monasterios de castilla-la mancha toledo guadalajara cuenca ciudad real toledo san clemente cistercienses


Fachada de la iglesia del convento del Carmen de Toledo fundado por Sta. Teresa

Toledo. Monasterio cisterciense de San Clemente

Convento de monjas cistercienses que fue fundado en el siglo XII por el rey Alfonso VII de Castilla, cuando poco después de la conquista de la ciudad se puso empeño de ofrecerla en sus novedosos aspectos, capitulares y monásticos, bajo el control delegado de la religión. Los sucesivos reyes castellanos fueron acrecentando su patrimonio por medio de importantes donaciones, estando siempre bajo la consideración de patronato real, y de ahí su nombre clásico de San Clemente el Real.

Aunque la ciudad tenía, en el momento de la fundación, una estructura fundamentalmente musulmana, con muchos edificios creados por los árabes, este convento se creó sobre algunos de estos ya construidos, aumentando poco a poco y transformándose hasta ocupar por completo la manzana. Si se observa un plano con la planta de este inmenso convento, se puede apreciar con facilidad esto que decimos, y que es común a muchos otros conventos toledanos, la progresiva añadidura de espacios sobre un núcleo inicial de algún palacio o gran casona.

Como elementos organizadores del conjunto aparecen dos patios. El principal, de enormes dimensiones, se puede considerar como el verdadero corazón del convento. La iglesia se sitúa paralela al eje de la calle y con acceso directo desde ella. En su entorno, se distribuye el coro a los pies, de dimensiones mayores que la propia iglesia, y concebido como su prolongación, más la sala capitular, con acceso desde el patio, y con una ventana orientada para poder ver el altar principal de la iglesia.

Del gran patio podemos decir que consta de dos pisos superpuestos, estando construido en orden toscazo, ofreciendo en la planta baja arcos de medio punto, y en la alta arquitrabes. Los soportes son, en ambos casos, limpias columnas de piedra tallada sobre pedestal. Un segundo patio, más sencillo, fue dirigido por el maestro José Ortega en fecha más tardía. El piso bajo es de arcos de medio punto, y el superior arquitrabado, con columnas de piedra y muros de ladrillo. Fue trazado y dirigido por Nicolás de Vergara el Mozo, actuando como contratista Monegro.

La iglesia es obra del famoso arquitecto toledano Alonso de Covarrubias. Al menos, va su firma en los documentos de 1534 en que se reforma el presbiterio o cabecera del templo, haciéndose entonces con planta ochavada, y adornados los muros de “pilares con sus basas y capiteles de romano”. La bóveda de ese espacio sería de crucería, decorada con claves, y en los lados del presbiterio se construirían sendos enterramientos. En ese año, Covarrubias firmó también el contrato para trazar y dirigir la construcción de la portada principal de San Clemente. Esta puerta, que se hizo y hoy se conserva, es sin duda una de las obras más bellas del Renacimiento español: adosada a un enorme lienzo de mampostería, y debido a la estrechez de la calle, es obligada su visión en escorzo. Tallada en piedra blanca de Regachuelo, se compone de un arco semicircular que descansa sobre dos columnas abalaustradas, siendo su decoración a base de putti, guirnaldas y tondos con cabezas, lo que sigue aún hoy asombrando por su delicadez y hermosura, dándonos imagen fiel de la grandiosidad artística de Covarrubias. La otra portada del templo fue contratada en 1612 con Toribio González, según trazas de Monegro, y aunque hermosa, es más sencilla: dos columnas jónicas sostienen el entablamento, con el escudo de Castilla y León como símbolo del patronato que ejercen los reyes sobre el convento, y sobre él un frontón partido cobija una hornacina con el santo titular del convento.

El interior de la iglesia es de una sola nave, con la cabecera antes mencionada covarrubiesca. Desapareció en un incendio el retablo que había tallado Vigarny,  y hoy en el coro se conserva una magnífica sillería, en la que destaca la silla de la abadesa, obra de este autor y muy poco conocida. Otro espacio de gran interés es la sala capitular, que conserva en sus muros una espléndida muestra de azulejería talaverana del siglo XVI. Tanto en muros como en el suelo, las figuras geométricas se intercalan con ladrillos rojos, y el gran banco de azulejería que recorre la estancia sólo se ve interrumpido por la silla de la abadesa, decorada toda ella también con azulejos, lo mismo que el altar.

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
Esta página es ofrecida a la Nueva Frontera por
AACHE Ediciones, libros de Guadalajara y Castilla-La Mancha
C/ Malvarrosa, 2 - 19005 GUADALAJARA (España)
Telef.  +34 949 220 438 - email: ediciones@aache.com - Internet: www.aache.com

© AACHE Ediciones - actualizado a miércoles, 06 de diciembre de 2006
Reservados todos los derechos