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Detalle de las pinturas de estilo colonial que decoran las techumbres de este convento

Almagro. Convento de San Agustín

La fundación de este convento de la Orden de San Agustín, en la ciudad cabeza de la de Calatrava, se debe a la disposición de doña María de Figueroa, en 1634, tras la decisión de toda su familia de dedicar una gran cantidad de sus bienes a este instituto. Durante mucho tiempo, los jesuitas se opusieron y dificultaron la instalación de los agustinos, que ya residían en la ciudad. No obstante, y gracias al apoyo de la población, del Concejo y del Rey, se instalaron y aunque con mucha lentitud, construyeron el convento y su aneja iglesia, cosa que a principios del siglo XVIII ya estaba concluida.

Con la Desamortización, el convento fue suprimido, y vendido su edificio a particulares, que lo derruyeron y quisieron aprovechar los retablos para extraerles el oro. La ciudad lo impidió, y la iglesia con sus retablos se salvó, aunque en la Guerra Civil fueron finalmente quemados, restando hoy solamente la iglesia, que es en todo caso, un edificio excepcional del arte barroco castellano-manchego.

Vemos su portada al inicio de la calle San Agustín, haciendo la iglesia esquina con la plaza monumental de Almagro. Consta la portada de un arco medio punto, con molduras jónicas y rosetas en el trasdós, sobremontado de un entablamento en el que apoya un segundo cuerpo con pilastras y frontón en el que aparece una cruz y dos putit sosteniendo con sus manos una Custodia con la Sagrada Forma. Bajo ellos aparecen el sol y la luna, que fueron utilizados como símbolos por San Agustín para establecer la relación prefigurativa de los dos Testamentos. Otros elementos ornamentales de la puerta, haibtuales en las fundaciones agustinas, tan dadas al simbolismo, son el “corazón en llamas”, atributo del amor divino y de la iluminación de San Agustín, y la mitra,  por haber sido obispo de Hipona.

 La planta del templo es tres naves, con la central más amplia que las laterales. Al estilo de los jesuitas (y a pesar de la enemistad que mantuvieron en Almagro las dos órdenes) las laterales son mucho  más bajas, mostrando en su parte, y de cara a la principal, balcones. La nave tiene cuatro tramos, con cubierta de bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos en los que se abren ventanas. Culmina con un crucero cubierto por una cúpula hemiesférica. Y el templo remata con una cabecera conteniendo el presbiterio de testero plano con camarín adosado por la parte posterior. En los pies se sitúa el coro alto separado de la nave por un gran arco carpanel con balaustrada de madera.

La decoración de las bóvedas de esta iglesia es lo más sorprendente e inusual de la misma. Con un ritmo, un color y una riqueza y variedad de formas, tanto en los frescos de las bóvedas como en los estucos policromados, inmediatamente lleva al espectador a recordar el ambiente barroco de las iglesias andaluzas, y más aún el de las coloniales de la Nueva España o  el Perú. Estas pinturas ofrecen una gran variedad de temas, y un complejo mundo simbólico que merece ser contemplado con reposo y afán de comprensión. No es este el lugar para explicarlo, existiendo ya algunos libros en que se describe con minuciosidad. Solo para centrar al lector, y orientarle en la visita de esta iglesia Agustina, referir aquí que los temas son de tres tipos: ha detalles estrictamente decorativos, otros simbólicos, y finalmente escenas narrativas.

Los elementos decorativos tienen como misión crear un ambiente de relativo lujo, y dar a los fieles la idea de estar en un lugar antinatural, por tanto, suprahumano. Esto se consigue a base de repartir por bóvedas y lunetos, con vivos colores pintados, una serie generosa de grutescos, arquitecturas ficticias, hojas de acanto, flores, frutos, pájaros, cortinajes, lazos y borlas, jarrones...  Los símbolos, utilizados con profusión a partir del Concilio de Trento, son además muy representativos de la Orden Agustina, que los utiliza en fachadas, altares, bóvedas y elementos efímeros. La conocida tenden­cia hacia lo patrístico y lo teológico de los agustinos se evidencia en esta iglesia de Almagro con la presencia, en los plementos de la cúpula, de imágenes empleadas como signos de ideas abstractas que incluyen el Cáliz, el Pez, el Áncora, la Paloma, el Cordero Místico y la Custodia. Se ha interpretado el complejo aparato simbólico de los techos de San Agustín de Almagro con la representación de la primitiva iglesia cristiana, evocada a través de un sofisticado discurso teológico que alude a la Esperanza de la Salvación (El Áncora), conseguida a través del sacrificio de Cristo (el Cordero Místico) y de la Eucaristía (representada por el Cáliz, el Pez, la Custodia y la Paloma). Hay además numerosas referencias alegóricas a la Virgen, especialmente en las bóvedas bajo el coro y en la los techos del presbiterio

Finalmente, las escenas narrativas que aparecen en estas bóvedas tienen la misión de servir, una vez más, de “Biblia pauperum” o sermones permanentes y gráficos, que tratan de recordar a los fieles aquellas historias que han oido una y otra vez en las ceremonias religiosas. Se pueden ver numerosas “vidas de santos”, entre las que destacan las del titular, San Agustín, memorado en escenas como la Visión de San Agustín y el  Lavatorio de los pies del peregrino, más la de San Agustín recibiendo la Revelación del Santísimo Sacramento. San Agustín predicando, San Agustín combatiendo a los herejes, etc. En todo caso es este un templo que ofrece unas características artísticas, especialmente en su interior, muy singulares y únicas en todo el conjunto del patrimonio artístico conventual de Castilla-La Mancha.

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
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