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Un escudo heráldico en la escalera principal del monasterio calatravo

Almagro. Monasterio de calatravas de la Asunción

Este monasterio debe su fundación al Comendador Mayor de la orden de Calatrava Don Gutierre de Padilla, quien hizo donación, en 1504, de una gran cantidad de dinero para la construcción de un hospital en la villa de Almagro. Pero fue años más tarde, en 1523, cuando el Capítulo General de la Orden de Calatrava celebrado en Burgos, decidió que la situación de protección hospitalaria en Almagro estaba más que garantizada, y destinaban el dinero del comendador para fundar un gran monasterio de féminas calatravas. Fue muy lento el proceso de fundación, construcción e inicio de las actividades monjiles. En 1544 ya se habían iniciado las obras y entonces llegaron las cuatro primeras monjas, procedentes del convento cisterciense de San Clemente en Toledo. Las molestias causadas por las obras y las quisquillosas interferencias de los dignatarios calatravos hicieron que pronto la abadesa, doña Inés Carrillo de Guzmán, tomara la decisión de volver a su convento de origen. Nueva fundación se hizo entonces con monjas venidas de las Huelgas de Burgos, que ya lo poblaron hasta 1815, en que la comunidad fue repartida por monasterios de Toledo, Madrid y Burgos pertenecientes a la Orden. A partir de entonces, y hasta la exclaustración desamortizadora de 1836, el monasterio estuvo poblado por freires calatravos. Pasó todo, finalmente, al Estado, y probablemente su declaración como Monumento Histórico en 1851 le salvó de la ruina. Aunque así y todo durante medio siglo se utilizó de almacén de trigo y de vino, pasando a ser ocupado en 1903 por una comunidad de dominicos, que le salvaron aún haciendo numerosas reformas, no todas afortunadas. Pero se salvó este maravilloso conjunto monasterial, joya del arte del Renacimiento en España, y tanto la iglesia como sobre todo el claustro, son hoy elementos que pueden, y deben, admirarse en la obligada visita a esta ciudad de Almagro, que ya debería ser Patrimonio de la Humanidad, por la cantidad y calidad de recuerdos monumentales que atesora.

La iglesia de las calatravas es construcción de comienzos del siglo XVI, por lo que su estilo se corresponde fielmente con el gótico flamígero que en el reinado de los Reyes Católicos se propaga y aún se usa en el de su nieto Carlos I. Tiene una sola nave con capillas laterales abiertas entre los contrafuertes, con un ábside poligonal por cabecera. Los cuatro tramos del templo se cubren por bóvedas estrelladas con nervaduras de piedra.

Este templo tuvo diversos accesos o portadas. Uno de ellos, en los pies del templo, sobre la nave del evangelio. Está concebida como un arco de triunfo, y se articula en dos cuerpos superpuestos, enlazados por aletas y pirámides con bolas. En el cuerpo bajo, un arco de medio punto se escolta de dobles pilastras cajeadas, con adornos de candelieri y escudos de los Padilla, mientras que en el entablamento se ven en relieve ocho dragones enfrentados alternando con tondos presididos por la Cruz de Calatrava. Un gran escudo del emperador Carlos, a la sazón gran maestre de la Orden, preside el conjunto. Hay otra portada, hoy cegada, pero muy interesante, que daba acceso al templo a nivel del crucero en la nave del evangelio, y que ofrece también estructura de arco triunfal con abundante decoración de motivos platerescos. Estas puertas son muy posteriores a la construcción del templo, y pueden fecharse a mediados del siglo XVI, cuando se levantó el claustro principal del monasterio.

Se ha atribuido la autoría de puertas y claustro a Enrique Egas, el Mozo, discípulo notable de Alonso de Covarrubias, de quien recoge y utiliza formas y estructuras. Hijo del arquitecto constructor de San Juan de los Reyes en Toledo (mundo gótico) y alumno predilecto de Alonso de Covarrubias (mundo renacentista) Egas consigue en este edificio de las calatravas de Almagro su obra más perfecta. Porque aunque cronológicamente existen dificultades para hacerle autor y director de la obra, dado que el claustro estaba construyéndose en 1523, cuando Egas el Mozo lo era aún en demasía, sí que es cierto que él vive e interviene en el monasterio de la Asunción a partir de 1548, y que años más tarde se acabaría de construir este perfecto ámbito religioso. Así pues, y en opinión de diversos investigadores, entre ellos Azcárate Ristori, el claustro de las calatravas habría sido trazado por el arquitecto Francisco de Luna, maestro mayor de las obras del convento santiaguista de Uclés, hacia 1521. Podría haberlo iniciado, incluso participado en las obras el también conquense Pedro de Huelmes, activo en Uclés, pero estilísticamente, esta obra cae perfectamente en la órbita estilística de Enrique Egas hijo.

Debe ser calificado el claustro de la calatravas de Almagro como uno de las más hermosos espacios arquitectónicos del Renacimiento español. Sus dimensiones, sus proporciones, su ornamentación, la limpieza de su talla en capiteles, grutescos, tondos y escudos, le hacen una obra perfecta, inolvidable. Su planta es prácticamente cuadrada (26 m x 25,30 m.). Se forma de dos galerías superpuestas con un total de 60 columnas de morfología clásica, (jónico abajo y toscazo arriba) talladas en piedra arenisca de la zona y mármoles blancos de Carrara. La articulación de los elementos en una clara obediencia a las normas dadas por Serlio en sus Reglas generales de arquitectura, publicado en Toledo en 1552, nos hacen pensar nuevamente en una data más avanzada para este patio. Así, por ejemplo, los arcos de la galería baja son perfectamente de medio punto, mientras que los de la alta se hacen ligeramente escarzanos, para ofrecer un mayor vuelo al entablamento. Todo revela la mano de un maestro conocedor a la perfección de la mejor arquitectura del Renacimiento. Y en muchos detalles, con las lógicas variantes, nos hace recordar los claustros del Hospital Tavera de Toledo, y del convento de la Encarnación de Albacete, que hemos visto unas páginas antes, y que fueron construidos a partir de mediado el siglo XVI.

El claustro de este monasterio se avalora con la decoración tallada que aparece en las nueve puertas y tres ventanas que se distribuyen por ambas plantas. Son motivos claramente sacados de las Medidas del Romano de Sagrado y de otros repertorios clásicos, así como de las mejores obras de Covarrubias.  En estas puertas abundan los detalles a candelieri, grutescos limpios, representaciones de los Evangelistas, escudos de armas de los Padilla, de los Albornoz, y de los Dávila, medallones con caras infantiles y femeninas, estas posiblemente representando la Venus Coelestis y la Venus Vulgaris, alegorías de la vida contemplativa y de la vida activa que se supone conjugaban las religiosas calatravas. Y muchas otras cabezas de hombres barbados y lampiños, guerreros y monjes, perros y lechuzas, en una mezcolanza plural y variadísima, que hace de este claustro un lugar de asombro, entretenimiento y sabiduría arcana.

En las dependencias que nacen del claustro (Sala capitular, dos refectorios, y otras salas, hay algunos artesonados de tallada madera, en sus dos variantes típicas: el sistema de alfarje, o techumbre plana, y el de limas o artesa. El mejor es el de una de las salas superiores, de tipo artesonado con faldones laterales decorados con profusión de lacerías mudéjares en el almizate y los tirantes.

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
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