| Semanario NUEVA ALCARRIA |
Guadalajara / Sección Artes y Letras
Fecha: 22 Septiembre 2000

| Arqueología de Molina |
|
En el silencio de los campos de Molina bulle la memoria de la vida. A quien desee entrar, por muy someramente que lo haga, en el mundo del conocimiento arqueológico, prehistórico, de esta comarca, le brotará el asombro según vaya tomando notas, apuntando lugares, confrontando fechas. Porque Molina es un auténtico hervidero de hallazgos, de yacimientos, de excavaciones y de letras escritas con el sigilo de lo que fue y se olvidó, de lo que tuvo vida y ahora duerme. Un paseo por los lugares que en Molina tienen ya la etiqueta de enclaves arqueológicos, nos dará idea cabal, por muy rápido y somero que lo hagamos, de la importancia que tuvo en la época celtibérica, y de la nítida perspectiva que de cara a un turismo de conocimiento, cultura e investigación se abre en torno a tantos y tantos enclaves arqueológicos. La zona peninsular que los romanos denominaron Celtiberia, por estar habitada por gentes numerosas que ellos consideraban de estirpe celta, se extendía por un amplio territorio del noreste peninsular, tierras interiores, que iban desde el valle medio del Ebro en su orilla derecha, hasta el alto Duero, incluyendo como es lógico, lo que es actualmente el Señorío de Molina, y las Sierra del Ducado en Guadalajara. Comprendía las tierras que hoy forman el noroeste de Teruel, el suroeste de Zaragoza, todo el norte de Guadalajara y el sur de Soria. Los historiadores romanos, como Diodoro, Polibio y Estrabón, explican que esta zona se dividía en la Celtiberia Citerior, la más oriental y cercana al mar, y que abarcaba desde el Ebro en su orilla derecha hasta las altas tierras del nacimiento del Jalón, y la Celtiberia Ulterior, que comprendía ya las más occidentales tierras del alto Duero. Los celtíberos, ya en los últimos momentos o siglos de su historia, se extendieron por la Meseta castellana, produciendo el fenómeno conocido como celtiberización, difundiendo en esas tierras de estirpe puramente ibérica, sus elementos de cultura material y social. Según los autores romanos referidos, a su vez los celtíberos estaban divididos en grupos étnicos, o pueblos bien definidos, aunque su forma política fuera la *ciudad estado+ o pequeños núcleos en forma de castros sobre cerros, independientes unos de otros, pero unidos en caso de guerra. En la Celtiberia Citerior se encontraban los belos, los titos y los lusones, que eran los habitantes del actual territorio molinés. En la Ulterior poblaban los pelendones y los arévacos, estos localizados en las zonas de Sigüenza, Atienza y Soria. Para comprender los restos que hoy encontramos de los celtíberos en Molina, hay que saber, al menos, cómo vivían y como morían. Habitaban en pequeños núcleos altos, sobre cerros testigos, oteros, o francas atalayas. En ellas colocaban la aldea en forma de castro, esto es, fortificada con murallas recias de un espesor de más de 2 metros, con una sola puerta de entrada, y torreones esquineros, dejando a veces casi sin cubrir los flancos de imposible acceso por la forma de la montaña. Estas aldeas, tenían una calle, o en algunos casos más de una, recta, a lo largo de la cual se iban a briendo las casas, que se adherían en su zona posterior a la muralla. Las casas, muy pequeñas, de muros de piedra y cubierta de maderas y ramas sujetas con piedras, tenían un solo espacio habitacional, aunque en ocasiones se podían encontrar hasta tres. En los últimos periodos, aparecieron ya las ciudades amplias, organizadas con servicios públicos, circos incluso, foros y mercados, pero en el área molinesa no se ha hallado ninguna de estas características. A la hora de la muerte, los celtíberos practicaban la incineración de los cadáveres. Eran colocados estos, revestidos de sus mejores galas y adornos, acompañados de su ajuar personal, sobre una pira denominada ustrinium, y allí ardían casi completamente. Los restos, cenizas y huesos, eran introducidos en una urna cerámica, y junto con otros objetos de uso personal (adornos en las mujeres, collares, pulseras, fusayolas, etc, y armas en los hombres) se depositaban en la tierra, poniendo en ocasiones un lecho de losas, unas paredes de piedras hincadas y una piedra muy grande encima, en forma tumular (generalmente para los individuos de relieve en la escala social) y en otras, las más frecuentes, se depositaba la urna en un agujero, y se cubría con tierra, poniendo como mucho una estela de señalización. Tanto los castros, situados en alto, con sus defensas amuralladas, como las necrópolis, situadas en bajo, en los valles al pie de los castros, aparecen hoy con profusión en la tierra de Molina, y, aunque su análisis, excavación y estudio corresponde exclusivamente a los especialistas en Prehistoria y Arqueología, necesitándose permisos oficiales para realizar excavaciones, todos podemos saber dónde se encontraban, y cuales han sido los hallazgos realizados en ellos. Incluso para quien sin demasiadas caminatas y escaladas, quiera hacerse una idea de cómo eran estos castros y necrópolis celtibéricos, puede visitar el Castro del Ceremeño, en Herrería, declarado *Bien de Interés Cultural+ con un anejo Museo y explicaciones adecuadas para contemplar de cerca y cómodamente este aspecto de la más vieja cultura molinesa. Uno de los aspectos que más interés despertará a los amantes de la Arqueología en Molina, es el saber que existe una importante colección de lugares en los que recientemente se han encontrado muestras de arte esquemático, tales como pinturas murales y petroglifos o dibujos tallados en las rocas. Estas muestras, que han sido incluidas en el grupo del arte paleolítico levantino, y por tanto consideradas como elemento *Patrimonio de la Humanidad+, están protegidas y en constante proceso de revisión, pues de vez en cuando se encuentra algún nuevo ejemplo. Como información, siempre provisional, de lo que actualmente se conoce, aquí van estos datos: el más antiguo de los lugares conocidos con petroglifos es la llamada Peña Escrita de Canales de Molina, a la que hace ya años dediqué algún trabajo en estas páginas. En ella aparecen figuras antropomorfas, algunas de ellas gigantes, de más de 10 metros de longitud, talladas sobre la roca y solo visibles desde el aire, y multitud de pequeñas figuras enigmáticas, esquemáticas, simulando cascos u objetos de culto, en una roca bajo el abrigo rocoso. En Rillo de Gallo, y en medio del pinar junto a un mínimo arroyo que baja hacia el Gallo, se han hallado los mejores ejemplos de la pintura mural paleolítica: la erosión de los siglos trabajó sobre la tierra y produjo abrigos que permitieron el asentamiento humano, en el periodo Calcolítico. A unos 2 Kms. caminando hacia el norte desde el pueblo, se encuentra la zona de El Llano, un abrigo en una formación de arenisca roja del Triásico inferior (rodeno). Las figuras, en tonos pardos y rojizos oscuros, aparecen en el centro del abrigo, visibles desde cierta distancia: son once figuras en total, entre las que aparecen grandes bóvidos, y varias figuras antropomorfas. Por supuesto que en todo el yacimiento se han documentado restos ceráminos que han permitido su datación en unos dos mil años antes de Cristo. Otros elementos localizados pero todavía insuficientemente estudiados, se encuentran en Hombrados, y en la zona próxima al castillo de Zafra, en los roquedales de la vertiente sur de la Sierra de Caldereros, donde se han encontrado pinturas en un abrigo rocoso, y restos de un poblado, en alto. Aparecen petroglifos en forma de *cazoletas unidas mediante acanaladuras+. Es un lugar muy interesante, con un acceso difícil, pues hay que subir por un pequeño túnel situado en la ladera enmarcado por grandes bloques caídos, que enmascaran la primitiva entrada al poblado, que sería en forma de rampa. Por supuesto que también el castillo de Zafra cercano a Hombrados, aunque en término de Campillo de Dueñas, fue un castro primitivo, y en él se han hallado restos materiales de todas las culturas que han pasado por la Península en los últimos cuatro mil años. Además se han encontrado grabados y petroglifos en cuevas del Barranco de la Hoz, en Cillas, y en Cobeta, donde se ven elementos podoformos. De la época del Bronce, en líneas generales, se han encontrado multitud de asentamientos. Por mencionar algunos, el Fuente Estaca en Embid, que es un hábitat en llano, de los siglos IX-VIII antes de Cristo, con material de sílex. En Aragoncillo el poblado de La Pedriza, en Cubillejo de la Sierra los yacimientos de la Ermita de la Vega, donde se encontraron cerámicas que evidencian ritos funerarios, y de la Loma Gorda, lugar en el que se han documentado tres asentamientos humanos progresivos, desde la edad del Bronce a una villa romana. También en una pequeña necrópolis cercana a la ciudad de Molina se han hallado restos cerámicos con ausencia total de hierro. Y en la próxima semana seguiremos nuestro periplo por ese mundo intangible pero sonoro y bello de la arqueología en Molina, en el que tanto se está trabajando hoy, especialmente bajo la dirección de J. Alberto Arenas Esteban, verdadero promotor de la recuperación de nuestra memoria colectiva. * * * En esta segunda semana de nuestro paseo arqueológico por el Señorío de Molina, vamos a pasar a la visión de la Celtiberia molinesa, periodo en el cual (de los siglos VI al II a. de C. aproximadamente, momento este último en que se produce la ocupación total de la Península por parte de Roma) es enorme la población, muy densa, y por lo tanto han quedado numerosísimos enclaves, hoy localizados la mayoría, estudiados y cuidados unos pocos, y con perspectivas de que en un futuro se puedan encontrar muchos más. Para los amantes y estudiosos de la Prehistoria, es sin duda el Señorío de Molina uno de los lugares ideales, con mayores perspectivas de hallazgos futuros, pues en el período celtíbero la población de este terreno, a pesar de ser una zona alta, y con un clima durísimo, fue muy abundante. Empezamos por visitar el Castro del Ceremeño, en Herrería. A lo largo de los últimos años, y bajo la dirección de la profesora Cerdeño, se ha trabajado en él y se ha recuperado totalmente su importante sistema defensivo y las estructuras de habitación que permiten conocer el trazado urbano y la distribución de las viviendas con total nitidez. Está El Ceremeño sobre un cerro, en el valle del Saúco, arroyo que vierte al Gallo. De unos 2.000 m2 de extensión, se ha podido fechar, el asentamiento más moderno, en la Edad del Hierro II, o sea, hacia el siglo III a. de C., y la primera ocupación del siglo VI a. de C. Consta El Ceremeño de una muralla que rodea en gran parte el perímetro del cerro, aunque hoy solo quedan completos sus costados sur y oeste. La muralla es de sillares y lajas de piedra caliza. De una anchura de 2-2'5 metros y hasta 2 metros de altura. Tiene un torreón esquinero, y contaba con una apertura, una puerta, a la que se ascendía por camino o rampa desde el valle. En su interior se ven las viviendas, que estaban adosadas entre sí. Las más grandes tenían 3 estancias cada una: de planta rectangular, 11'5 x 5 metros, tenían un vestíbulo, una sala central con el hogar y despensa al fondo, donde se encontraron restos de comida acumulada. La excavación metódica ha supuesto el hallazgo de gran número de piezas de cerámica, de filiación levantina, hechas a mano y con torno, algunas de ellas muy grandes y bien conservadas. También se encontraron objetos de bronce. En la parte baja del valle, en la zona de la vega, al pie del cerro, se ha localizado la necrópolis de El Ceremeño, y muchos de los objetos hallados, vasijas, etc, junto con fotografías, memoria de la excavación, y explicación de su significado, se muestran en un pequeño museo situado en el Ayuntamiento de la villa de Herrería. Continuamos nuestra visita a la necrópolis de La Yunta. Perteneciente a la época Hierro II, y por lo tanto fechable hacia mediados del siglo III a. de C., este importantísimo campo arqueológico se encuentra a 4 Kms. al noroeste del pueblo, en dirección a Embid, al pie de un cerro donde hoy está la ermita de San Roque. Casi a ras del suelo (a tan sólo 20-25 cms. de profundidad se ha encontrado lo más importante del conjunto) se han llegado a excavar 268 tumbas. La gran cantidad de ellas, y su buen estado de conservación hacen de este yacimiento de La Yunta un documento excepcional para conocer los rituales funerarios de los celtíberos. Se encuentran en este cementerio prehistórico estructuras tumulares, y otras de incineración simple. Algunas de las tumulares (las menos frecuentes) son especialmente llamativas, pues están formadas por varias hiladas de piedra de tamaño regular, con planta casi cuadrada, de 2 x 2 metros. Las de incineración simple constan de un hoyo en el que se deposita la urna con las cenizas, y encima una tapadera cerámica o losa de piedra. Se mezclan las de un tipo con las de otro, y no se han encontrado restos de ustrinia. Al quemar el cadáver, se colocaba previamente junto a él su ajuar completo. Todas las cremaciones fueron individuales, excepto dos de pareja mujer/hijo, que se hicieron al mismo tiempo. Según la categoría social, se enterraban con restos de animales, cabras, ovejas, incluso una vaca. En una de ellas, se ofertó un ciervo junto a la urna del difunto. En los ajuares de esta necrópolis de La Yunta se encuentran fusayolas, y huesos astrágalos de ovicápridos (tabas) perforados y en número muy grande. Se debían usar como adornos, collares, etc. También se han hallado fíbulas, y pocas, muy pocas armas. Se explica este hecho por ser una época de muchas luchas, contra los romanos, y no poder permitirse el lujo de enterrar al guerrero con sus armas. Había que volver a usarlas, permanentemente. Otro de los interesantes lugares de la arqueología celtíbera en Molina es el Cerro de la Cantera en Hinojosa. Situado en medio de los campos, se hace muy visible por sus empinadas laderas y su coronamiento amplio solemne, sobre una eminencia calcárea de difícil acceso. Se sabe que estuvo ocupado desde la Edad del Bronce, y en su altura se han encontrado numerosas piezas de sílex tallado, cerámicas hechas a mano con bordes decorados. Son realmente monumentales los restos que quedan de sus murallas, y se ven excavaciones semicirculares abiertas y talladas en las rocas de la ladera. Junto al mismo pueblo de Hinojosa, se alza otro típico cerro testigo al que allí llaman, por la tradición que corre desde hace siglos, el Cabeza del Cid pues la aparición continua de piezas metálicas, cascos, armas, etc en sus laderas y superficie, hicieron pensar a nuestros antepasados que allí había estado un gran ejército, y este no podía haber sido otro que el de Ruy Díaz de Vivar, cuando pasó de Burgos a Valencia por estas tierras. Ya don Diego Sánchez Portocarrero, historiador del Señorío en el siglo XVII, regidor perpetuo de Molina, hombre sabio donde los haya, y que vivió muchos años estudiando y escribiendo en su caserón de Hinojosa, propagó esta especie, pues él mismo, según refiere en su *Historia del Señorío de Molina+ subió a menudo a lo alto de este cerro, donde descúbrense cada día en este sitio diversos pedazos de armas de antigua hechura, yerros de lanzas de punta cuadrada, armaduras de cabeza a modo de cascos muy chatos con agujero en medio, y muescas para las orejas y abajo alrededor muchos taladros de donde debían de pender otras armas, y de esto se halla allí y yo he visto mucho y extraordinario. Merece, hoy todavía, una visita el castro de la Cabeza del Cid sobre Hinojosa. Por lo menos, se hace ejercicio al subir, y se ven magníficas vistas desde lo alto. En el centro del Señorío, en torno a Prados Redondos, abundan los pequeños castros celtibéricos. Uno de ellos, también estudiado meticulosamente por la profesora Cerdeño, es el de Chera, donde además del castro de La Coronilla se encontró una amplia necrópolis, en la cual se han podido localizar con exactitud los ustrimia o lugares donde se incineraban los cuerpos de los fallecidos. Es de los siglos II y I a. de C., y se encuentra a tan sólo 300 metros de la orilla del río Gallo. En sus tumbas, de estructura tumular sobre pavimento firme, se encontraron preciosos objetos que hoy se exhiben en museos, como urnas de cerámica, elementos de hueso, de bronce, de hierro y aún de plata: hebillas de cinturón, collares, vasijas profusamente decoradas, etc. Fue el estudioso local don Agustín González, quien primeramente estudió esta zona y rescató las mejores piezas, hoy conservadas en museos provinciales. La necrópolis de Chera ha servido para perfecionar el conocimiento de la estructura social de los celtíberos, a partir de la manera en que estos enterraban a sus muertos. Y en el castro, también de alto valor ilustrativo, se han encontrado viviendas adosadas, más pequeñas que en El Ceremeño, apoyadas en su *espalda+ sobre la muralla común del castro. En su aterrazamiento se encontraron silos excavados en el suelo, tanto dentro como fuera de las viviendas, de un metro de diámetro y algo más de profundidad, que tenían por función el almacenamiento de los cereales, lo que indica que las gentes de esta zona vivían fundamentalmente de la agricultura. Si el viajero desea entretenerse, durante varias jornadas, en mirar la tierra en torno a Prados Redondos, y subirse a los múltiples castros que otean el pelado territorio, puede hacerlo en el de Los Biriegos, en la rambla que va a Piqueras, donde se muestra en lo alto de un cerro el evidente resto de un fortín amurallado. El pueblo de Otilla en su origen fue un castro celtíbero. En Las Arribillas hay otro castro. En Torremocha, a la orilla izquierda del camino que desde Prados Redondos va a este pueblo, está el castro de Gozarán, y aún pueden visitarse los de Torrequebrada, Tordelpalo, Ribagorda y el Aulladero. Sin entrar en mayores detalles, y como una muestra final de la abundancia de yacimientos, unos estudiados y otros todavía no, de la época celtíbera en el Señorío de Molina, apuntar la existencia de un castro den Castellote, a la entrada del barranco de la Hoz. El Castro de la Torre en Turmiel, en la cima de un cerro de calizas margosas y jurásicas. El Castro de la Cabeza en Mazarete, en lo alto de un cerro, muy alto, con un corte en la montaña que permitía su acceso a los primitivos. El Castro del Castillejo en Anquela del Pedregal, a unos 3 Kms. al oeste de este pueblo, en una enorme altura, a 1.400 metros sobre el nivel del mar, con dos recintos bien diferenciados, y restos de murallas y un torreón, todos ellos provistos de materiales cerámicos. El Castro del Torréon, en Rillo de Gallo, ofrece restos de lo que fue un amurallamiento completo. Finalmente, en Cubillejo de la Sierra hay dos castros importantes: el de los Rodiles y el de la Loma Gorda, ya mencionados. Por el Alto Tajo, y todavía muy poco estudiados, hubo castros, de los que solo tenemos las noticias de las ruinas ciclópeas que nos da Sanz y Díaz, y que él vió en el Prado de la Lobera y en el Zarzoso. Son conjuntos de enormes piedras, bloques sin unión de argamasa, colocados unos encima de otros, con una finalidad posiblemente defensiva. Lo que Valiente Malla definió como *facies cultural del Alto Tajo+ en referencia a las formas de cerámicas halladas en estos castros, puede en un futuro marcar una nueva visión del conjunto de estas numerosas huellas de la Prehistoria en Molina. De la época romana muy pocos restos se han encontrado. Lo cual nos hace suponer que no fue ocupada esta tierra por los invasores lacios, al considerarla muy fría y pobre. Se han encontrado elementos que permiten localizar algunas villae en el valle del río Gallo, entre Molina y Corduente, y restos asociados a poblados celtibéricos, como en Herrería y Cubillejo de la Sierra. Una posibilidad, esta de andar, ver y conocer, que recomiendo a todos cuantos quieren saber de su tierra, especialmente de aquella altura entrañable, parda y seca, pero palpitante de recuerdos, que es el Señorío de Molina. Antonio Herrera Casado |
Semanas anteriores:
15 Septiembre 2000 - Pairones de Molina 8 Septiembre 2000 - Bajo los soportales de Guadalajara 1 Septiembre 2000 - Molina de los Caballeros 5 Agosto 2000 - El Madroñal de Auñón 18 Agosto 2000 - Sigüenza medieval y eterna 21 Julio 2000 - Cogolludo palaciego 14 Julio 2000 - Valdepeñas de la Sierra 7 Julio 2000 - Medio centenar de castillos 23 Junio 2000 - Torija desvelada 16 Junio 2000 - Alvaro de Luna en Atienza 9 Junio 2000 - Zorita, la alcazaba real y calatrava 26 Mayo 2000 - Una historia de Alovera 19 Mayo 2000 - Guadalajara funeraria 12 Mayo 2000 - Millana, una sorpresa románica 5 Mayo 2000 - Los antiguos Mayos 28 Abril 2000 - Mayos y Canciones 21 Abril 2000 - El Museo de Sigüenza 14 Abril 2000 - Pastrana y Turojar 7 Abril 2000 - Umbralejo 31 Marzo 2000 - Abril llueve libros 24 Marzo 2000 - El AVE pasa por Villaflores 17 Marzo 2000 - Con El Doncel en Sigüenza 110 Marzo 2000 - Un panal de rica miel 3 Marzo 2000 - Tiempo de Carnaval 25 Febrero 2000 - El castillo de Jadraque 25 Febrero 2000 - Ya llega la Feria de Tendilla, por José Luis García de Paz 18 Febrero 2000 - El Museo de Arte y Antropología de San Bartolomé de Atienza 11 Febrero 2000 - El neurocirujano alcarreño Andrés Alcázar del siglo XVI. 4 Febrero 2000 - Interior de Catedral 28 Enero 2000 - Nieve sobre Galve de Sorbe 21 Enero 2000 - Famosos y populares 24 Diciembre 1999 - Luzaga, sorpresa arqueológica 12 Noviembre 1999 - Hita, la bien murada 5 Noviembre 1999 - La Felicidad de la Alcarria, por Manu Leguineche 29 Octubre 1999 - El Cuadrón: una fortaleza calatrava en peligro 22 Octubre 1999 - Valdearenas en el Badiel 15 Octubre 1999 - La ruina de nuestros castillos: el de Embid 18 Junio 1999 - Pastrana: Historia de una mancebía 16 Abril & 9 Julio 1999 - Los Mendoza, Comuneros, por José Luis García de Paz 26 Febrero 1999 - La Feria de Tendilla, por José Luis García de Paz 1 Enero 1999 - Arquitectura Negra de Guadalajara 23 Diciembre 1998 - Navidad en la Alcarria 18 Septiembre 1998 - Rollos y Picotas de Guadalajara 31 Agosto 1998 - La iglesia de Tendilla: obras viejas y nuevas, por José Luis García de Paz 19 Junio 1998 - El Retablo de Santa Ana de Tendilla 5 Junio 1998 - Hita siempre de actualidad 24 Abril 1998 - El río de la lamia 27 Marzo 1998 - Datos sobre la iglesia de Tendilla, por José Luis García de Paz 20 Febrero 1998 - La Feria de San Matías en Tendilla, por José Luis García de Paz 23 Enero 1998 - Cifuentes, un mundo por descubrir 26 Diciembre 1997 - Retablos barrocos en Guadalajara 12 Diciembre 1997 - Pinturas rupestres en Guadalajara 5 Diciembre 1997 - Fermín Santos, ya en la historia 14 Noviembre 1997 - Manuel Criado de Val, siempre vivo 24 Octubre 1997 - Un vuelo por el Badiel (a pie o por Internet) 27 Octubre 1997 - Las Edades del Hombre, desde lejos 18 Julio 1997 - Sopetrán renaciendo
Regreso a página principal: Guadalajara... tan cerca Comentarios al autor: aache@retemail.es Información sobre el autor: Antonio Herrera Casado Home Page del autor: http://www.aache.com/personal Semanario Nueva Alcarria: Home Page Ruta del Arcipreste de Hita: Caminos del Buen Amor