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 A Valfermoso
de las Monjas se llega por la carretera que desde poco
después de Torre del Burgo, y antes de llegar a Hita,
sale río Badiel arriba. Atravesando pueblecillos como
Valdearenas, Muduex y Utande, y discurriendo por un ameno
valle cuajado de arboledas y lomas de encina y roble, se
llega antes al Monasterio de San Juan que al porpio
pueblo de Valfermoso.
El Monasterio es un lugar encantador, silencioso y
arropado del verde oscuro de los bosques y las alamedas
junto al río. Allí dan su bienvenida al viajero las
monjas benedictinas que lo ocupan, en ininterrumpida
sucesión, desde el siglo XII. Se puede visitar, comer y
aún dormir en la Hospedería que mantiene. Antes de ir,
para esto, conviene llamar al Teléfono 949 285 007 o al
949 285 002.
Imágenes de Valfermoso |
Texto de Valfermoso | Un libro de su Historia
Monasterios
de Guadalajara
El Monasterio de Valfermoso de las
Monjas
(del libro Monasterios Medievales de Guadalajara, AACHE Ediciones)
La
Historia
El monasterio benedictino
de Valfermoso de las Monjas es el monasterio vivo más
antiguo de la provincia de Guadalajara. En el hondo valle
del río Badiel, entre los términos de Argecilla y
Valdearenas, está Valfermoso, y en el mismo valle, junto
al río, el monasterio de estas monjas, que tras largos
avatares ha conservado la memoria de sus orígenes.
Su historia es lejana: en 1186, un matrimonio de nobles
atencinos, Juan Pascasio y doña Flambla, fueron sus
fundadores. La carta de fundación, que aún se conserva
en el monasterio, está escrita en hermosa letra gótica
sobre el pergamino. Desde un principio fue puesto bajo el
nombre de San Juan. Para poblarlo trajeron a monjas
franceses: doña Nobila de Perigord y doña Guiralda
fueron las primeras. Enseguida se procedió a construirlo
físicamente, en los últimos años del siglo XII, y se
inauguró años después, en 1200, diciendo la primera
misa el día de San Juan Evangelista. Antes, en 1198,
había sido aprobado por el rey de Castilla, Alfonso
VIII, en carta hecha en Atienza, y rubricada por todas
las altas jerarquías civiles y religiosas del reino.
Todos estos documentos, pulcros e íntegros, se conservan
en el archivo monasterial.
Los fundadores, terratenientes de Atienza, poseían
amplios terrenos en esta parte del valle del río Badiel,
comprados al Concejo de Atienza, para ahí poner una
colonia de labradores bajo su tutela y explotación. Le
dieron el nombre de Valfermoso al lugar, y en 1189 le
concedieron un curioso Fuero que se conserva también en
el monasterio. Se trata en realidad de una Carta Puebla.
Los atencinos dieron el señorío de esos territorios a
las monjas del monasterio. Flambla murió en 1199 y al
parecer al año siguiente, Juan Pascasio, ejercía como
clérigo en el cercano lugar de Ledanca.
El monasterio benedictino de San Juan recibió enseguida
mercedes de los grandes de España. sobre todos los reyes
y los obispos. En 1197 era abadesa doña Nobila, y el
obispo seguntino don Rodrigo, inicial protector en los
eclesiástico, le concedió 30 aranzadas de viña y 30
yugadas de tierra, aunque por ello debían entregar un
mínimo impuesto de 2 maravedís a pagar por San Martín
en el altar de Santa María de la catedral seguntina.
En 1236, el Papa Gregorio IX concedió una Bula por la
que pasaban a pertenecer a las monjas los diezmos de
Valfermoso, Utande, Ledanca, Miralrío, Bujalaro y
Matillas. Ello fue el principio de un auténtico
enriquecimiento de la comunidad, que a lo largo de los
siglos llegó a acumular enorme cuento de riquezas. Entre
los magnates que les concedieron mercedes, figuran los
Mendoza de Guadalajara. Así, el Almirante Diego Hurtado
de Mendoza confirmó en 1397 la donación de una
capellanía de 2.000 maravedís anuales que sobre los
impuestos pagaderos por la aljama de los judíos de
Guadalajara habían donado previamente sus padres don
Pero González de Mendoza y doña Aldonza de Ayala. Los
otros magnates de la Alcarria, los Orozco, por entonces
hicieron también mercedes a las monjas: en 1377 Fernando
López de Orozco dio 1.000 maravedís anuales, en su
testamento, al monasterio de Valfermoso. Los reyes dieron
ayudas a las monjas y sus siervos. En 1305, Fernando IV
concedió que los vasallos del monasterio no pechasen el
impuesto de la moneda de la guerra.
Los favores reales aumentaron siempre. Felipe IV
concedió al monasterio de San Juan el título de Real.
En esa época tenían tierras, juros y derechos
económicos por los valles de los ríos Cañamares,
Henares, Badiel y Tajuña. Tan numerosos fueron sus
bienes, que llegaron a tener libros, voluminosos, con la
relación completa de sus posesiones por los territorios
citados, y aún otras comarcas de las Alcarrias y
Campiñas. En su archivo monasterial quedan, entre otros,
el Memorial de tierras y relaciones de bienes... que en
el siglo XVIII ocupaba grueso tomo. Desde Chiloeches
hasta El Cubillo de Uceda, y desde Bañuelos hasta Hita,
las monjas tenían tierras y derechos en ellas. Tenían
también un abultado número de censos, que las
convertía sin duda en una auténtica potencia bancaria,
pues en el archivo monasterial existe un tomo de más de
500 páginas en el que, por orden alfabético, se
relacionan todos los censos que a favor de la Comunidad
se fueron contratando con personas y entidades durante
los años y siglos precedentes. En otra relación de
fines del siglo XVIII figuran como uno de los más
importantes suscriptores de censos monasteriales, el
potente instituto de los Cinco Gremios Mayores de la
Corte, que en 1786 recibió 50.000 reales de vellón a un
interés reducido del 3% anual.
Las señoras abadesas, siempre plenas de virtud y celo
protector a su comunidad benedictina, fueron auténticas
señoras feudales en los amplios territorios de su
influencia. Sin llegar a tener más señorío
jurisdiccional que el del lugar de Valfermoso, sus
riquezas y poder se extendían a amplios lugares.
Ocuparon el cargo de abadesa mujeres pertenecientes a
conocidas familias nobles de esta tierra. Así, en 1555
era abadesa doña Juan de la Cerda, en 1588 doña Juana
de Heredia en 1644 doña Bartola de Saucedo. A mediados
del siglo XVII ocupó el cargo de abadesa en Valfermoso
doña Juana Calderón, quien antes fuera famosa actriz de
comedias, amante del rey Felipe IV y madre de don Juan de
Austria. De ahí recibió el monasterio más favores,
títulos y riquezas, y la leyenda de misterios y pasiones
tomó pedestal para alzarse sin freno.
En ocasiones, varias a lo largo de los siglos, en que los
obispos de Sigüenza se indisponían con sus compañeros
de señorío y mandato, los canónigos seguntinos, se
exiliaban en Valfermoso. En varias ocasiones ocurrió. La
más memorable fue cuando don Pedro Inocencio Bejarano
decidió irse a vivir a este cenobio, a comienzos del
siglo XIX, disponiendo que a su muerte fuera enterrado en
su iglesia parte de sus restos, más concretamente una
parte de la asadura del Prelado, la que está en una
botella de vidrio al pie de las gradas de la capilla
mayor metida en una caja forrada de seda negra según
dice el "Libro de Recepción y Decretos" del
monasterio.
Durante la guerra de la Independencia hubieron de
abandonar el monasterio, y se alojaron en el pueblo
serrano de Bustares, donde aún guardan el recuerdo de
una casa de las monjas, y luego en los edificios anejos a
la ermita de Nª Srª de la Esperanza, en Durón, en la
vega del río Tajo. Tras pasar algún tiempo en
Chillarón, volvieron a su convento, que en aquella
sesión de horrores sufrió profanaciones,
desvalijamientos y quemas de documentos. La
Desamortización de Mendizábal acabó con todas sus
riquezas, que fueron enajenadas por el Estado, en 1821 y
en 1836. También durante la guerra civil española de
1936-39, la comunidad de benedictinas tuvo que pasar una
difícil prueba, pues fueron perseguidas, amenazadas y
finalmente dispersadas por pueblos y lejanos lugares,
mientras el monasterio era saqueado, destruído por
completo, eliminados sus elementos de culto y sus fondos
documentales casi en su totalidad. Tras la guerra, el
Estado lo restauró, y poco a poco ha ido recobrando su
vida y sirviendo como Escuela-Hogar, centro de Enseñanza
y hospedería. Sor Mª del Pilar de la Fuente, bendecida
abadesa en 1973, llevó este Monasterio a su desarrollo
actual. Murió en 1993.
El
edificio
El monasterio de San Juan
de Valfermoso, fue en su origen una construcción de
estilo románico, plenamente medieval, que fue agregando
edificaciones según pasaban los años y crecía su
capacidad económica. Los avatares de la historia, y muy
especialmente el incendio y destrucción casi total a que
fue sometido en el verano de 1936, hizo precisa su
reconstrucción en los años siguientes a la Guerra
Civil. De su vieja estampa, conserva la silueta alargada
y maciza a la vez de su iglesia y edificios conventuales.
Se penetra en el recinto atravesando un ancho portón que
da paso a un íntimo patiecillo en el que canta una
fuente. Una verja de hierro bien labrada da entrada a la
iglesia, que es de una sola nave, y tras su remodelación
reciente muestra la antigua planta de abside único
semicircular, con la piedra primitiva vista en algunas
zonas. Los altares e imágenes son modernos. Al convento
se penetra por otra puerta adyacente, de gran arco
adovelado semicircular. Todo en su interior es sencillo y
funcional.
Consejos
para la visita
En la carretera local de
Torre del Burgo a Argecilla, a la altura del Km. 22, poco
antes de llegar al pueblo de Valfermoso de las Monjas, se
encuentran las instalaciones de este monasterio de monjas
benedictinas, actualmente ocupado por una comunidad
activa, y en perfecto estado de conservación. Puede
visitarse su templo, los domingos a la hora de la misa, y
cualquier día pidiéndolo en el torno del monasterio,
cuyo portal está anejo a la iglesia. También se puede
comer ó incluso pernoctar en su Hospedería. Para ello,
es imprescindible avisar con antelación, llamando al
teléfono 911/285002.
Historia
de los monasterios medievales de Guadalajara
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