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Retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo, pintado por El Greco.

Toledo. Convento de Santo Domingo el Antiguo

Dice la tradición que este convento de monjas dominicas, dedicado a Santo Domingo de Silos y popularmente conocido como Santo Domingo el Viejo, fue el primero que se construyó tras la reconquista., siendo su fundador el mismo rey Alfonso VI. Ocupa una gran manzana en la zona norte de la ciudad, teniendo adosado a él la iglesia de Santa Leocadia. Con aumentos debidos a la munificencia del infante don Juan Manuel, y de algunas ricas hembras que en él se acogieron, como doña María de Silva, el complejo fue agrandándose y embelleciéndose. La iglesia se hizo de nueva construcción en el último cuarto del siglo XVI, destacando por la sencillez de sus formas, pues consta de una planta longitudinal con crucero y presbiterio de gran desarrollo, estando los muros articulados con pilastras jónicas que sostienen un entablamento de gran desarrollo. La cúpula que remata el crucero, sobre pechinas, está coronada por una linterna. La blancura de las paredes resalta aún más por la luz que entra a través de los óculos situados encima del entablamento, poniéndole color al espacio los escudos situados en las pechinas. Las trazas de este edificio fueron encargadas a Nicolás de Vergara el Mozo, quien inmediatamente se las pasó a Juan de Herrera, quien la dató de una cabecera plana. El mecenas de la reforma, el canónigo don Diego de Castilla, encargó también altares designando a El Greco como pintor de los mismos.

El interior del edificio se articula en torno a dos patios, uno de los cuales, el mayor, está totalmente rehecho. Llamado de los Laureles, este patio es el más cercano a la iglesia y está enteramente construido en ladrillo visto. En su planta baja hay arcos de medio punto, trasdosados, sobre pilares octogonales., y en la alta los arcos son conopiales. Su etapa de construcción está en los finales del siglo XV o comienzos del siglo XVI.

Las principales dependencias del monasterio está en torno a este patio: concretamente la sala capitular y el coro. La primera de ellas ofrece interesantes yeserías mudéjares encuadrando la puerta de entrada, así como espacios cubiertos de azulejos de arista mientras la cubierta es de madera formada por casetones decorados con estrellas octogonales de tradición mudéjar. Los azulejos antiguos toledanos tienen también su representación en el suelo del coro ofreciendo decoración de figuras geométricas. En este lugar, convertido en museo junto con el coro, se conserva el sepulcro gótico de Don Juan Alfonso de Ajofrín, que es sin duda uno de los más hermosos de la ciudad.

La fachada del convento de Santo Domingo da a la plazuela del mismo nombre, formando uno más de los encantadores rincones urbanos del Toledo eterno.

Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
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