En las afueras del pequeño pueblo alcarreño de Villaviciosa de Tajuña, en las proximidades de Brihuega, se encuentran abandonadas y olvidadas de todos las ruinas del monasterio de San Blas, que fue de frailes jerónimos, y en el que vivió, entre otros ilustres personajes, el Cardenal don Gil Carrillo de Albornoz, conquistador de los estados vaticanos. De su silencio surge la memoria nítida de los frailes pardos.

Imágenes de Villaviciosa | Texto de Villaviciosa | Monasterios de Guadalajara

Monasterio de Villaviciosa, de frailes jerónimos
(del libro Monasterios Medievales de Guadalajara, AACHE Ediciones)

El Monasterio

Solamente derrumbados paredones, restos solemnes y vencidos de una torre, y la portada manierista que servía de entrada al complejo monasterial, es lo que hoy queda de este cenobio de monjes jerónimos que tuvo título de San Blas, y fue el edificio más singular y el núcleo de la historia de Villaviciosa durante largos siglos.
El mismo pueblo es de antiguo origen. Dice la tradición que lo fundó el rey Alfonso VI de Castilla, en 1072, cuando aún era "tierra de moros" todo el contorno. Al-Mamún de Toledo, quien durante una temporada asiló en sus tierras del Tajuña a este joven príncipe castellano en desgracia, le regaló este lugar para que en él construyera una alquería, un castillete, un pabellón de caza... levantólo y lo llamó Villaviciosa. Tras la conquista de Toledo en 1085, dueño ya Alfonso VI del inmenso reino toledano, regaló Villaviciosa, con Brihuega y muchos otros lugares del valle del Tajuña, a los obispos de la nueva sede primada.
Estos obispos decidieron poner en este su lugar un convento. Y fue concretamente el gran arzobispo don Gil de Albornoz, figura señera de la historia medieval de Castilla, quien hizo formalmente la fundación del cenobio en 1347, y se lo entregó a un grupo de 6 canónigos regulares de San Agustín, dando los dineros necesarios para levantar la iglesia comunitaria, el claustro, y las dependencias imprescindibles de celdas, refectorio y pequeña huerta. El mismo arzobispo, que le encargó dijeran misa diaria por el rey Alfonso XI y por él mismo, se reservó un par de habitaciones para usarlas en los cortos periodos de descanso que podía tomarse en su atareada circunstancia vital. Tras enemistarse con el rey Pedro I, el arzobispo Albornoz no tuvo más remedio que exiliarse de Castilla, habiendo quedado constancia que la última misa que dijo en su Patria, fue en este monasterio de Villaviciosa.
Años después, concretamente en 1395, la relajación de las costumbres monacales había llegado a tal extremo, al menos aquí en Villaviciosa, en donde los canónigos andaban dando de sus vidas mal exemplo, que el arzobispo toledano, que a la sazón era don Pedro Tenorio, pidió un informe de la situación a su colega seguntino, el obispo don Juan Serrano. La solución que ambos propusieron consistió en que el monasterio de San Blas fuera entregado a la orden de San Jerónimo. Accedió a esta propuesta el prior de Lupiana, fray García, y un 22 de mayo de 1396 llegaban al lugar alcarreño seis frailes pardos de San Bartolomé, con un primer prior elegido fray Pedro Román, uno de los auténticos fundadores, años atrás, de la orden jerónima, y compañero de fray Pedro Fernández Pecha en su viaje a Avignon para obtener del Papa la autorización y fundación de la Orden. Allí quedó, de por vida, este fray Pedro Román de los orígenes.
A partir de los años iniciales del siglo XV, el monasterio jerónimo de San Blas de Villaviciosa creció en importancia, en santidad de sus ocupantes, y en riquezas e influencia. Así sabemos que el cercano lugar de Palazuelos del Agua, sobre el mismo valle del Tajuña, fue entregado en 1436 a los jerónimos por Iñigo Niño y Mayor González. O que en 1441 los monjes compraron la casa y granja de Cívica a Antón Díaz de Ríos, vecino de Cifuentes. En 1475, la comunidad de San Blas compró el lugar de Yela a don Alonso Carrillo de Acuña. En forma de compras unas veces, o de donaciones las más, los jerónimos de Villaviciosa se van convirtiendo en dueños de terrenos, fincas y pueblos enteros del valle del Tajuña. Los términos de pequeños pueblos entraron en posesión de la comunidad: Los Palacios (ó Palazuelos), Cívica, Covatillas, Serreñuela, la Hoz, al tiempo que recibían de los reyes (Enrique III de Castilla, por ejemplo) y de magnates de la tierra (el Almirante de Castilla, don Diego Hurtado de Mendoza) exenciones de impuestos, ó suculentas donaciones dinerarias, que se vieron completadas con las de pequeños y sencillos propietarios de los pueblos comarcanos, que con la entrega en sus testamentos de casas, fincas y dinero a los frailes, se aseguraban buen número de misas y sufragios. Así siguió todo, desde el siglo XV, hasta el XVIII. En 1464, por ejemplo, fueron designados estos monjes como herederos universales de don Pedro de Mendoza, uno de los hijos del primer marqués de Santillana. Sus hermanos pleitearon por revocar y hacer nula tal decisión. Al fin, quedaron los jerónimos poseedores de 200.000 maravedíes con que dotar una capellanía en menoria del aristócrata guadalajareño. También en el siglo XV los condes de Cifuentes les ayudaron. El segundo conde, don alonso de Silva, fundó una capellanía perpetua en este monasterio. Los duques de Medinaceli, en 1502, hicieron gracia a los jerónimos de San Blas de 10.000 maravedíes anuales en sus salinas de Saelices y la Loma, en el valle del río Linares, a cobrar en dineros contados el día de San Miguel de Setiembre. Otras fuentes de ingresos, obtenidas por favores de reyes y magnates, fueron los impuestos varios que se encargaron de conrar: así, en Huete, eran los beneficiarios de las alcabalas de la carnicería y la leña; en Gajanejos, cobraban también impuestos. Parte de las alcabalas de Plasencia, de Salamanca, y aún de Requena, las percibían estos frailes alcarreños. Hasta 34.000 maravedises situados en las alcabalas de las tabernas, carnicería, pescadería y aceite de Atienza cobraban cada año. Cono todo ese inmenso caudal, siempre sobrante respecto a las necesidades de manutención que ellos tenían, ejercían de banqueros, y en forma de juros prestaban a particulares, a aún a la corona. Las buenas relaciones que Carlos I y Felipe II tuvieron con los jerónimos, se basaban en gran modo en los mutuos favores que se concedían.
Pocas novedades sucedieron a lo largo de la historia de este monasterio, aparte sus diarios ritos religiosos, y los asuntos económicos que, como única anotación documental, y aún ella muy escasa, de su devenir nos ha quedado. En 1710 tuvo lugar, cerca de sus muros, la famosa batalla de Villaviciosa, en la que los ejércitos español y francés, al mando del mismísimo Felipe V de Borbón, derrotaron a las tropas del pretendiente austriaco al trono de España, comandadas por el general Staremberg. Acabada la batalla, que tuvo lugar el 9 de diciembre de 1710, los frailes salieron al campo de batalla, a auxiliar heridos y moribundos.
Finalmente, la Desamortización de Mendizábal, conllevó en 1836 la desaparición de este monasterio. Se fueron primero los frailes, se disolvió la orden jerónima después, se saqueó cuanto se pudo, y finalmente se vendió el conjunto de edificios al madrileño Justo Hernández, en 1843, por 100.000 reales. Luego fue todo ruina, abandono, desolación.

El edificio

Hoy apenas quedan, donde antaño fue el monasterio jerónimo de Villaviciosa, algunos paredones derruídos, parte de la torre, y la puerta de entrada. Esta es un ejemplar señalado y hermoso, obra del siglo XVIII, on aire manierista, en el que destaca su arco semicircular, sus pilastras adosadas, su frontón partido, y la hornacina central. todo en piedra caliza, blanca.
Sabemos de la riqueza de artesonados en salas e iglesia, en estilo mudéjar. Sabemos de la abundancia de retablos, de pinturas y esculturas, de piezas de orfebrería, de códices, de manuscritos interesantes. Todo desapareció con el tiempo...

Consejos para la visita

A Villaviciosa de Tajuña se llega fácilmente tomando desde Brihuega la carretera que va de Brihuega a la autovía de Aragón. Bien señalizado el desvío al pueblo, los restos ruinosos del monasterio jerónimo de San Blas se ven en borde sur del pueblo. Puede admirarse el portalón de entrada, la torre conventual y restos de sus murallas.

 

Diseño de esta página © Aache Web Team
C/ Malvarrosa, 2 (Aguas Vivas) - ( 949 220 438
19005 - Guadalajara (España - Spain)

E-Mail: ediciones@aache.com

Home Page de los Monasterios de Guadalajara