560 (Junio-Agosto 1992), pp. 185216. Se refiere, entre otros, a Jerónimo Muñoz, uno de los astrónomos más destacados, catedrático de hebreo y matemáticas en la Universidad de Valencia, para el que "los planetas se movían por su propia fuerza (vis) o naturaleza por el aire cósmico"; Francisco de Tornamira, para el cual "los planetas se mueve por su propia virtud o fuerza conferida a ellos por Dios"; el sevillano Diego Pérez de Mesa, para el que es posible que se mueva la Tierra, aunque es más posible que la Tierra esté quieta; o el fraile Diego de Zúñiga, que llegó a la conclusión de que el movimiento de rotación de la Tierra era imposible por razones de tipo mecánico, aceptando sin embargo que "el Universo pueda ser mucho más grande de lo imaginado hasta entonces, por lo que no se puede decidir con toda certeza si la Tierra está o no en el centro".

11 Juan Pérez de Moya. Tratado de cosas de Astronomía, y Cosmographia, y Philosophia Natural. Alcalá. Juan Gracián, 1573. 248 Págs. + 8 hs. 26,5 cm. Citado por Juan Catalina García. Ensayo de Tipografía Complutense. Madrid 1889. Ficha nº 486. Biblioteca Nacional R. 27.145.

12 Diego Otañez de Escalante. Repertorio perpetuo de los tiempos, muy copioso, conforme a la Reformación y computación de N.B.P. Gregorio XIII. Alcalá. Juan Gracián. 1584. 4 hs + 79 Págs. 21 cm. Cit. por Juan Catalina García nº 596. Biblioteca Nacional R. 28.583.

13 En el catálogo bibliográfico que manejamos aparece una obra menor de Cristóbal Ponce de León, que denota cierta proximidad, incluso parentesco, con las preocupaciones sobre el cielo y la tierra que mantenía el bachiller cura de Alustante. A falta de una investigación más profunda, se trata del Libro de ciencia natural del cielo cô cuatro repertorios del. Alcalá, Juan Gracián, 1598. 206 fols. 14,5 cms. Cit. por Juan Catalina García nº 730. Biblioteca Nacional R. 11.595.

 

14 El Lcdo. Ochoa, promotor fiscal, le acusó en su escrito que "ha hereticado y apostatado de Ntra. Sta. Fe Católica, pasándose y estando en la falsa y reprobada secta del perverso Martín Lutero, pensando que la dicha secta era buena y en ella se había de salvar. Que dijo que él ya se confesaba Dios y que no tenía que hablar al sacerdote, y que tales palabras "tibi pater, ter pater" como tales no las diría, ni nunca las dijo, negando con ello con Lutero ser necesaria la confesión auricular, y conforma de ello para cumplir con la iglesia y no ser sentido que es hereje y cuidar el debido castigo siempre ha buscado confesores a su modo y precavido confesarse con una persona docta. Y que siente mal de los sufragios de la iglesia, nunca le vieron hacer decir misa por las ánimas ni difuntos y cuando va a la iglesia o sermón por cumplimiento, porque siempre está en ellas parlando, murmurando, haciendo mofa y escarnio de la palabra de Dios y de los predicadores y ceremonias eclesiásticas, porque todos los que lo ven están escandalizados persuadidos que está muy tocado de la dicha secta luterana. Y como hombre interesado ha querido persuadir a los labradores de poco saber que los clérigos no pueden dar licencia para comer carne a los enfermos sin que primero preceda la del médico y hace muchas vejaciones a los pobres llevándoles indebidos presiones por su oficio suspendiéndola hasta que le hagan cédula de la paga que él insta, que por una sangría sola ha llevado dos ducados y con otras muestras de poca caridad, crueldad y mala cristiandad. Que calla y encubre a otros herejes, porque no sean castigados, y aunque ha sido amonestado que diga y declare la verdad no lo ha querido hacer, y como mal cristiano se ha perjurado". Pidiendo, por todo ello, la sentencia de excomunión y estar de ella ligado las demás penas por leyes pragmáticas de este Reino, le manden relajar la Justicia y brazo secular, declarando sus bienes estar confiscados y pertenecer a la Cámara y Fisco del Rey" (Cuenca, octubre de 1597). Archivo Diocesano de Cuenca. Inquisición. LEG. 340 n'º 4853. 

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