| La Feria de Tendilla: Tradiciones Orales de mis Mayores. |
En el siglo XX de las dos Ferias que antaño tenía Tendilla sólamente permanecía la Feria de Ganado que se celebraba por San Matías (24 de febrero los años no bisiestos). No había terminado aún el invierno y la Feria era la primera oportunidad para realizar unas ventas.
La Feria se reunía a lo largo de todo el pueblo, tanto en la plaza junto a la Iglesia como a lo largo de los soportales (hay dos kilómetros de soportales en Tendilla), los cuales se convertían en unas improvisadas tiendas para monturas de animales, aperos de labranza, hierro viejo, guitarras, etc, bien guarecidos allí de lluvia o nevadas (me contaban que "para la Feria siempre nevaba"). La calefacción era a base de ramas viejas de olivo principalmente, al ser los montes de Tendilla zona de pastos. Alguna leña venía del pinar de repoblación.
Durante la Feria se hacían rifas y subastas. Del vecino Peñalver venían los mieleros con blusa a rayas y alforjas donde llevaban queso, miel y chorizos (y morteruelo siendo época de matanza). Los niños iban por los soportales mirando escaparates, pues con el poco dinero de la postguerra sólo podían mirar, y alguno corriendo acabó tirando al suelo sin querer un puesto de peladillas y almendras con el disgusto del dueño (verídico).
En las "Eras del Pan Trillar" situadas junto a lo que ahora se llama "el Ferial" o también "el Peaje" a la salida del pueblo en su parte oriental camino hacia Sacedón, se vendía el ganado, las mulas aptas para la labranza y las mulas viejas. Estas, según su estado, podían valer para trillar o tirar de una noria (solían ir hacia Toledo) o solo para carne. Las fincas de alrededor servían de terreno de prueba para comprobar el estado de los animales con arados romanos y carros. Las mulas jóvenes ("muletas") solían venderse dentro de las cuadras dónde se guardaban al estar poco domadas. Con las mulas venían los "muleteros", vestidos con blusones negros (alguna vez gris) para distinguirse entre visitantes y compradores. Venían tambien gitanos a hacer tratos en su nombre o en nombre de otros, recibiendo por ello una comisión. Los periódicos provinciales cuentan que algunas mulas se vendían en plazos, especialmente si se preveía buena cosecha de oliva, volviendo el vendedor tras ella a cobrar el segundo plazo, obteniendo el dinero casi siempre.
Venían muchos muleteros del pueblo de Maranchón de dónde era conocida la familia "Badanas", uno de los cuales se casó con una tendillera. Venían de Tamajón los "Gamos", de Yélamos los "Mingarras", de Peñalver los "Manguitos", de Brihuega los del "Tio Pepe" y de Budia los "Garrotes". Otros muleteros famosos eran el "Tío Caín" de Cuenca, los "Lucas", etc. Especializados en mulas jóvenes estaban "Badanas", "Gamos" y "Lucas". Estos nombres los conozco oralmente por familiares que conocieron la Feria.
En todos los accesos al pueblo se situaban los recaudadores, vestidos antiguamente con blusones rayados y boina, que se quedaban en subasta pública con el impuesto municipal (el "punto") y luego lo cobraban a todos los visitantes por el ganado que entraba al pueblo. Hacia el final de la Feria los recaudadores vestían la misma ropa que los visitantes. La Guardia Civil se encargaba de decomisar navajas y objetos peligrosos. La población durante las ferias llegaba a multiplicarse por ocho (en 1956 Tendilla tenía 907 habitantes), con los consiguientes beneficios que proporcionaba al pueblo el tenerlos que alojar y dar de comer. Existía un "Libro de Feria" dónde se apuntaban los sucesos que acaecían, ganancias municipales, impuestos y también las multas por las irregularidades cometidas. La reventa estaba prohibida durante la feria.
Algunos vecinos llegaban vivían todo el año con lo que ganaban en la feria y lo poco que les producía la agricultura y los animales de corral. Unos se contrataban para transportar el ganado vendido hasta la casa del nuevo dueño o hasta la estación de ferrocarril de Guadalajara. Otros vivían en el primer piso de su casa y toda la planta baja era una gran cuadra con muchos pesebres que se alquilaban para alojar el ganado durante la Feria, dónde a veces se hacía el trato con un simple apretón de manos que indicaba la palabra empeñada. Mi propia casa tenía una cuadra debajo y otra en la pajera con en dónde algún anterior propietario alojó ganado. Los feriantes avisaban antes de ir al dueño del lugar dónde se alojaban otros años para reservarlo y solían colocar el puesto siempre en el mismo sitio.
En los años 50 Tendilla tenía dos locales dónde se bailaba por las noches con música de manubrio (u organillo), uno al lado del horno de pan viejo junto al río y otro junto al viejo casino en la carretera. Estos locales eran más concurridos durante la Feria. Pero como casi siempre la Feria caía en Cuaresma, los católicos practicantes veían mal la asistencia al mismo. Otros iban sin más y a alguno le tocaba luego pasar por el confesionario por asistir al baile.
Julio Caro Baroja menciona "las Ferias no son ya ni sombra de lo que fueron" cuando describe Tendilla hacia 1948 en "Los Baroja", pues el final se iba acercando. Aún llego el "canto del cisne" en 1958 en que la afluencia de público y mercancías, mayor incluso que en años anteriores, sorprendió a todos. Pero en los años 60 la Feria de Ganado desapareció. Yo mismo no guardo recuerdos infantiles de la misma. Solo cuatro puestos se pusieron en la plaza en 1969-70. La mula dejaba paso al tractor!
La Feria ha dejado en el cancionero popular un malintencionado refrán que dice "No compres mula en Tendilla/ni en Brihuega compres paño/ni te cases en Cifuentes/ni amistes en Marchamalo/La mula te saldrá falsa/el paño te saldrá malo/la mujer te saldrá p.../y los amigos contrarios." Curiosamente he oido y leído varias versiones, todas cambiando la parte de la mujer y el amigo de modo que se refieran a un pueblo rival, pero en todas las diferentes versiones se mantiene la referencia a las mulas de Tendilla y los paños de Brihuega.
Desde 1994, por iniciativa del Ayuntamiento de Tendilla y con muy favorable acogida de público, ganaderos y comerciantes se está recuperando la celebración de la Feria, pero como los tiempos han cambiado ahora está más orientada al caballo, comercio y artesanía. En 1998 hubo una demostración de cetrería y se representaron por las calles entremeses ambientados en el Siglo de Oro español. Espero veros allí este año degustando unas migas y un picadillo bien hechos.