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Fachada de los carmelitas descalzos del barrio de San Andrés en Talavera.

Talavera. Conventos de Carmelitas

En la calle del Carmen, en el barrio de San Andrés, se alzan los restos del convento de los Carmelitas Descalzos. La construcción de este templo data de 1704, en que se comenzó a levantar con las trazas que para ello dio fray Lorenzo de San Nicolás, quien lo diseñó con unas características de planta y alzados muy similar al talaverano convento de San Agustín el Viejo. Concluyó su construcción en 1719.

Su planta se integra en un rectángulo ideal, sin elementos sobresalientes, al estilo clásico de los templos carmelitanos en Castilla. En el interior destaca el zócalo de azulejos talaveranos del siglo XVIII, decoración muy habitual en la época. La sencillez interior sólo se rompe con las molduras que arrancan de las bóvedas. La nave central se amplía con pilares rematados en arcos fajones, todo decorado en yeso. Sobre el crucero se abre la gran bóveda semiesférica que se eleva sobre pechinas falsas, que sirvieron de marco a los cuatro evangelistas hoy desaparecidos. El convento fue exclaustrado, y la iglesia quedó vacía, siendo ocupada en 1849 por don Juan Niveiro Paje, quien instaló en sus dependencias su fábrica de cerámica “El Carmen – Niveiro”.

También encontramos en Talavera el Convento de las Madres Carmelitas Descalzas, fundado por sor Catalina de San Francisco en 1595, inicialmente en unas casas que para ellos le cedió don Sancho Carranza Girón. El Concejo le cedió la antigua iglesia parroquial de San Martín, y en torno a ella se construyó definitivamente el convento, en 1597. La sobriedad más absoluta es lo que caracteriza a este convento carmelitano, tanto en su iglesia como en sus dependencias.

Y el Monasterio de San Benito, que en el siglo XII ya estaba instalado en la afueras de la ciudad, y que llevaba el apelativo de San Antolín de las Dueñas. Hacia 1300 el monasterio se trasladó al interior de la ciudad, adoptando la reforma cisterciense de Castilla. Aunque ha sufrido muchas transformaciones, quedan vivos elementos antiguos, como parte de la muralla incrustada en el cenobio, el claustro del siglo XVI, de estilo gótico isabelino, y sobre todo el mismo ambiente de paz que durante siglos reinó en él. Tienen hospedería abierta para quien quiera pasar unos días de descanso y meditación.


Los textos y fotos de este web site pertenecen a la obra Monasterios de Castilla-La Mancha. de Antonio Herrera Casado, editado por AACHE Ediciones. 2005. Colección "Tierra de Castilla-La Mancha" nº 5.
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