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Las Salinas de Imón

En segunda edición ya, acaba de aparecer un libro dedicado a la salinas de la comarca de Atienza. Un libro de amplia aceptación, escrito por el profesor Trallero Sanz, director de la Escuela de Arquitectura Técnica de la Universidad de Alcalá, con sede en Guadalajara, y de dos de sus alumnos, Vanesa Martínez Señor y Joaquín Arroyo San José. Un libro lleno de información de fácil lectura y testimonio de unos espacios, como son fundamentalmente las salinas de Imón, que fueron eje de una tierra en tiempos antiguos, y hoy han quedado en meros fósiles industriales, aunque afortunadamente todavía vivos, gracias al interés de muchas personas por preservarlos e incluso reacondicionarlos.

Tuvo esta obra su origen en un trabajo universitario, que finalmente se complementó con fotografías y planos, alcanzando en 1999 un importante premio de temas analíticos del patrimonio arquitectónico español. Agotada su primera edición, que ha sido recabada desde los más variados lugares de toda Europa, pues está aumentando en todo el Continente el interés por los espacios salineros, de los que Imón y su entorno es uno de los mas curiosos, la editorial AACHE ha puesto en nuestras manos una segunda edición, dentro de su colección dedicada monográficamente a los monumentos y espacios histórico-artísticos de Guadalajara. Al clásico texto anterior se ha unido una breve referencia final sobre todos los espacios salineros de la provincia, escrita por Antonio Herrera, Cronista Provincial.

El índice de la obra nos da la pista de su contenido: una visión sucinta de la geología que posibilita la aparición de sal en abundancia en pequeños ríos de la meseta castellana; la historia de la comarca, siempre dirigida desde la catedral de Sigüenza; el catálogo exhaustivo de los yacimientos salinos del entorno de Imón; y finalmente la descripción meticulosa de estas salinas: sus edificios, las funciones de sus cuadriculados depósitos, de sus enormes almacenes, de sus norias y caminos... los almacenes de San José y de San Pedro, como elementos definitorios del espacio, rodeados de cientos de pequeños estanques que en unas épocas del año están llenos de agua (el río Salado, por supuesto, es el que las llena) y otras blancos y brillantes, exhibiendo al sol la sal que cuajó tras la evaporación de las aguas del río. Todo ello en un paisaje de sobriedad absoluta, en el que parece que estas salinas le ponen un encaje de bolillos a la parda tierra.

Encaje que se repite por muchas otras aldeas del entorno de Sigüenza y Atienza. Así ocurre en Cirueches, término de Carabias; en La Olmeda de Jadraque, donde existen unas salinas de rancio abolengo también, en uso aún. En Cercadillo, muy cerca de Santamera, donde las salinas del Gormellón tienen la fuerza de una tradición de siglos. En Rienda, que aún ofrece sus estanques medio llenos medio vacíos. En Riba de Santiuste, en Valdealmendras, en Alcuneza..... son recuerdos apenas, huellas leves de la sal y la riqueza de tiempos medievales, que en el entorno de Sigüenza y de Atienza el viajero encuentra casi como por milagro.

El libro se presentó en Guadalajara, mediado el mes de julio de 2003, en el contexto de un acto conjunto con la Asociación de Amigos de las Salinas de Interior, que batallan desde hace años por proteger este entorno, sus edificios, y todo lo que tienen de tradicional en arquitectura y costumbrismo.

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Este artículo aparece en Libros Uno por Uno, nº 27, otoño 2003


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© AACHE Ediciones - Guadalajara - ediciones@aache.com - agosto 14, 2003