Leyendas de la Tierra de Guadalajara
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La Caballada de Atienza

Los hermanos cofrades de la Caballada,
ante el castillo de Atienza.

 

Un hermano caballero,
preparado para la carrera de la Caballada.

La Caballada de Atienza

La tradición más característica de Atienza es la Fiesta de la Caballada, una de las más antiguas y curiosas de España. Se trata de la fiesta anual de una cofradía, la de arrieros o recue­ros de Atienza, puesta bajo la advocación de San Julián y la Santísima Trinidad. Tiene su orígenes en los antiguos gre­mios medievales formados para la defensa de los intereses de un oficio o actividad, como era en este caso la de los arrieros o transportistas de mercancías en mulas, de las que había cre­cido número en esta villa, cruce de caminos entre las dos Cas­tillas y Aragón. Estos arrieros atencinos protagonizaron un bello gesto de lealtad al monarca castellano, el aún niño Alfonso VIII, que tenían en Atienza custodiado ante las ame­nazas de su tío el rey Fernando de León de acaparar el reino de Castilla. Y estos hombres de Atienza, decidieron, una mañana de primavera del año 1163, sacar de la villa a su rey, escondido en una comitiva de arrieros, para llevarle a Segovia y allá ponerle a salvo. Este acto fue base del gran aprecio que Alfonso VIII tuvo siempre por Atienza, favoreciendo al pue­blo con mercedes y exenciones. Y este acto de valentía y fide­lidad fue la base de una celebración anual que los hombres de Atienza han mantenido incólume durante más de ocho siglos: la Caballada. Con unas ordenanzas, escritas en pergamino en aquella época, y un ritual perenne que cada año, el domingo de la Pascua de Pentecostés, se repite. Los miembros de la «Mesa» o «Concejo» de la cofradía van la tarde anterior hasta la ermita de la Estrella, donde se comen siete tortillas hechas con diferentes rellenos, que recuerdan las siete jornadas que emplearon los arrieros en trasladar desde Atienza a Segovia al rey niño Alfonso. A la mañana siguiente, vestidos todos los cofrades con el traje castellano, oscuro, de pana, con grandes capas pardas, sombreros de ala ancha, y montados en enjae­zados caballos o mulas, van a la casa del cura o abad de la cofradía, a recogerle a su casa, el cual monta también a caba­llo. Luego pasa lista el «fiel de fechos» poniendo multas a quien haya incurrido en alguna pena durante el año anterior. Se subasta luego la bandera o el guión de la cofradía, dando el grito de «¡Buen mozo la lleva!» cuando se adjudica. Luego se pone en marcha la comitiva, precedida de un gaitero y un tamborilero, más el abanderado. Pasan las calles del pueblo, y bajan hasta la ermita de la Estrella, a unos dos kilómetros del pueblo. Allí se saca en procesión a la Virgen, se subastan las andas y un árbol de rosquillas, se baila la jota serrana a la puerta de la ermita, y se come: los cofrades, en privado, en un apartado de la ermita, y el pueblo sobre los prados que la rodean. A la tarde, se regresa al pueblo, se toma un vaso de vino en la plaza del Trigo, todos aún caballeros de sus mon­turas, y luego se trasladan a la vega de poniente del castillo, donde se celebran carreras animadas, a caballo, de los cofra­des, por parejas. Es una fiesta muy vistosa y tradicional, a la que cada año acuden centenares de curiosos, turistas y estu­diosos del costumbrismo castellano.


Acaba de ser editada la obra de Tomás Gismera:
"La Caballada de Atienza".
Información en ediciones@aache.com

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Guadalajara,
sábado 19 de octubre de 2013