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La
capilla de Luis de Lucena, situada en la cuesta de San Miguel, es el
único resto conservado de lo que fuera iglesia parroquial de San Miguel
del Monte, obra románico-mudéjar que fué derribada en el siglo pasado,
salvándose por fortuna esta su capilla aneja.
Fue
diseñada, costeada y dirigida en su construcción por su fundador el
doctor Luis de Lucena, sabio humanista nacido en Guadalajara a fines del
siglo XV, eclesiástico y médico: cuidó de la salud de los Papas, en
Roma, tras haber ejercido su profesión y publicado algún libro sobre
enfermedades, en Tolosa de Francia; erudito investigador de la antigüedad
clásica y preocupado por todos los problemas de la cultura, residió en
Italia largos años, acudiendo a las Academias más afamadas. Erasmista y
hondamente interesado en las cuestiones del espíritu, planeó su capilla
de Nuestra Señora de los Ángeles, en Guadalajara, como un monumento a la
Espiritualidad (programa iconográfico de las pinturas de sus bóvedas) y
a la Sabiduría (mandó en su testamento que el piso superior fuera
destinado a biblioteca pública).
Es muy posible que el
arquitecto diseñador de este templo fuese el mismo fundador, el humanista
Luis de Lucena. En una placa de piedra tallada que luce sobre el almenaje
de su torreón sureste, aparece escrita en latín una frase en la que dice
que el año 1540, Luis de Lucena cuidó de hacer esta capilla y la dedicó
a la Virgen. Aunque ya por entonces se encontraba en Roma, es muy posible
que desde allí mandara los planos para este conjunto que supone una
magnífica conjunción del casticismo mudéjar arriacense y las formas
interiores de manierismo romano más puro.
Las pinturas, hechas ya
cuando el fundador había muerto, pero siguiendo sin duda un plan
previamente trazado por él, son debidas al pincel de Rómulo Cincinato,
un artista florentino que vino a España mediado el siglo XVI, al llamado
de Felipe II para decorar su monasterio de El Escorial. Allí trabajó
junto a Tibaldi, Zúccaro y otros italianos, viniendo a Guadalajara hacia
1580, ya viejo, para pintar las techumbres de las salas bajas del palacio
del Infantado, y haciendo este trabajo de la capilla de Lucena en sus
ratos libres. Algunas de las pinturas de sus bóvedas han quedado sin
concluir.
La capilla pasó tras la
muerte del fundador a su familia, que eran apellidados Núñez y que
casaron con los Urbinas, por lo que con este último nombre fué conocida
los últimos siglos. Abandonada progresivamente, se salvó milagrosamente
del derribo cuando en la segunda mitad del siglo XIX, y tras la
exclaustración, fue eliminado el templo anejo de San Miguel. Convertida
en leñera, y muchos años abandonada, en 1914 fue declarada Monumento
Nacional y restaurada por iniciativa del entonces ministro Conde de
Romanones, bajo la dirección técnica del arquitecto historicista Ricardo
Velázquez. Abandonada otra vez, en el momento actual se conserva
aceptablemente, pero cerrada permanentemente y sin destino alguno, su
deterioro progresivo está anunciado.
Descripción
La capilla de Luis de Lucena
fue construida hacia 1540. Es un curioso edificio todo él fabricado en
ladrillo, con el que su arquitecto y diseñador logró unos magníficos
efectos ornamentales. Sus paramentos, orientados al norte, sur y a
poniente el más amplio, muestran las huellas de sus arcos que en tiempos
fueron descubiertos. Reforzando las esquinas, y al comedio del muro
occidental, se levantan unos cubos cilíndricos que rematan en almenadas
cupulillas, sustentadas a su vez por modillones. El pronunciado alero se
sustenta por un complicado friso de mocárabes, todo ello en ladrillo
consiguiendo en los huecos que entre sí forman los modillones inferiores
de este friso, representar cruces y otras figuras ornamentales, todo ello
manejando con verdadera gracia el elemento mudéjar por excelencia. La
elaborada estructura de esta capilla, con su arrebatado mudejarismo,
sorprende en pleno siglo XVI. Y más aun al conocer la filiación
hondamente humanista de su fundador. Sobre el cubo angular del S.O. del
exterior de la capilla, hay una cartela de piedra tallada en la que se lee
lo siguiente: Deo Optimo Maximo / Dei Matri Beatissime / Angelorumque
Hierarchiis / Ludovicus Lucenius erigendum / Curavit, dicavitque, Anno /
et Christo nato M.D.XL. Sobre la puerta de entrada, está el curioso
escudo heráldico del fundador.
Las pinturas de las
techumbres, arcos y enjutas, mas las que probablemente asentaron en sus
paredes, se encuentran hoy en buen estado de conservación, tras una
cuidadosa restauración a la que ha sido sometida esta capilla, y así se
puede admirar su conjunto y el programa religioso que forman: la línea
central de rectangulares cuadros ocupa, en sucesión y disposición que
recuerda a la de la Capilla Sixtina, toda la bóveda de la capilla, y
presentan escenas de la vida del pueblo judío, guiado por Moisés, y
luego por Salomón, representándose en el arco mayor una magnífica
escena de la llegada a Tierra Prometida. En las mismas bóvedas, se ven
representaciones de las Virtudes Cardinales (cuatro figuras magníficas,
de fina ejecución) con sus correspondientes atributos, de diversos
profetas y luego de Sibilas, que en número de doce rellenan también
algunos espacios de enjutas, completándose con representaciones de las
virtudes teologales. Pueden interpretarse como un "camino en el Cielo
hacia Cristo" de indudable inspiración erasmista.
El autor de las pinturas, ya
en el final del siglo XVI, fue con seguridad Rómulo Cincinato, como hemos
dicho. Seguramente colaboraron con él otros pintores, pues hay cosas de
distinta mano, e incluso algunas figuras y escenas quedaron a medio
terminar.
La capilla tuvo un retablo
en su muro de levante, del que no queda resto ni descripción alguna.
Fueron sus patrones los sobrinos del doctor Lucena: la familia Núñez, de
conocidos médicos arriacenses, durante los siglos XVI y XVII, y
posteriormente la familia de los Urbina. Tras la demolición de la iglesia
aneja de San Miguel, se guardaron en su interior algunas estatuas, escudos
y restos de yeserías mudéjares de la capilla de los Orozco de la
también derruida iglesia de San Gil, pero el tiempo y los hombres se
encargaron de destruirlo todo. Hoy por hoy, y mientras la voluntad y el
interés de las autoridades políticas de quienes depende este edificio no
cambie sustancialmente, es imposible acceder a contemplar su interior.
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