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El Proyecto Lucena abre un camino de interacción cultural a todos los escritores de habla hispana que deseen publicar su obra, darse a conocer, iniciar su andadura o consumar una obra consolidada. Un camino por recorrer con múltiples posibilidades.

Creación literaria, poesía, historia, pensamiento, diseño, técnica, relatos, etc. Siempre dentro de las normas que el proyecto marca en orden a la temática relativa a la provincia de Guadalajara (España) y al respeto que se debe, en una sociedad libre y plural, a las ideas de los demás, y al buen gusto.


El Humanista alcarreño Luis de Lucena

CONFERENCIA SOBRE "EL HUMANISTA ALCARREÑO LUIS DE LUCENA" DENTRO DEL AULA DE HUMANIDADES DE LA CASA REGIONAL DE CASTILLA LA MANCHA, DE MADRID, A CARGO DE PABLO HERCE MONTIEL, DIRECTOR DEL AULA. (Martes, 30 de Enero de 2001).

Sra. Presidenta, queridos consocios, señoras y señores:

INTRODUCCIÓN

Guadalajara está de enhorabuena, pues ha redescubierto a uno de sus hijos más preclaros del pasado, el doctor LUIS DE LUCENA, insigne humanista del siglo XVI que vio la luz en la capital alcarreña y alcanzó notoriedad internacional tras sus estancias en Francia y en Italia. Y no sólo ha sido devuelto ahora a la órbita de la actualidad, después de que lo estudiaran en su día eruditos regionales de la talla de D. JUAN CATALINA GARCIA y D. FRANCISCO LAYNA SERRANO, sino que se ha hecho con nuevas investigaciones y, lo que es más difícil en un hombre del lejano Renacimiento, con un tono de popularidad y con un aire moderno que lo acerca a nuestra sensibilidad. A partir de este momento, pues, LUCENA ya no volverá a ser un enigma del pasado, una figura imprecisa y etérea, sino alguien muy próximo y actual: un personaje, en fin, imprescindible en el Parnaso de grandes celebridades de Arriaca con el que hay que contar.

Este prodigio se ha debido por fortuna a dos personalidades de nuestras letras que se hallan también muy cerca de esta Casa y que colaboran frecuentemente con ella: el doctor D. ANTONIO HERRERA CASADO, cronista provincial de Guadalajara, investigador, escritor y editor, quien me ha manifestado su pesar de no estar presente en este acto por coincidir con un viaje a Zaragoza, y el poeta, novelista, escritor de Turismo y tantas cosas más, el amiqo, en fin, ALFREDO VILLAVERDE GIL.

El primero ha puesto al día las investigaciones sobre LUCENA y su iglesia alcarreña de Santa María de los Angeles (un tema que siempre le apasionó), y el segundo se ha basado en ellas y en su propia labor de búsqueda del personaje, y lo ha colocado como figura central en su novela histórica "EL MANUSCRITO DE LUCENA", que el Ayuntamiento de Guadalajara dio a las prensas el año pasado como primer número de una nueva colección, "Letras de Guadalajara", encomendada a Ediciones AACHE, acontecimiento editorial del que dimos cuenta a nuestros consocios y amigos en la revista "BESANA" de la Casa, correspondiente al verano del año 2000. En dicho volumen de Villaverde no solo figura el texto literario, histórico e imaginario a la vez, en sabia conjunción, sino que éste aparece precedido por un enjundioso estudio del Dr. HERRERA que lleva el significativo título de "LUIS DE LUCENA, UN MISTERIO SIN RESOLVER".

A dicho acontecimiento editorial me voy a referir concretamente en el presente acto, para darle en nuestro ámbito regional todo el relieve que merece; y además, me permitiré añadir alguna aportación propia, producto de personales investigaciones y de viejas lecturas, no con ánimo de resolver esos misterios que todavía subsisten en torno a la atractiva figura de LUIS DE LUCENA, sino para aclarar una curiosa circunstancia que se da en este personaje y en la que nadie ha reparado hasta ahora, que yo sepa.

Con este pequeño secreto va a dar comienzo la primera parte de mi exposición, ya que están ustedes tan atentos como intrigados.

 

PRIMERA PARTE

En fin, para decirlo de una vez, voy a revelar a ustedes que en la historia de nuestra cultura no hay un LUIS DE LUCENA sino dos. Ambos son casi de la misma época - siglos XV y XVI -, los dos eran de sangre judía (si esta tontería de la sangre tiene algún sentido), los dos escribieron obras, los dos fueron insignes humanistas y viajeros por Europa, y los dos se movieron en torno a grandes personajes del poder.

Hasta tal punto las coincidencias entre los dos Lucenas son grandes y curiosas, que algun santón de nuestra Historia de la Literatura ha caído en la tentación de confundirlos en uno solo. Pero no es así, como enseguida veremos, sino que se trata sencillamente de eso, coincidencias. Es verdad que los une el mismo nombre, pero las diferencias se imponen en cuanto se profundiza un poco en el estudio de sus obras y de sus caracteres. Es lo que voy a hacer aquí a continuación, dedicando esta primera parte a LUIS DE LUCENA nº 1, y la segunda a LUIS DE LUCENA nº 2.

Brevemente, porque el Lucena que actualmente nos interesa es el segundo, diremos que LUIS DE LUCENA nº 1, llamado también en algunas ediciones de sus obras LUIS RAMIREZ DE LUCENA, nació en un año desconocido del reinado de los Reyes Católicos, o sea, en pleno siglo XV. Sabemos quién fue su padre, porque lo declara él mismo al confesar ser "hijo del muy sapientísimo doctor y reverendo protonotario Don Juan Ramírez de Lucena, embajador y del Consejo de los Reyes, nuestros Señores". En cuanto a su formación y estudios, también él declara por sí mismo que "estudió en la preclarísima Universidad de la muy noble ciudad de Salamanca". Algunos estudiosos lo hacen pariente de JUAN DE LUCENA, otro judío converso y sacerdote, notable en nuestras bellas letras por su obra "Tratado de vida beata", que gozó de gran predicamento en la corte, así como en Roma, pero no hay pruebas documentales de semejante parentesco.

Lo que sí es cierto es que LUIS DE LUCENA nº 1 tiene en su haber, publicadas y perfectamente reconocidas, dos obras literarias de muy diferente carácter y estilo. Una de ellas es la "Repetición de amores", especie de discurso didáctico que tiende a demostrar lo perversas que son algunas mujeres - la mayoría, puesto que las buenas son excepción -, lo que inscribe esta obra en la corriente antifeminista que caracteriza a su época, en la cual los escritores adoptaron dos posturas contrarias entre sí en relación con las féminas, unos a favor y otros en contra. Nuestro autor es, pues, un misógino declarado. Veámoslo en esta frase que extraigo de la "Repetición": "Es otrosí la mujer principio de pecado, arma del diablo, expulsión del Paraíso, vivero de delitos, transqresión de la Ley, doctrina de perdición, amiga de discordia, confusión del hombre, pena que desechar no se puede, mal de todos deseado, pelea que nunca cesa, puerta de la muerte y camino para el fuego, porque ella ciega el sentido y aparta el pensamiento de Dios, haciéndonos inconstantes y caer de cabeza, y por quien somos de Dios aborrecidos y a este siglo aficionados y del Cielo enajenados".

Se desconoce la fecha de la primera impresión de este libelo, aunque hay edición antigua que lo empareja con la otra obra de LUCENA que se conoce: un "Tratado de ajedrez", dedicado al príncipe Don Juan, hijo y heredero de Don Fernando y Doña Isabel, que murió jovencísimo en 1497, a poco de casarse, como decía Miranda Podadera, "devorado por férvida llama de amor". La impresión original debió de ser de hacia 1495.

No se tiene noticia - al menos, hasta ahora - de más obras debidas a la pluma de LUIS RAMIREZ DE LUCENA, pero con las citadas se ha ganado un puesto en la Historia de nuestra Literatura y entre las Autoridades del idioma. Se ignora asimismo la fecha de su muerte, y su condición de judío no tiene más fundamento que el apellido, pues todos los Lucenas lo eran presumiblemente por ser sus progenitores oriundos de la hermosa ciudad cordobesa de este nombre, conocida durante siglos por "el pueblo de los judíos".

Una vez revelado el pequeño misterio de la duplicidad de los dos Lucenas y declarado lo que se sabe del primero y más antiguo de ellos - razón ésta por la que lo he estudiado en primer lugar

, podemos pasar a considerar con más detenimiento la personalidad de LUIS DE LUCENA nº 2, el humanista alcarreño que da motivo a esta conferencia, y al que dedicaré la segunda parte de mi exposición.

SEGUNDA PARTE

Siguiendo la línea investigadora que va de D. Juan Catalina y D. Francisco Layna a D. Antonio Herrera y a D. Alfredo Villaverde, llegamos al LUIS DE LUCENA nº 2, el que como humanista consPicuo reclama la atención de nuestra Aula de

Humanidades para hacer una semblanza de su compleja personalidad y una referencia imprescindible a la parte de su obra que nos ha quedado. Vamos a ello.

La fecha exacta de nacimiento de nuestro personaje no es conocida, salvo el año, que se cifra en el de 1491. Su patria, ya se ha dicho muchas veces, fue Guadalajara. La familia, la constituída por un ciudadano de Torrejón de Alcolea, presumiblemente terrateniente, apellidado Núñez, y por una dama de familia hebrea conversa, por nombre Da Guiomar de Lucena, probablemente oriunda de la ciudad cordobesa homónima. LUIS DE LUCENA, que, como se ve, tomó el apellido de la madre en lugar del del padre - cosa permitida y muy frecuente en tiempos pasados - jamás mencionó a su padre en ningún documento, ni siquiera en su testamento, al que más tarde me referiré con algún detalle, lo que ha hecho pensar a más de un estudioso que quizás no fuera hijo biológico del desconocido caballero, sino habido por Da Guiomar fuera o antes del matrimonio. Es posible, pero no lo sabemos con certeza. Lo cierto es que los hermanos y hermanas de Luis llevaron todos el apellido Núñez, siendo nuestro humanista la única excepción.

Del hogar paterno y materno de los NUÑEZ-LUCENA no hay ni rastro por las viejas historias y, por tanto, carecemos de datos sobre la infancia de Luis. Unicamente sabemos que el joven hizo estudios en Alcalá de Henares y que se graduó en Artes, o sea que recibió el primer grado académico o bachiller. Luego pasó a Salamanca y allí se hizo sacerdote, pues en su testamento afirmará años más tarde ser "clérigo" y Layna afirma que fue cura de Torrejón. Lucena debió de iniciar o al menos de terminar la carrera de Medicina fuera de España, concretamente en Montpellier (Francia), donde se graduó brillantemente.

Con su título de galeno en el bolsillo e impuesto en el idioma y la cultura franceses pasó a ejercer la profesión médica en otra ciudad del Sur, Toulouse. Allí debió de tener ocasión de tratar a enfermos aquejados de alguna epidemia de peste - uno de los grandes azotes de aquellos tiempos -, porque llegó a hacerse una autoridad en la materia, lo que lo animó a escribir y editar en 1523 su obra "De tuenda praesetim a peste...", un breve tratado médico contra la prevención y curación de la terrible enfermedad, que constituye su único libro publicado. Esta obra fue, según

parece, muy celebrada por los contemporáneos de Luis de Lucena, y todavía en el siglo XIX se la menciona por Dechambre en su "Diccionario enciclopédico de ciencia médica" (1876), pero no he podido localizarla "de visu". D. Juan Catalina da cuenta de que en sus tiempos existía un ejemplar en la Biblioteca de la Universidad Central, así como de una carta, también en latín, escrita por Lucena desde Italia a su amigo el también humanista Juan Ginés de Sepúlveda.

De Francia pasó LUCENA a España en 1525 y tras una breve estancia en su tierra natal fue a Italia, recalando en Roma, donde se dedicó no sólo a ejercer la medicina sino a una de sus aficiones favoritas: la de coleccionar y estudiar piedras y restos de la Antigüedad, en la que llegó a hacerse un prestigio reconocido, así como en Arquitectura. En la Ciudad Eterna le tocó vivir uno de los momentos más delicados en las relaciones de España con la Santa Sede. Me refiero a la guerra de Carlos V contra los Estados Pontificios y al saqueo de Roma por las tropas imperiales al mando del condestable Borbón, acaecido el año 1527. El Pontífice, Clemente VII, quedó confinado tras la derrota de sus ejércitos en la fortaleza de Sant Angelo, y allí parece ser que lo visitó LUCENA como médico, quedando adscrito al equipo de galenos que cuidaba de la quebrantada salud del Papa. El Sr. Catalina García no sólo lo califica de "médico del Papa", sino también de "penitenciario del Pontífice", lo que es bastante más.

En fin, pasadas las vicisitudes de aquellos años de zozobras y malentendidos políticos, y dueño Don Luis de una posición holgada gracias a su trabajo, regresó a España y vivió algún tiempo en su Guadalajara natal. Fue probablemente en esta estancia, que podemos situar hacia el año 1530, cuando LUCENA concibió el proyecto de construir una iglesita que en su día sirviera para acoger sus restos mortales, pues nuestro humanista aspiraba a dormir el sueño eterno en la ciudad que lo vio nacer. Él mismo se supone que diseñó la construcción, que no pasó de ser una capilla de dos plantas adosada a la parroquia de San Miguel del Monte, pero que con el tiempo (año de 1540) habría de convertirse en una rareza y en una auténtica y originalísima joya arquitectónica. De ella hablaremos más tarde.

Esta nueva estancia de Don Luis en la modesta Arriaca no fue muy larga. Parece que en ella se relacionó - como hiciera antes en Italia - con grupos heterodoxos de inspiración erasmista e incluso que tuvo contactos amistosos con las figuras principales de los "alumbrados", pero no hay documentación (ni procesos inquisitoriales, ni cartas, ni referencias de herejes conspicuos), que avalen suficientemente esta suposición. Si LUCENA fue hereje, lo que nunca ha sido demostrado, supo nadar y guardar bien la ropa para no verse envuelto en ningún proceso ni persecución que lo molestara lo más mínimo. Además, al enrarecerse la situación en Castilla por las actuaciones de la Inquisición contra los alumbrados y otros seguidores de Erasmo de Rotterdam, se volvió a Italia, que es donde paradójicamente había más heterodoxos - muchos de ellos españoles - que en ningún otro lugar y eran menos perseguidos. Posiblemente nuestro personaje añoraba los fastos romanos, el Vaticano con sus cardenales mecenas y sus monseñores artistas, las reuniones con los doctos y los "dilettanti" que caracterizaron el Alto Renacimiento italiano o Manierismo, y allí se trasladó tan pronto como pudo... para no regresar más. Lo cierto es que esta última etapa del alcarreño en Roma es aun hoy no sólo la más asequible y conocida sino la más fructífera en contactos artísticos e intelectuales.

Como bien puede suponerse, la posición alcanzada por LUCENA en el Vaticano, cabe la figura del Pontífice, que siguió siendo Clemente VII hasta 1532, hubo de tener necesariamente favorables repercusiones en su existencia mundana entre los próceres y dignatarios de la Ciudad Eterna. Se sabe a ciencia cierta que Don Luis era miembro apreciadísimo de la selecta Academia que fundó y mantenía el cardenal Colonna, donde se discutía de ciencias y de artes, y en la que figuraban como miembros los mejores arquitectos, escultores y pintores del momento, por no hablar de los poetas y escritores, que siempre han sido numerosísimos en este tipo de cenáculos de alta cultura.

También es lo más probable que en aquellos medios volviera a relacionarse con grupos y personalidades erasmistas, como ya lo hiciera antes en Guadalajara y en Alcalá. Ya se ha dicho más arriba que Italia era un gigantesco avispero de heterodoxos, herejes y librepensadores que aspiraban a una Reforma de la Iglesia desde adentro. Muchos de ellos eran huidos de España, como el conquense Juan de Valdés (en Italia llamado Giovanni Valdesio, fallecido en 1531), Juan Páez de Castro, también alcarreño, y otros que harían la lista interminable. Junto a ellos, personajes inquietos y de gran fuste religioso e intelectual como el franciscano Bernandino Ochino, llamado "el Predicador", quien debió de ejercer alguna influencia sobre LUCENA, pues éste era tan devoto de María en su advocación de Nuestra Señora de los Angeles, patrona de la Orden franciscana, que la eligió como titular de su capilla de Guadalajara, la cual no pasa de ser una "Porciúncula" de lujo.

Y en esta Roma tan agitada y a la vez tan esclarecida le llegó a nuestro docto personaje la edad que consideró adecuada para dictar su testamento, lo que hizo el año de 1551. Este documento, copia del cual figura en la Delegación de Hacienda de Guadalajara, realizada más tarde, en 1703, y con muchos errores, es inapreciable, aunque haya llegado a hasta nuestros días incompleto, por lo que lo estudiaremos en la Tercera Parte de esta conferencia. Poco después, el año 1552, fallecía LUCENA a los sesenta y un años, siendo sepultado temporalmente, según su deseo, en el atrio de Nuestra Señora del Pópolo, grandioso templo (también mariano) en la plaza romana del mismo nombre.

Según Layna Serrano, uno de los hermanos de Don Luis, el canónigo Don Antonio Núñez, quien parece haber tenido más trato con el humanista y doctor, se encargó de cumplir la voluntad expresada por su hermano, trasladando su cuerpo a Guadalajara y dándole definitiva sepultura en la iglesita ya terminada, procediendo asimismo a costear su decoración interior y haciendo elevar un mausoleo con estatua del legatario, al que más tarde se añadiría otro más modesto para albergar su propio cuerpo. No hemos podido verificar este extremo - que Herrera no recoge ni menciona para nada -, y bien pudiera tratarse de monumentos funerarios para honrar la memoria del fundador y de su legado, pero sin restos dentro, salvo, quizás, en el caso de D. Antonio Núñez de Lucena.

TERCERA PARTE

Para terminar esta disertación y como parte tercera de la misma correspondería hablar de la obra que la posteridad ha recibido de LUIS DE LUCENA. Bien me gustaría hacer una amplia exposición en este sentido, por lo importante y por lo numerosa, pero desgraciadamente no está en mi mano porque la mayor parte de dicha obra está fuera de mi alcance.

El libro capital del humanista alcarreño, el "Tratado contra la peste", escrito en latín y publicado en Toulouse en 1523, ya se ha dicho que está - o estaba - en la Biblioteca de la Universidad Central de Madrid. Sería cuestión de que alguien más calificado lo pidiera y comprobara su presencia o su ausencia.

De los apuntes que dejó LUCENA manuscritos sobre ruinas y piedras de la Antigüedad puedo recoger aquí lo que dice Catalina García: que una copia de este cuaderno, realizada en el siglo XVIII con base en el manuscrito vaticano nº 6039, folio 436, se halla en la Academia de la Historia, donde fue entregada por el erudito D. Francisco Cerdá y Rico hacia 1800. No he podido verlo.

A falta, pues, de los escasos - aunque sin duda importantes libros de LUIS DE LUCENA, nos queda una única reliquia en el campo de la arquitectura: queda su iglesita o capilla de Guadalajara, muy maltratada por unos, muy amorosamente restaurada por otros, que ha sobrevivido a toda clase de avatares y hoy se nos ofrece en el centro de la capital alcarreña como testimonio de una existencia y un propósito que se resisten a hundirse en el olvido. De ella voy a hablar a continuación.

Hasta el año 1831 la capilla de Nuestra Señora de los Angeles estuvo adosada a la vieja parroquia de San Miguel, que en el año citado hubo de ser demolida porque se caía de vieja. Por verdadero milagro la capilla no corrió la misma suerte, sino que quedó sola y exenta, expuesta a los cuatro vientos o, lo que suele ser peor, a lo que los hombres quisieran hacer de ella. Como era de temer, los hombres hicieron allí de todo: unos la despojaron de los sepulcros, otros de las puertas, bastantes más la utilizaron como leñera, como cuadra, como refugio de pordioseros y como evacuatorio público.

Ya en nuestro siglo y hacia 1914, al querer derribarla, surgió una reacción favorable a la preservación del monumento por parte de los munícipes y de algunas familias próceres de Guadalajara, especialmente los Figueroa, (el conde de Romanones, siendo primer ministro, hizo que declararan la capilla monumento nacional) y aprovecharon las repetidas estancias en la ciudad de un notable arquitecto burgalés, miembro de las Academia de Bellas Artes y experto en restauraciones, D. Ricardo Velázquez Bosco, para encargarle la rehabilitación de la parte arquitectónica.

El Sr. Velázquez Bosco, cuyas obras en Madrid abundan y brillan por su excelente factura y su gusto ecléctico, desde los palacios de exposiciones del parque del Retiro hasta el ministerio de Fomento o la escuela de ingenieros de Minas, entre otras, había sido contratado años atrás en la capital alcarreña por la duquesa de Sevillano, Da María Diega Desmaissieres y Sevillano, más conocida en la ciudad por condesa de la Vega del Pozo, para que proyectara y diseñara el conjunto de edificios que dicha señora ha dejado en Guadalajara y sus alrededores (aunque también levantara otros en Madrid), empezando por su propio panteón familiar, que es una de las maravillas del Arte del siglo XIX y que se alza a los cielos sobre tejados y árboles en el parque de San Roque, y terminando por el complejo agrícola de Miraflores, en la carretera de Cuenca. (Véase mi libro "La duquesa de Sevillano y su obra social", editado conjuntamente por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Guadalajara en 1999, y que salió pulcramente impreso de las prensas de AACHE).

La restauración se hizo, pues, y aunque a algunos les satisfizo y a otros menos, pues no hay remodelación sin controversia, ahí está en pie y con toda dignidad la capilla de Urbina o de Lucena, como indistintamente se la denomina hoy en día. Descripciones de la misma, tanto de su exterior como del interior, las hay debidas a Don Francisco Layna, al Doctor Herrera Casado y al arquitecto y profesor Miguel Angel Baldellou, quien ha estudiado con gran competencia la obra de Velázquez Bosco, publicando un hermoso libro muy ilustrado sobre ella. Gracias a estos autores y a la perfección de la fotografía monumental en nuestros días podemos admirar desde cualquier punto de España lo que queda en la pequeña iglesia de los frescos de Rómulo Cincinato o los muchos detalles interesantes de esta obra impar que recoge la tradición mudéjar del ladrillo y anticipa la renacentista-manierista en una conjunción sumamente atractiva y de la que no conocemos otro ejemplo tan logrado.

Y para concluir voy a referirme a la Biblioteca de Lucena. Fue deseo expresado por Don Luis en su testamento que, en el piso superior de la capilla de Nuestra Señora de los Angeles, se instalara una "librería" donde habrían de recogerse sus propios libros y aumentarse con la adquisición de otros dedicados a las Humanidades. Para ello dejó instituido un patronato dotado con medios suficientes, procedentes de su fortuna particular, encomendando la dirección del mismo a su hermano Don Antonio. De este modo nació - al menos, en la intención - la primera biblioteca pública de España, aunque desgraciadamente no se logró en la práctica pues, al morir el canónigo Núñez, pasó la gestión de patronato y capilla a la familia de López de Urbina, en la que hubo de todo, bueno al principio y muy malo al final, pues los últimos representantes de esta rama dejaron recinto y librería prácticamente desmantelados.

Hoy en día, utilizando los medios modernos, la Editorial AACHE del doctor Herrera ha creado con su PROYECTO DE BIBLIOTECA VIRTUAL LUCENA una institución dedicada a la memoria de nuestro humanista del Renacimiento con dos vertientes principales, a saber: la colección de libros sobre clásicos alcarreños y la biblioteca virtual, ésta completamente abierta a los escritores e investigadores de Castilla - La Mancha, a la que voy a tener mucho gusto en remitir el texto de la presente conferencia, que en estos momentos da fin, agradeciendo a ustedes su atención y su interés. Muchas qracias.

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