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Las ruinas de la portada plateresca de los dominicos de Villaescusa de Haro.

Villaescusa de Haro. Las ruinas de los dominicos

Lo fundó y dotó el mecenas local, don Sebastián Ramírez de Fuenleal, en 1542, siendo concluido su templo, magnífico, en 1547.

El origen de esta fundación está en el paso, como predicadores ambulantes, de dos dominicos, fray Pablo de la Cruz y fray Gaspar Portugyés, en 1535, iniciando a solicitud de la población el establecimiento de un mínimo convento, contando desde su inicio con la licencia otorgada por el entonces obispo de Cuenca don Diego Ramírez de Villaescusa. Quedaron junto a la ermita de Santa Bérbara dos años, y luego se acogieron a unas casas de la calle de San Pedro, hasta que en 1539, recién llegado de América, don Sebastián Ramírez de Fuenleal les apoyó totalmente, adquiriendo para construir un gran convento el solar necesario. Su aportación de 10.000 ducados fue decisiva, pero no bastante para terminarlo. A su muerte en 1547 continuó el apoyo de su sobrino don Diego Ramírez Sedeño de Fuenleal, obispo de Pamplona, quien dio por concluido todo el conjunto.

En su construcción intervinieron los mejores arquitectos del siglo XVI, pues las obras se alargaron durante todo este siglo y parte del siguiente. El edificio es de estilo plateresca, tanto en la fachada, como en la planta, distribución de espacios y decoración de los elementos sustentantes. El convento se estructuraba en torno al claustro, de planta cuadrangular, con unos 40 metros de longitud por cada panda. Su nivel inferior, de arcos levemente aplanados, estaba cubierto por bóvedas de crucería, y desde la planta alta se accedía al coro de la iglesia y a las dependencias conventuales. La iglesia tenía numerosas capillas abiertas en los laterales a la nave única. Así consta la existencia de las capillas de la Concepción, San Jacinto, Santa Ana, Santa Rosa, San Vicente, el altar mayor con el cuadro de la Invención de la Cruz, además de la Santa Cruz que fue regalo de la marquesa de Villena, los altares de Santo Tomás, San Pedro, Santa Catalina de Siena, Santo Sepulcro, San Antonio y Santo Domingo Soriano, todos santos de la orden dominica.

Contaba con una de las mejores bibliotecas de la Orden, y gozó de buena salud material y espiritual hasta la guerra de la Independencia en que fue utilizado por las tropas francesas al mando del general Fontaine. Luego, en 1835, sufrió los rigores de la Desamortización, siendo poco después incendiado y sus materiales vendidos por el Estado, en 4.000 reales, a Eugenia de Montijo (1858) quien por entonces los necesitaba para las tareas de restauración de su castillo de Belmonte. En 1868 ya solo quedaba la iglesia, sus muros solamente, y su fachada, siendo luego vendido a particulares, y hoy ha sido recuperado por el Ayuntamiento, que tiene intención de restaurarlo y dedicarlo a usos culturales.

De aquella casa de frailes predicadores solamente quedan hoy las ruinas de su templo, del que afortunadamente se ha salvado la fachada, orientada al mediodía, y que es una joya de la arquitectura plateresca castellana. Un arco triunfal entre pilastras se corona por gran ático cuajado de hornacinas que contuvieron santos, y de escudos del fundador y de la Orden orlados de guirnaldas triunfales. Y el interior del templo, sin cubiertas, pero con los pilares sustentadores y el arranque de las bóvedas, más los arcos que cubrían las capillas laterales, viéndose el prodigio de decoración plateresca que caracterizó a este magnífico templo dominico.

La figura de don Sebastián Ramírez de Fuenleal, que aparece aquí por ser el fundador de los dominicos de Villaescusa,  es de tal importancia en la historia de nuestra región que no podemos pasarla por alto en este momento. Sobresalió como legislador, gobernante y obispo, destacando como defensor de los derechos humanos de los indios americanos desde sus puestos de Presidente de la Audiencia de Santo Domingo y luego de la Audiencia de Nueva España (México) y del Consejo de Indias en Valladolid. Nació este personaje en Villaescusa de Haro en 1490, siendo bautizado en la Parroquia de San Pedro Apóstol. Su familia está emparentada con los Ramírez Arellano, siendo sobrino de don Diego Ramírez de Villaescusa, obispo que fue, entre otras sedes, de Cuenca y el que construyó la Capilla de la Asunción de Villaescusa de Haro. Muy joven ingresó en la Universidad de Valladolid (Colegio Mayor de Santa Cruz), donde se licenció en Derecho Canónico, y poco después, en 1520 ocupó el cargo de inquisidor en el Tribunal de Sevilla, pasando enseguida a ser presidente del Concejo de la Mesta y oidor de la Chancillería de Granada. Con 30 años recién cumplidos, es nombrado Obispo de Santo Domingo en la isla Española, siendo nombrado unos meses después Presidente de la Audiencia de Santo Domingo con el fin de sanear y agilizar el gobierno colonial de la isla. Allí creó escuelas, construyó pueblos, fomentó las obras públicas, y se ocupó de la Pasó después a ser presidente de la Segunda Audiencia de Nueva España mandando construir un acueducto para llevar agua a la ciudad de México, y fundando la ciudad de Puebla de los Ángeles, centro muy importante del criollismo novohispano, firmando el decreto de construcción de la catedral de México. Regresado a la península, en 1537 el rey Carlos I le nombró Presidente de la Chancillería de Granada y obispo de Tuy. En este año residió unos meses en su pueblo natal, Villaescusa de Haro, y fue entonces cuando fundó e inició las obras del Convento Dominico de la Santa Cruz . En 1542 tomó posesión del obispado de Cuenca, aunque residía en Valladolid para continuar su tarea de presidir la Chancillería. En estos años se promulgaron “Las Leyes Nuevas para la gobernación de las Indias” en las que intervino como redactor.  Murió en la capital castellana, a los 57 años de edad, tras una prolongada enfermedad. Según su expresa voluntad sus restos recibieron sepultura en este Convento de Dominicos de la Santa Cruz de Villaescusa.

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
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