Alcalá de Henares

Iglesia de las Madres Bernardas en Alcala de Henares

Convento de San Bernardo

Más conocido como "las Bernardas de Alcalá", preside este convento la plaza de San Bernardo, que con sus edificios colaterales del Palacio Episcopal y el Museo Arqueológico, forma uno de los entornos más evocadores del viejo Alcalá barroco. La fachada del templo se hace difícil de ver y fotografiar en su conjunto, pues una tupida vegetación, de la que sobresalen algunos abetos gigantes, la oculta. Pero el ambiente gana en intimidad y expresión. Sin duda este convento es el más hermoso, curioso y valioso de todos los edificios religiosos de la ciudad.

Porque es distinto a todo, único en España. Lo fundó el arzobispo toledano y señor de la ciudad, a comienzos del siglo XVII, Bernardo de Sandoval y Rojas. Con objeto de tener, anejo a su palacio, y utilizable desde él a través de pasadizos y tribunas, un templo de su gusto. Se creó para albergar a 24 monjas cistercienses, todas ellas pertenecientes a la familia del fundador, más seis freilas que fueran a su vez familia de sus criados. La historia del cenobio es en sí anodina, a no ser los recuerdos que despierta la grandiosidad del fundador y sus intenciones, así como las riquezas de que estuvo dotada la comunidad, que hoy ya no reside en él. Hubo de derribarse para su construcción una gran parte del antiguo barrio morisco de la Almaxara, y se circuyó por el norte con la muralla de la ciudad, englobando la puerta de Burgos, que se sustituyó por el actual arco de San Bernardo. Forma un eje rectilíneo, de sur a norte, en el que se sucede la plaza pública que preside, la iglesia, la clausura, los patios o claustros, y la huerta.

El autor del edificio, con su proyecto y dirección de obra, es el arquitecto Juan Gómez de Mora, a quien ayudó como maestro de obras el alcalaíno Sebastián de la Plaza. El modelo en que se inspiró el arquitecto es el de la iglesia romana de Santa Anna de Palafrenieri, obra de Vignola, quien tomó a su vez la idea de la imaginación y teórica de la Arquitectura de Serlio.

La portada es solemne en su grandiosidad y amplitud. Como todo lo complutense se forma de paramentos de ladrillo con detalles ornamentales en piedra caliza blanca. Tres cuerpos lo forman, divididos por impostas de piedra. En el inferior, tres puertas, de las que solo la central accede al templo, y las laterales darían paso a capillas laterales. Sobre la imposta aparecen en letras capitales romanas las palabras que explican que el fundador fue doctor por Alcalá, arzobispo, cardenal, inquisidor general y fundador de este convento en 1618. En el segundo cuerpo hay una hornacina central con escultura de San Bernardo (probablemente de Pereira) escoltado de dos óculos ovalados enrejados y de otros tantos escudos del fundador, tema que se repite, aún más rico en ornamentación, en el tercer cuerpo, que se escolta de sendos alerones, y remata en frontón triangular con óculo central y pináculos de bolas.

La iglesia es lo más interesante. Se trata de un templo de nave única y planta elíptica, con una cubierta de cúpula del mismo trazado, decorada con figuras geométricas. En sus muros se abren seis capillas, cuatro de ellas también de planta elíptica, con diferentes tamaños de sus portadas. Sobre el muro alto se abren balcones coronados del escudo del fundador, donde las monjas se ponían a oir misa, o los invitados que acudían a las solemnes celebraciones de este convento. Desde las capillas que hay junto a la fachada, se accede por pasadizos estrechos hasta el presbiterio.

Este ofrece otras características singulares: no tiene retablo, sino un baldaquino central, lujosamente tallado y policromado en madera, con múltiples arquitecturas y tallas de santos originales del taller de Giraldo de Merlo. El tabernáculo interior centra este baldaquino que es de cuatro caras (a cuatro faces) lo que permitía celebrar cuatro misas al mismo tiempo. Semeja un templo que, como si fuera una maqueta del que lo alberga, es de planta y cúpula eliptica.

Los muros del presbiterio están cubiertos por multitud de pinturas que, al igual que las que decoran las capillas laterales del templo, fueron ejecutadas en el siglo XVII por el italiano Angelo Nardi, pintor de cámara de Felipe III, y entonces de lo más cotizado en punto a temática religiosa, por su originalidad y calidad. El color del barroco se expresa con amplitud en esta impresionante colección de pintura, que constituye por sí sola un museo, pues ha sido catalogada como lo mejor que hizo en su vida este artista.

En la clausura se encuentra el claustro, enorme de dimensiones, con pilastras de planta cuadrada, de piedra, en su nivel bajo, y paramentos cerrados de ladrillo, con ventanales, en el alto, marcando un arquetipo de arquitectura claustral complutense. Múltiples salas, algunos patios, una huerta.... conforman este enorme convento, en el que además se guardan colecciones densas de obras de arte barroco español, entre ellas muebles de ricas maderas, casullas, piezas de orfebrería, el sillón del cardenal Sandoval y la arqueta de Carlos V en la que reposaron muchos años los restos del Cardenal Cisneros: está realizada en madera de ébano y recubierta de placas de plata representando escenas militares en que intervino el Emperador.

de Equipo Paraninfo | Alcalá de Henares de un vistazo | AACHE Ediciones, 2002

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