todos los libros sobre Guadalajara en aache ediciones
patrocinado por aache ediciones

Cosas del Señor

de Francisco G. Marquina

cosas.JPG (16651 bytes)

Ediciones Optima, Madrid-Guadalajara, 1998, 576 páginas.

Antonio Herrera / Libros Uno por Uno, 16, Invierno 1999.
Hay libros de muy difícil catalogación. Cela decía que novela es cualquier libro al que debajo del título se le escriba esa palabra. Y hoy ya ni siquiera a lo que está hecho de hojas de papel y tiene cubiertas de cartón se le puede llamar libro, porque puede contener desde instrucciones de uso a soflamas en pro del voto a un partido.
Lo que acaba de escribir y publicar Francisco García Marquina es, realmente, un libro. Y puede que sea una novela, si así lo desea el lector. En cualquier caso, lo que Cosas del Señor sea va a ir emparejado con un aplauso, con una carcajada, con un vítor firme al terminar de leerlo. Con una satisfacción inmensa de ser alcarreño, de vivir en una tierra en la que, posiblemente, vivieron gentes y pasaron cosas como las que en este libro se cuentan. Porque si en el siglo XIV, según narra el autor, la Alcarria y sus pueblos y sus vegas estaban tan llenas de vida, y en ella bullía tan intensamente la sabiduría, el buen ánimo, la fe en el sexo, y el miedo al más allá de la muerte, es señal de que la vida explosionaba en cada caserón, y los castillos (léase el de Torixa), los monasterios (el de Sopetrán por ejemplo) y los molinos (como el del protagonista Nicoás Priego, sobre el río Umbrío, el que pasa por Caspueñas) estaban cuajados de energía vigorizante, de alegrías y miedos que construían seres humanos perfectos.

Una novela alucinante

En Cosas del Señor leemos mil y una historias prendidas en un hilo común. Más de doscientos personajes surgen entre sus líneas, repartidos por pueblos, paisajes y edificios que están todavía visibles, vivos en su mayoría, cerca de nosotros. La Alcarria de Brihuega, del Badiel, de Torija, los llanos altos y fríos sobre los valles rumorosos y verdes, tienen en este libro una carga de historias humanas que ciegan y enamoran.
Es este un libro universal, una mezcla de historias que valen para ser leídas en cualquier sitio y desde cualquier perspectiva. Porque si tiene un tempus (el siglo XIV) y un locus (la Alcarria de Guadalajara), el carácter multiforme que el autor da a su historia/s es de una validez continua, amplia y humanizante.
La sucesión de sensaciones, de emociones y de sonrisas que provocan en el lector la lectura de esta novela, justifica la proposición que aquí hacemos de correr, ya, a por ella, y empezar a leer su inicial descripión del río Umbrío, para no poder parar hasta rematar con el destino, un tanto administrativo y triste, del protagonista, el molinero Nicolás  Priego, a quien se le toma el cariño necesario como para reiniciar la lectura de la obra con sólo llegar al remate de ella. Es un libro cíclico, una calendario que deja pasar, sin fin y con coda, las hojas todas de su letanía.

El autor de la maravilla

Francisco García Marquina es un escritor de consolidada pluma y gesto llano. Sus muchos libros de poesía, de ensayos y descripciones, cuajan en esta su primera novela, todo un monumento medieval, eterno, hecho con las finas y sutiles piedras del mejor idioma castellano. Meticulosamente trabajados los ambientes, los protagonistas, las escenas. Con una mezcla sabrosísima de realidad y ficción, Cosas del Señor es, ya, una novela redonda para la historia de la literatura castellana en este fin de siglo. Y para contento de nuestros forofos bibliófilos alcarreñistas, una de las mejores obras que se han escrito jamás sobre nosotros.

Este artículo aparece en Libros Uno por Uno, nº 16, invierno 1999.


 [Volver a Revista LIBROS Uno por Uno]

© AACHE Ediciones - Guadalajara - ediciones@aache.com - enero 14, 1999