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 A Tendilla se
llega por la carretera que va de Guadalajara a Cuenca, la
N-320. Desde Guadalajara hay 15 minutos, desde Madrid,
media hora más. La calle mayor del pueblo es
espectacular, toda alargada más de 2 Kms. escoltada por
soportales, llenos de tiendas, anticuarios, bollerías,
etc. Y en un cerro cercano al pueblo, en medio de un
pinar, las románticas ruinas del antiguo monasterio
jerónimo de Santa Ana. Cualquier día puedes subir a
verlas, y si quieres saber más de su historia, desde
aquí puedes hacerlo.
Imágenes de Tendilla |
Texto de Tendilla | Más sobre Tendilla
Monasterios
de Guadalajara
Ruinas del Monasterio de Santa Ana
de Tendilla
(del libro Monasterios Medievales de Guadalajara, AACHE Ediciones)
La
Historia
Sabemos por las
referencias que del cenobio nos dio el padre fray José
de Sigüenza en su Historia de la Orden de San
Jerónimo, que este monasterio estaba construído en
un estilo que cabalgaba entre las tradicionales formas
góticas y las nuevas renacentistas, y puede calificarse
sin duda como una de las primeras edificaciones del nuevo
estilo del Renacimiento que de la mano de los Mendoza se
introdujo en España. La iglesia, de una sola nave,
construída en estilo gótico flamígero, presentaba un
testero sobre el que apoyaba un magnífico retablo de
pinturas, que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes
de Cincinati (USA) debido a los pinceles del círculo que
creó en España, en los inicios del siglo XVI, el
flamenco Ambrosio Benson, destacando las figuras
centrales de San Jerónimo y el Calvario, así como las
de la predela con San Francisco, Santa Isabel y San
Sebastián. Su estructura, del tipo que ha dado en
denominarse "conventual", era de una sola nave,
y en ella las bóvedas apoyaban sobre arcos de tipo
apuntado con óculo, constituyendo una variante
arquitectónica de las iglesias alcarreñas de la época.
La cabecera del templo, que es lo poco que del mismo
queda en pie, ofrece unos arcos muy apuntados reposando
en ménsulas lisas. De ellas nacen los nervios de la
bóveda que sin duda serían de tercelete y muy combados.
Este edificio, a pesar de estar patrocinado por los
Mendoza alcarreños, y de haber tenido quizás un
arquitecto director del círculo mendocino de Vázquez,
Guas ó Trillo, es todavía plenamente gótico, más
próximo, por lo tanto, a las normas de los Adonza.
La sacristía, sin embargo, era la pieza más alabada por
todos, y se constituía en un recinto donde las formas
renacentistas más iniciales tenían su cabida. Según el
cronista fray José de Sigüenza, parece nave de
Yglesia principal de mucha autoridad. Añadía dos
claustros y otras dependencias propias de un monasterio
de reducidas dimensiones. Las ayudas para hacerlo bello y
acogedor no faltaron nunca, al menos en sus tiempos
iniciales. Así sabemos que "el duque biejo labró
[en el monasterio] un cuarto con buenos
aposentos...", y los marqueses de Cañete
"todas sus limosnas las emplearon en hacer un
claustro mayor y les ayudó a cubrirlo el marqués de
Cañete y los naturales del lugar".
Este monasterio jerónimo se fundó en 1473, a instancias
del primer conde de Tendilla, don Iñigo López de
Mendoza, y su esposa doña Elvira de Quiñones. En el
lugar en que asentó, había desde la remota Edad Media
instalada una ermita dedicada a Santa Ana para la que don
Iñigo consiguió del Papa un jubileo plenísimo
en el se ganaban indulgencias similares a las de
peregrinaciones a Roma, Jerusalén ó Santiago. Con el
dinero que en esas romerías dejaron durante años los
fieles peregrinos, el conde inició la construcción del
monasterio y se lo ofreció a los jerónimos de Lupiana,
que no aceptaron hacerse cargo de él, por lo que fue
nuevamente ofrecido a los jerónimos ermitaños de San
Isidro de Sevilla, capitaneados por el disidente fray
Lope de Olmedo, que aceptaron. El 25 de agosto de 1473
los condes extendieron su carta fundacional ante el
escribano Juan Páez de Peñalver, y la atenta mirada y
aprobación del vicario jerónimo fray Juan Melgarejo.
Se inició su construcción en ese año y con la ayuda
económica del conde de Tendilla enseguida pudo albergar
una comunidad de monjes pardos que se dedicaron a la
oración y la vida contemplativa. Los condes adquirieron
a perpetuidad el patronato de la capilla mayor y el
derecho a ser enterrados en ella, junto al altar. Así
ocurrió con los fundadores, que a su muerte en 1479
quedaron sepultados bajo unos artísticos mausoleos de
corte gótico, tallados en alabastro por el mismo autor o
taller que el Doncel de Sigüenza. El hijo de los condes,
el que fuera obispo de Palencia y finalmente arzobispo de
Sevilla, don Diego Hurtado de Mendoza, favoreció
generosamente al cenobio, pagando el retablo, y muchas
joyas. Quedó también enterrado en su capilla mayor,
aunque luego lo llevaron a la catedral sevillana, donde
hoy descansa bajo un mausoleo trabajado por Doménico
Fancelli.
Tanto los sucesivos señores de Tendilla, como los más
humildes de sus habitantes labradores, ayudaron con
limosnas y ofrendas durante siglos a los jerónimos de
Santa Ana. Uno de los hijos ilustres de la villa, el
oidor Tomás López Medel, entregó altas sumas de dinero
para construirse un capilla donde ser enterrado, (la que
se llamó Capilla del Oidor).
Sería interminable hacer un listado de los notables
varones que como religiosos jerónimos florecieron entre
los muros de este monasterio. Destacan entre ellos las
figuras de fray Juan de San Jerónimo, virtuoso y
humilde, poeta y deportista que, por ser hijo del pueblo,
referenciamos aparte; fray Rafael de Escobedo, natural de
Moratilla, que alcanzó a ser Definidor en un Capítulo
General; fray Pedro de la Cruz, que durante largos años
se dedicó a la oración en una pequeña cueva existente
en la huerta del monasterio, negándose a hablar con
nadie que le recordara el mundo; fray Jerónimo de
Auñón, llegó en Tendilla a ser prior y en la Orden
jerónima su Procurador General, siendo recordado por sus
especiales dotes para las matemáticas.
En cualquier caso, todo pasó. La Desamortización de
Mendizábal acabó en 1836 con la existencia de este
monasterio, y aún con la Orden de San Jerónimo. Los
frailes exclaustrados se dispersaron por el mundo,
dedicándose muchos de ellos a la música. El edificio de
Tendilla, expoliado enseguida, y claramente ruinoso, de
tal modo que en 1843 se vendió por el Estado al vecino
de la villa don Pedro Díaz de Yela en 20.100 reales para
que aprovechara la piedra que quedaba.
Los sepulcros de los fundadores, gracias a la comisión
Provincial de Monumentos, se desmontaron de aquel lugar
abandonado y en 1845 fueron trasladados a Guadalajara,
siendo instalados en los extremos del crucero de la
iglesia de San Ginés, donde en 1936 aún sufrieron
bárbara agresión, y hoy, apenas restaurados, permiten
hacerse idea de lo que fueron en sus orígenes: unas
espléndidas piezas de la escultura funeraria
tardogótica.
El
edificio
Hoy puede verse solamente
la planta del templo, de una nave, con los arranques de
los haces de columnas adosadas a los muros, y el testero
del presbiterio, estrecho y elevado, del que arrancarían
bóvedas nervadas, cuyos inicios aún se adivinan. En
concreto se ve el arco central de los tres que componían
el presbiterio, parte del lateral derecho y el arranque
del izquierdo con las mensulillas en las que apoyan. Se
añaden las basas y arranques del coro a los pies de la
iglesia, así como fragmentos de basas de los soportes de
la nave, sin duda de tipo gótico, y lo que podrían ser
restos de un portalón que debió cobijar la primitiva
portada. El resto de las construcciones no son sino un
informe montón de ruinas, enclavadas, eso sí, en un
paraje de bellísimas perspectivas.
Consejos
para la visita
De este monasterio solo
cabe visitar los escasos restos ruinosos de su iglesia.
Para acceder a ella, situada en un altozano entre los
pinares que rodean a Tendilla por levante, debe subirse
andando desde el mismo pueblo, a través de caminos que
llevan al Polideportivo, o al Taller de Cerámica
"Aliaga", a donde les guiará cualquier persona
a quien pregunten.
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