| Tendilla y sus Ferias durante la Historia |
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En Tendilla han existido dos Ferias: la de San Mateo (de caracter local, ganadera y a finales de septiembre) y la de San Matías (finales de febrero), que fue la más importante.
El primer documento escrito sobre la Feria de Mercaderías de San Matías data de 1484 en que los Reyes Católicos confirmaron su caracter de "ferias francas" (las transacciones mercantiles no pagaban impuestos a la Real Hacienda). Se menciona que existían ya desde tiempos de Juan II (inicios del siglo XV).
El apogeo de la Feria (y de Tendilla) se produjo en el siglo XVI. Tendilla tenía 600 casas y 2800 habitantes, muy pocos aristócratas o hidalgos y una mayoría de artesanos y agricultores que dependían de sus señores los Marqueses de Mondéjar (que eran a su vez Condes de Tendilla). Hacia 1580 se fabricaba jabón de ladrillo y tinte de paños y la villa tenía un molino, tienda de paños y joyería, habiendo bordador, organista, plateros, tratantes y mercaderes, carpinteros, tracistas, ensambladores y "arquitectos". Había muchos nogales, y se cultivaban vides, olivos, cáñamo, frutas, hortalizas y algo menos de cereal y zumaque.
Durante la época invernal las actividades quedaban en gran parte paralizadas. Los caminos se "ponían difíciles" y se aprovechaba para elaborar (y almacenar) lo que luego se vendería en el mercado. No había terminado aún el invierno y la Feria de San Matías era la primera oportunidad para realizar las ventas. Los paños venían de toda Castilla, Aragón, paños extranjeros, terciopelos, rasos y damascos. Se ponían tiendas de joyería, platería, mercería, mercadería de Flandes, lienzos traidos por vizcaínos y e incluso portugueses con hilos, lienzos, especias, drogas y conservas de la India. También se podía comprar miel, cera y pescados en conserva de todas clases (la Feria coincide con el comienzo de la Cuaresma). Los Marqueses ganaban 1200000 maravedies durante la feria solo con un impuesto del 3% de alcábala. Según mis datos un maravedí del reinado de Felipe II equivalía a dos pesetas de 1972. La Feria llegó a durar 30 días y su pujanza (y con ella la de Tendilla) permitió acometer obras monumentales de la envergadura de la Iglesia Colegiata, por desgracia inacabada, trayendo a arquitectos de la talla de Rodrigo Gil de Hontañon (1539-1542?) y maestros como Francisco de Naveda (1566-1575), este último menos conocido aunque tuviera una importante participación en El Escorial.
Para que la Feria funcionara tenía una organización que asignaba a cada mercader una zona para poner su género. Se empleaba principalmente la parte soportalada (Tendilla tiene en la actualidad dos kilómetros de soportales) que les preservaba de la lluvia o de las más que probables nevadas. Alojamiento y comida para tanto mercader y visitante dejaban abundantes ganancias a los vecinos. La asistencia y variedad era tal que se llegó a comparar la Feria con "una Alcaicería Granadina". Podemos imaginar que los tratos se cerrarían con un apreton de manos y un trago del buen vino de la zona, pues en la Alcarria habían muchos viñedos hasta que la filoxera acabara con casi todos ellos a comienzo del siglo XX. Aún quedan los restos de grandes bodegas excavadas en la montaña albergando tinajas de gran tamaño. Entonces como ahora se comerían productos de la matanza del cerdo y unas buenas y "energéticas" migas con picadillo. Las alteraciones del orden así como de la exactitud de pesos y medidas, y la reventa se castigaban con fuertes multas. Todas las incidencias se apuntaban en un Libro de la Feria.
Esta "época dorada" finalizó tanto por el despoblamiento (emigración a las Americas o a la Corte, sangría demográfica de las múltiples guerras, etc), las cíclicas malas cosechas, las riadas en el estrecho valle de Tendilla o el alza de precios como consecuencia de la llegada del oro de América y las guerras (en un siglo se cuadruplicaron precios que antes apenas cambiaban). La Alcarria fue un campo directo de batalla en la guerra de Sucesión y el Marqués de Mondéjar apoyó al bando perdedor del Archiduque Carlos cuyas tropas saquearon a finales de 1710 Tendilla. Sería muy largo de contar. Como muestra Tendilla presenta en el siglo XVIII sólo 165 casas y 752 habitantes. Sin embargo el aspecto externo del pueblo apenas cambió respecto a lo indicado en las "Relaciones Topográficas" de Felipe II en 1580. El escritor Tomás de Iriarte (conocido por sus fábulas moralizantes) describe en 1781 a Tendilla como "mediana villa con una gran arboleda", aludiendo a los olivos y nogales que había en la vega.
La lenta recuperación permitió una "edad de plata" de las Ferias, aunque lejos de los niveles anteriores. Larruga en su "Memoria Económica" a finales del XVIII dice que la Feria de San Mateo tenía muy poco movimiento. La Feria de San Matías se fue orientando hacia el ganado poco a poco. En el siglo XIX Madoz en su "Diccionario" dice que la Feria de San Matías era todavía la principal del partido de Pastrana, y a finales del mismo siglo Pérez Cuenca afirma que duraba tres días y era muy concurrida. En el siglo XX ya sólo se realiza una feria del 24 al 28 de febrero con ganado, principalmente mulas. Muchos vecinos ganaban un dinero muy importante para su subsistencia transportando el ganado vendido, alojando y alimentando comerciantes y "muleteros" y alquilando sus cuadras para guardar el ganado. Algunas mulas se vendían en varios plazos.
La población de Tendilla fue aumentando hasta llegar a 1048 habitantes en 1902. A partir de ahí ha ido descendiendo paulatinamente. En la primera mitad de este siglo existía una gran fragmentación en la propiedad por las particiones de sucesivas herencias, compras y ventas. Un labrador podía tener varias pequeñas parcelas muy distantes unas de otras, obligandole a "saludables" caminatas de una a otra. Se llegaban a vender las casas "por habitaciones" de un vecino al de al lado, por lo que las propiedades se entrecruzaban (cuadra, primer piso y cámara situadas en vertical podían pertenecer a propietarios distintos) antes incluso de que este hecho fuera general haciendo necesaria una "Ley de la Propiedad Horizontal". Se cultivaban lentejas, garbanzos, el olivo, cereales, hortalizas, algunos nogales y unos pocos frutales en la vega. En el corral de las casas habían gallinas, conejos y un cerdo para la matanza. La falta de bosque sobre los cerros obligaba a calentarse en invierno con sarmientos secos de vid o ramas viejas de olivo (el pinar de Tendilla es de repoblación).
Julio Caro Baroja menciona las Ferias al comienzo de los años 50, desapareciendo durante los años 60. Desde hace pocos años (1994) por iniciativa del Ayuntamiento de Tendilla y con muy favorable acogida de público, ganaderos y comerciantes se está recuperando la celebración de esta Feria, aunque desde una perspectiva distinta a la original pues ahora esta más orientada al caballo y la artesanía ya que los tiempos han cambiado. Espero veros allí este año degustando unas migas y picadillo bien hechos.