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Semanario NUEVA ALCARRIA

Guadalajara / Sección Artes y Letras
Fecha: 1 Diciembre  2000

Viajes y recuerdos por Guadalajara

Las cañadas de la Mesta por Molina

Vamos a hacer en esta ocasión un repaso, que forzosamente ha de ser breve, de lo que fue el paso de los ganados de la Mesta, de los caminos y cañadas por donde discurrían, a través del territorio del Señorío de Molina, donde de una forma ya proverbial, siempre fue muy abundante y de gran calidad el ganado ovino.

Haciendo un recuerdo telegráfico de la historia de la Mesta, hemos de decir que se inicia en tiempos de Alfonso X el Sabio, en 1273, quedando sus normas contenidas entonces en el Cuaderno de las Leyes de la Mesta. Alfonso XI, en 1347, puso bajo su protección a todos los ganaderos del reino, disponiendo que se formara una sola cabaña, la Cabaña Real. Y en 1454, Enrique IV incorporó a esa Cabaña Real toda clase de ganado. Pocos años después, los Reyes Católicos dieron muchas prerrogativas a los ganaderos, declarando de su libre provecho todos los pastos, abrevaderos, majadas, veredas, descansaderos, baldíos y terrenos comunales, para que los ganados pudieran libremente circular.

La Mesta era así un auténtico "Estado dentro del Estado". También la monarquía de los Austrias dió muchos decretos favoreciendo la Mesta, y en el siglo XVI la cabaña nacional ascendía a casi tres millones de cabezas de ganado bovino, de las que casi la tercera parte estaban censadas en tierras de Molina. La política de los Borbones fue paulatinamente frenando al poderío de los Jueces y Alcaldes Entregadores de la Mesta, y restando fuerza a esta institución, quitando sus privilegios. Finalmente, las Cortes de Cádiz, y la activa política de Jovellanos, puso fin a esta oligarquía descarada de la que puede decirse que en gran modo frenó el desarrollo de la agricultura y la industria en España.

Los caminos por donde discurrían, España arriba, España abajo, los hatos y rebaños de ovejas en siglos pretéritos, recibían diversos nombres en función de su anchura e importancia. Estos caminos eran, de todos modos, respetados de forma general, habiendo duras penas para quienes los entorpeciera. Uno de esos caminos, el más principal, era la Cañada, paso entre zonas cultivadas, huertas, viñedos o labrantíos, con una anchura legal de 6 sogas y 5 palmos (unas 90 varas). Exactamente 75 metros. La vereda tenía 37 metros. La galiana era algo más estrecha, unos 20 metros de anchura, y finalmente quedaban los caminos más estrechos, los cordeles, las sendas, etc.

En Castilla había cuatro principales cañadas: al Oeste, las leonesas; la Central, ó segoviana; la del Este, manchega, y al Sur, la de Cuenca. De estas cañadas, como hemos dicho, salían ramificaciones: veredas o cordeles. Las cañadas de hoja eran estacionales, atravesando barbechos, y respetando en tiempo de siembra los territorios dedicados a la agricultura. Estos caminos eran vigilados y cuidados por los entregadores (jueces entregadores) que eran funcionarios judiciales protectores de la Mesta. Se llamaba Cabaña Real al conjunto de ganados bajo la protección real. La cabaña de un particular era el conjunto de reses ovinas, caballar, vacuno, equinos y porcinos de un propietario, grupo de propietarios o municipios. Cada cabaña tenía a su mando un mayoral, y se dividía en rebaños, o grey (así era llamada en el Fuero molinés), de unas mil cabezas cada uno. Los rebaños más pequeños se llamaban mesnadas, hato o pastorías. Cada uno llevaba 50 murecos y 25 cencerrados, que estaban a cargo de un pastor y 4 zagales.

Por la provincia de Guadalajara, el recorrido de la Cañada Real se iniciaba en el término de Torrecilla del Ducado, y terminaba en el de Almoguera por el sur. Entre ambas cruzaba por Olmedillas, Torre de Valdealmendras, Alboreca, Alcuneza, Barbatona, La Cabrera, Algora, Mirabueno, Las Inviernas, Masegoso, Solanillos del Extremo, La Olmeda, Henche, Castilmimbre, Picazo, Budia, San Andrés del Rey, Berninches, Fuentelencina, Valdeconcha, Hueva, Pastrana, Escopete, Escariche, Yebra, El Pozo de Almoguera, Fuentenovilla, Albares, Mondéjar, Mazuecos, Driebes y Almoguera, discurriendo en todos estos términos a través de los prados, cañadas, fuentes, majadas, bosquedales y términos más característicos, por donde los ganados mestales pasaban en su anual peregrinación desde los fríos pastizales de la alta Castilla hacia los templados horizontes de las sierras de Cazorla y valle de Alcudia.

Existían en este trayecto lugares que tradicionalmente se detenían los ganados y pastores a descansar, o eran utilizados como puntos de referencia para enviarse cartas, etc. Generalmente eran ermitas, torres abandonadas, o amplios espacios en forma de prados en los que cabían cómodamente los grandes rebaños. En las cercanías de Sigüenza era la ermita de Santa Librada el punto de reunión. Allí estaba, en los altos de Pelegrina, en el llamado cerro de la Santa, el descansadero de la Cañada Real Soriana. La Cañada real pasaba cerca de la ciudad, y por el interior de ésta cruzaba una vereda de ganados, por delante de la ermita de San Roque.

La Mesta en Molina

Centrando nuestra visión en el paso de los ganados mesteños por el territorio del Señorío de Molina, es interesante recordar cómo ya en el primitivo Fuero de la tierra molinesa, entregado por el primer Conde don Manrique de Lara a mediados del siglo XII, aparecen diversas cláusulas relativas a las cuestiones que los rebaños y ganados podían suscitar entre los primitivos pobladores de aquel gran Común medieval.

Y así, en un intento de proteger dichos ganados, el Fuero molinés establece que los pastores de Molina deben poner la marca de hierro a los ganados con la señal de cada dueño. Así mismo, establece que si los ganados entraran en sembrados, hasta marzo debe pagar 10 ovejas el responsable. Y de marzo en adelante, pecharán solamente 5 ovejas. Y si es desde San Ciprián en adelante, por no producir destrozo en las cosechas, no paguen nada. En otro artículo, se establece que si pasado San Juan se encontrara ganado entre las mieses, el dueño del animal pagará cinco ovejas de multa al dueño de la mies, y una oveja por cada diez que haya entrado en el sembrado. Si una bestia sarnosa encontraran paciendo en la dehesa comunal, el dueño pagaría una multa de 40 mencales. En este sentido, el fuero molinés defiende tanto a los ganaderos, para que protejan su cabaña, como a los agricultores, para que no sean lesionados en sus legítimos intereses por los dueños de los ganados. Recordemos que en 1154 todavía no se había fundado la Mesta, y por tanto el proteccionismo bajo-medieval aún no había alcanzado sus cotas más exageradas.

Sobre el ganado en el Señorío de Molina, nos habla el historiador del siglo XVII don Diego Sanchez de Portocarrero, quien primeramente describe la geografía molinesa, sus montes y bosques, y dice: Aquellas montañas, y asperezas tampoco en su género son infructíferas, antes muy útiles para los ganados, y sus pastos. Para los de lana es ésto de lo más a propósito de España así para el agostadero de los que vienen de los extremos, como para la conservación de los que no salen de la Provincia que llaman Zurros. De unos y otros no ha muchos años que fue esta tierra de las más ricas destos Reynos, porque sus Lanas (primeras en fineza después de las de Segovia) proveían gran parte a la fábrica de paños destos Reynos, y de las estrangeras, navegándose con copioso número e interés a Italia, Francia, Flandes, Inglaterra y a otras Provincias Septentrionales más. Y añade don Diego: Ya los accidentes del terreno han minorado mucho la cría y esta utilíssima grangería, sin embargo que aún salen de aquí muchas lanas para otras partes, y gran copia de Carneros, Ovejas y Cabrío que abasteze de carnes a los cercanos y a muchos apartados distritos, dejando bien proevído este a moderados precios.

En cuanto al número de cabezas de ganado en Molina, sobre el que se han dado a veces cifras disparatadas, hemos de considerar que si el Censo de 1477 de ganado ovino, vacuno y cabrío daba para toda Castilla la cifra de 2.694.000 cabezas, de éllas más del medio millón estaban en Molina. En el siglo XVI superaba las 750.000 cabezas, y hacia 1750, todavía tenía 470.000 cabezas. El ganado lanar molinés era considerado de varias categorías, siendo las más importantes el fino, extrafino, zurro y vasto.

Durante la Edad Media, muchos particulares tenían su propia cabaña. También abadías y monasterios. Destacaba en este sentido el Monasterio de Buenafuente. También los duques del Infantado, y en Molina concretamente los condes de Priego, parientes suyos, fueron grandes propietarios de ganadería trashumante.

Recordando el paso de los ganados por el Señorío de Molina, hay que decir cómo el territorio era atravesado totalmente por la Vereda Real, que desde Aragón iba hacia la cabaña de Cuenca. Esta vereda pasaba por el valle del río Mesa, atravesando luego los montes y páramos de Molina hasta llegar a Peralejos, Puente del Martinete y Serranía de Cuenca.

De Molina surgía la Vereda de la Mata, y por la plaza de San Francisco salía hacia la Pedriza y llegaba hasta la Vega de Arias, siguiendo desde allí una ruta que seguía la cabaña propiedad de la familia del marqués de Santa Coloma, que tenían su asiento en Chera. Los ganados de la Sierra generalmente cruzaban por la vereda que atravesaba el puente de la Tagüenza, por el que pasaba el camino que desde Soria llevaba hacia Andalucía y el valle de Alcudia.

Las asambleas de los ganaderos se solían celebrar en puntos amplios y destacados, con buenos accesos, como ermitas o iglesias. En el Señorío de Molina, estos lugares eran: 1) en el campo de la torre de la Ermita de San Pedro, entre Concha y Aragoncillo: el 14 de septiembre. 2) en el torrejón de Traid, el 11 de septiembre. 3) en la ermita de San Bartolomé, en Prados Redondos, el día de San Miguel. Y 4) en Ventosa, el 28 de septiembre.

Antonio Herrera Casado
Cronista Provincial de Guadalajara


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