Castillos habitados
(en Guadalajara)

Texto publicado por Ignacio Carrión, en El País Domicial de 9 Julio 2000


Establés (Guadalajara)
Marc Swanson restaurando el castillo de Establés, en Molina.

En el castillo de Malasombra, propiedad de Íñigo Míguez del Olmo, no hay cobertura para el móvil por culpa del fantasma. Cuando Íñigo, un bilbaíno de 32 años, se aproxima a sus queridas piedras medievales, el teléfono suelta una pedorreta y deja de funcionar.
¿Qué puede hacer este hidalgo? ¿Sobornar al fantasma de su castillo con acciones o stocks options de Telefónica? ¿Perseguirlo con un retrato del presidente Villalonga?
Incomunicado del exterior cuando más lo necesitaba, don Íñigo tuvo que superar muchas dificultades a la hora de acometer la restauración de los torreones que compró hace tres años a buen precio (prefiere no revelar cifras), a través de un anuncio publicado en El Heraldo de Aragón. Aquella compra era complicada por cuestiones de una herencia. Sin embargo, íñigo Míguez, licenciado en Empresariales por Deusto y experto en el arte de la esgrima, se tomó el asunto como un duelo de honor con sable y ganó la partida.
Íñigo Míguez sabe que la restauración y acondicionamiento de un castillo medieval para hacerlo habitable puede convertirse en un pozo sin fondo en el que perece ahogada la víctima del llamado mal de piedras. Para evitar ese horrible fin insertó un tentador anuncio en el periódico Segunda Mano. Decía así: "Alquilo castillo medieval en Guadalajara perdonando el pago de la renta a quien se ocupe de su restauración".
L.os primeros en responderfueron los últimos que a don Íñigo le interesaban. Se identificaron como Legionarios de Cristo, o quizá Millonarios de Cristo, algo que puso en guardia a Íñigo sospechando que pudiera tratarse de una secta. Rehusó el ofrecimiento. También hizo lo mismo con unos criadores y domadores de perros. Pero, en cambio, aceptó a una pareja de norteamericanos de Tejas que derrochaban entusiasmo ante la perspectiva de habitar en un auténtico castillo medieval español sin conexiones con Disney.
En abril de 1999, Mark Swanson,de 31 años, y su compañera Wisty Pender, de 29, aparecieron en bicicleta por el polvoriento camino que lleva a Establés, el pueblo de cinco vecinos donde se encuentra el castillo de Malasombra. Vieron el castillo, abrieron la boca y como recuerda Mark, "tragamos saliva y nos abrazamos para darnos ánimo ante el montón de ruinas que tendríamos que convertir en lo que siglos atrás fue un castillo".
Pero Mark se sentía con fuerzas y conocía el oficio. Los vecinos del pueblo lo llamaban Markis de Establés. Y en cierto modo Mark se considera tan aristócrata español ahora como antes se consideraba tejano de rodeos. Su abuelo, además, había sido constructor. Y él trabajó años como peón de albañil en la ciudad de Austin (Tejas), donde más tarde invirtió sus ahorros en un taxi.
A Wisty, en cambio, las piedras se le cayeron encima. Y aunque a ratos ayudaba a su compañero en el andamio,optó por ofrecer sus servicios como profesora de inglés a varias empresas madrileñas. La contrataron y ahora divide la semana entre los sigilosos fantasmas de Malasombra y los agresivos ejecutivos del paseo de la Castellana.
La visión que tiene Wisty de su propio futuro no es más que el resultado de combinar el elemento pétreo medieval con el etéreo elemento virtual del siglo de Internet. Dice que esto garantiza el equilibrio psíquico, la perspectiva histórica del sujeto y un estilo de vida singular. Witsy nació en Florida. Estudió Bellas Artes en Austin (Tejas). Trabajó como relaciones públicas para el alcalde de Austin. Allí conoció a su compañero Mark. Y ambos decidieron ver mundo, vivieron una temporada en Venezuela y cuando ya manejaban algo mejor el idioma español volaron en el año 1996 a nuestro país.
Con Íñigo Míguez, el amo del castillo, han firmado un contrato en el que ambas partes acuerdan que, una vez concluida la restauración de Malasombra, la mitad de los beneficios de la explotación hotelera (será un castillo rural) será para ellos. Pero ellos no sólo ponen la mano de obra, sino también los materiales de esa obra, que pagan de su bolsillo.
A su vez, reclaman los esforzados inquilinos y obreros alguna ayuda extra los fines de semana, y el amo Íñigo Míguez vuelve a insertar anuncios en el periódico Segunda Mano en los que ofrece fin de semana gratis en castillo medieval a cambio de ayudar en la reconstrucción. "Yo les aviso de que lo único que aquí les damos es agua -y si se la traen, mejor- y techo, pero ni cama ni alimentos", dice el maestro de espada.
De manera que el castillo habitado hoy por los gringos y frecuentado por voluntarios de la paleta quedará rematado en un par de años. Y entonces se cosecharán los frutos gracias a las seis habitaciones de lujo que explotarán al alimón, así como a los salones y torreones que habilitarán para reuniones y conferencias y clases de inglés impartidas por Wisty y promocionadas por la red. Y este sueño los mantiene muy despiertos.
El fantasma de Malasombra se les aparece cuando menos lo esperan. Mark dice que hace poco estaba cortando leña y se volvió y vio a un hombre que le observaba fijamente, y sabe que ése es el fantasma, pero no lo considera peligroso. Se han acostumbrado a tenerlo por allí.
El avispado don Íñigo posee otro castillo en la misma provincia de Guadalajara, en Guijosa, cerca de Sigüenza. Y tiene a la vista un par de adquisiciones más del mismo paño y alguna torre en el Mediterráneo. El castillo de Guijosa lo arrendó a Roberto Carrizosa, un colombiano aparecido también en los anuncios por palabras de Segunda Mano. Pero este castillo necesita semejante restauración, reconoce don Íñigo, que depende por completo de los negocios del hidalgo de Colombia.
La actividad entusiasta a favor de la recuperación de castillos le ha valido a Íñigo Míguez ser nombrado director de Propietarios de Castillos, rama o almena, por así decir, de la tradicional Asociación Española de los Castillos, uno de cuyos vicepresidentes es el aristócrata y diplomático Guillermo Perinat. La citada asociación lleva funcionando medio siglo y cómo no, posee un castillo propio en Villafuerte de Esgueva (Valladolid), así como una revista y un registro de los 6.500 castillos de nuestro país.
De esa cifra no son más de 150 los que están en buen estado tanto exterior como interior, y de éstos no deben de ser más de una quinta parte los que, en manos de particulares y no de instituciones, se encuentran habitados.
Los responsables de la asociación quieren descentralizar al máximo sus competencias para que cada delegación regional acceda directamente a las ayudas económicas procedentes de la Unión Europea. Un propietario de castillo puede deducir un 20 % de lo invertido en la rehabilitación. Pero, según Perinat, esto es insuficiente. La nueva y esperada Ley de Fundaciones y Mecenazgo modificará este extremo.
Las autonomías también conceden ayudas, pero son muy desiguales. Castilla-La Mancha entrega a fondo perdido un 50 % de lo que se invierta en rehabilitación exterior y hasta un 10 % en la interior. Pero aun así, los amantes de los castillos lamentan que "todos los días se caiga algo de un castillo", en palabras de Guillermo Perinat.Y cabría añadir que aún seria más lamentable que las piedras de esos castillos semirruinosos cayeran sobre los cráneos del atónito pueblo.
A pesar de tener un patrimonio artístico de este volumen, la legislación de 1980 no contempla, según Perinat, el entorno de los castillos, y éste es un tema conflictivo. Existe una sentencia del Tribunal Supremo que falló en contra de edificar a menos de 200 metros, pero ni siquiera los organismos oficiales que deberían respetar antes que nadie esa norma lo hacen.
Perinat añade que todavía no se ha tipificado en España el delito de agresión cultural. Y esto permite que desaparezca una reja, que se arranquen portones y se destruyan dinteles impunemente. Si uno pudiera llevarse un torreón en el maletero del coche se lo llevaría sin mayores consecuencias.
Cantidad de castillos no significa, como es lógico, calidad de los mismos. Más de 600 se hallan en avanzado estado de descomposición, es decir, figuran como vestigios y son irreconocibles. Otros 700 son ya ruina avanzada, o sea, restos. Y otros 325 más entran en la categoría de ruina consolidada.
A pesar de que existe un decálogo de la restauración que contiene la Carta de Venecia, y del que lo más destacable es el mandamiento de consolidar lo existente antes que añadir nada, siguen cometiéndose tropelías, y la asociación sigue denunciándolas con mejores o peores resultados.
En tiempos de bonanza económica y de culto a la exhibición impúdica de la prosperidad, algunos nuevos ricos se han tomado las piedras medievales como otros se tomaron el yate, es decir, como un bien reverencial que recalca su status. Y así, quien no heredó el castillo de sus antepasados lo compra a precio de mercado con todos los blasones imaginables, incluso añadiendo algunos, y de este modo colma su megalomanía sin renunciar a las nostalgias guerreras. Lo cual ha desatado una fiebre imnobiliaria medieval que se tradujo en casi medio centenar de compraventas de castillos sólo en el año 1999.

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